Un empleo cada vez más vulnerable exige más protagonismo



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Está cerca de convertirse en la principal preocupación de los costarricenses. En las últimas tres mediciones de la encuesta de Unimer para La Nación, el empleo subió seis puntos porcentuales, pasando de 15% en abril a 21% en octubre. En ese período, la seguridad bajó cinco puntos, de 30% a 25%.

Tiene sentido cuando los niveles de desempleo en el país son históricos, rozando el 8% en la Encuesta de Hogares del 2011 y superando el 10% en la Encuesta Continua de Empleo, en el II trimestre del 2012. Por si fuera poco, esa última encuesta reveló que uno de cada diez costarricenses en planilla anda buscando otra opción, lo que arroja un gran total de que un 20% de la fuerza laboral del país busca trabajo: uno de cada cinco con capacidad para laborar.

El problema se complica si se toma en cuenta los dos mundos laborales que conviven en Costa Rica: al mismo tiempo que el desempleo alcanza niveles record, hay un déficit de miles de puestos en empresas que requieren mano de obra calificada (que hable inglés, con conocimientos matemáticos y de informática), como reportó EF desde el 2011. En uno faltan puestos; en otro, trabajadores.

Y por si fuera poco, el decimoctavo informe del Estado de la Nación retrató un mercado de trabajo donde hay incumplimientos: uno de cada cinco ocupados no recibe aguinaldo, tres de cada diez no disfrutan de vacaciones pagadas ni tienen cobertura por enfermedad. Apenas poco más de la mitad (53%) disfruta del pago de horas extras.

El empleo de calidad en Costa Rica se debilita. En estas condiciones, cualquier estabilidad es precaria y no es de extrañar que las brechas sociales se incrementen, en lugar de reducirse. Y no se trata de un fenómeno limitado a Costa Rica: desde 1995, el norteamericano Jeremy Rifkin alertó en su ensayo "El fin del trabajo" sobre los cambios que la estructura productiva genera sobre el mundo laboral, generando un desempleo estructural en aumento. Si la economía no es lo que era antes, tampoco lo puede ser el empleo.

Hay que adaptarse a las nuevas realidades, hay mucho por hacer. Existe legislación, pero hay que mejorar su cumplimiento, y pensar con cabeza fría -y ojalá, acuerdos consensuados- las inevitables reformas, algunas huérfanas de voluntad política desde hace años, como la modernización del empleo público. Atención, que aquí hay terreno minado para unos y otros, con temas que van desde la flexibilización de las jornadas, al fuero sindical. Esto demandará revisar estos ajustes con cuidado y responsabilidad, para no exponer el trabajo de años a vetos de última hora, como ocurrió con la reforma procesal laboral. Se debe analizar y replantear la educación para el trabajo (no se trata de que la instrucción sea únicamente en función del mercado laboral, pero tampoco se puede desvincular la academia del ejercicio profesional). Se debe pensar en una política pública de empleo, esa que se anuncia desde el 2003 pero no termina de concretarse, al grado que en el 2010 la Contraloría alertó de la fragmentación en esta materia, con decisiones aisladas.

En síntesis, un empleo cada vez más vulnerable requiere de una acción enérgica, porque es una preocupación al alza para los costarricenses. Es seguro que será protagonista creciente en los siguientes meses, por lo que hay que prepararse para transformaciones de fondo.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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