La recta final de la campaña más volátil de Costa Rica


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Queda menos de un mes para una campaña absolutamente inédita, que rompió esquemas y se perfila como la más volátil y explosiva en la historia de Costa Rica, en la que a un mes de la cita con las urnas, no hay nada definido, todavía con cinco aspirantes tras la silla presidencial.

Desde que el TSE arbitra los comicios en el país, nunca se ha tenido un panorama tan incierto. De 1953 a 1998, lo usual fue que dos partidos concentraran el 90% de los votos, con lo que la campaña era una carrera restringida casi desde el inicio. Las excepciones fueron escasas, en 1962 los dos candidatos principales representaron el 85% y  en 1974 el 73%.

El quiebre del bipartidismo en 1994 se reflejó en el 2002, con la irrupción del PAC en la contienda electoral, cambió un poco esta tendencia. Del 2002 al 2010, se requirieron tres candidatos para acaparar el 90% de los votos. Con todo, todavía el panorama era relativamente predecible. La carrera electoral era un evento con invitación limitada.

El contexto ha sido muy diferente en estas elecciones del 2014, que a dos meses de las elecciones repartían un 60% de los electores definidos en cinco aspirantes. Un tercio de los votantes todavía se declaraba indeciso, mientras otro tercio se inclinaba por la abstención, según la encuesta de Unimer para La Nación, divulgada en diciembre. Y si ya en las dos elecciones anteriores se tuvo el fenómeno de votantes que declinan hasta la recta final, es la primera vez que tienen tantas alternativas, y que el panorama se vuelve tan impredecible.

Enero debe ser, pues, el mes de la definición. Un sprint de cinco corredores con posibilidades, totalmente inédito en la historia electoral del país, que podría tener que prolongarse a una segunda ronda electoral. Pero no son los únicos elementos en los que esta contienda, desde ahora, rompió con tendencias y tradiciones.

Es la primera vez que un candidato de izquierda tiene opción real de llegar al Zapote. El candidato del Frente Amplio, José María Villalta, se encuentra en una posición que pocos hubieran anticipado. Pueblo Unido, como coalición de izquierda, logró 3,3% de los votos presidenciales en 1982, el mejor desempeño de una agrupación socialista en cinco campañas. Fuerza Democrática, en cuatro participaciones, sacó 3% en 1998. El Frente Amplio, en su anterior incursión presidencial, apenas arañó un 0,35%. Otras nueve agrupaciones con filiación socialista apenas sacaron entre 2,3% y 0,07%. La posición actual del Frente Amplio en las encuestas obliga a repensar el acomodo del espectro costarricense, en el que la izquierda apenas tenía participación marginal.

Sin embargo, tampoco se debe sobredimensionar el registro de Villalta. Es muy probable que mucho de su apoyo no sea de militancia de izquierda, o villaltalovers confesos, sino de votantes que quieren un cambio vigoroso y se identifican con el diputado del Frente por considerarlo la opción con más posibilidades del momento. Así como el PAC vivió en las últimas tres elecciones de una renta con votos prestados, que al final no se tradujeron en militancia rojiamarilla, como lo está corroborando en esta campaña. El comportamiento de este voto nómada es cada vez más relevante, pero ojo, que es tremendamente volátil.

A esto se agrega una dilución de los partidos políticos. Ya se habían presentado síntomas con los dirigentes que pasaban de unas filas a otras sin problemas, lo que sugería que los temas ideológicos no eran tan relevantes. Sin embargo, ahora se está permeando esto a las bases, a los votantes. Por eso para los electores no es un shock pasar de apoyar a Otto Guevara, a José María Villalta, o viceversa. Antes era poco probable, ahora es más probable, porque lo significativo es la personalidad de los candidatos, antes que los partidos.

Otro elemento inédito. Podríamos estar ante la primera ocasión en que un partido hile tres gobiernos consecutivos, en caso de que el PLN se imponga. El mismo PLN tuvo esa oportunidad en 1978 y en 1990, y el PUSC la tuvo en el 2010, luego de dos administraciones, pero no lograron el esquivo tercer período. Ahora Johnny Araya tiene una nueva posibilidad, pero para ello deberá sobreponerse a la mayor caída en las encuestas electorales de Costa Rica.

Y por supuesto, no podemos negar la irrupción de las redes sociales. Aunque todavía estará en veremos qué tanto pueden influir en la definición del proceso y acaso terminen más por reforzar decisiones antes que gestarlas o variarlas, es innegable que la forma de hacer y vivir la política en el país está cambiando. De las plazas públicas se pasó a los medios de comunicación, y ahora podemos estar ante un nuevo territorio, en el que se transforma la manera de recibir y "masticar" la información política.

En síntesis, en enero se vendrán grandes definiciones en un panorama totalmente desconocido en el ámbito electoral tico. Es una sentencia que el calendario obligará a emitir. Ante un proceso más volátil, menos predecible, en el que se mezclan viejas y nuevas tendencias, las urnas dictarán en febrero un veredicto inédito, que deberá cocinarse en este enero explosivo.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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