Las heridas internas desangran a los partidos en esta elección


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Un partido político rara vez es monolítico; siempre existen disensos en su interior, que se deben postergar o disimular en época electoral: ante el desafío de que otras organizaciones los superen en la contienda por el poder, los integrantes de una agrupación suelen minimizar sus diferencias para enfocarse en los adversarios externos, antes que los internos. Sin embargo, la absolutamente inusual campaña del 2014 también está rompiendo con esta estrategia.

El PAC, el Frente Amplio, el Movimiento Libertario, el PUSC y el PLN, los cinco que están al frente en las encuestas, y otros fuera de los grandes reflectores como el PASE y Patria Nueva, están teniendo que encontrar estrategias para poder avanzar sin activar las minas que desde sus propias filas se sembraron o dejaron en el camino. Esto les genera un desgaste adicional, además de aumentar la sensación de incertidumbre en el panorama.

En un post anterior mencionamos lo contradictorio que resulta que un candidato a diputado de un partido se convierta en su enemigo. El caso de Jorge Arguedas, con el Frente Amplio, debilitó al candidato presidencial José María Villalta, como ocurrió con el candidato de Patria Nueva, José Miguel Corrales, con el aspirante Alvaro Montero. La situación también se presentó en el PAC, donde Víctor Morales pasó de ser uno de los colaboradores de Luis Guillermo Solís, al punto que este fue quien lo nominó para la papeleta legislativa, y se convirtió en una piedra en el zapato del candidato, y la señal de que la fracción del PAC camina hacia su cuarta escisión diputadil consecutiva, antes de siquiera llegar a Cuesta de Moras.

El Movimiento Libertario también presentó problemas para mantener la cohesion en sus filas, desde que en mayo pasado su fracción legislativa se desgranó en el Congreso, proceso que siguió con la salida de diputados como Carlos Góngora, Manuel Herández y Enrique Chavarría, y el distanciamiento de Patricia Pérez. Situación que también agrietó al PASE, que perdió la totalidad de su bancada, tras el conflicto con el candidato presidencial Óscar López, cuyo objetivo es más bien la curul.

A su vez, el Libertario enfrenta una fuerte crítica de dirigentes como Federico Malavassi y Raúl Costales, que le acusaron de abandonar sus principios originales, para tratar de buscar simpatizantes. Una situación que en forma más callada enfrenta, a su vez, Villalta en la acera ideológica opuesta. Al matizar su discurso de izquierda para no ahuyentar a los indecisos y procurar atraerlos a sus filas, cosecha malestar entre su base original de apoyo, y la debilita.

En el PLN también hay señales. El intento del partido de unificar al partido para enfrentar la oposición enfrenta dificultades como la participación marginal del expresidente José María Figueres, y la negativa del expresidente Óscar Arias a integrarse a la campaña del exalcalde de San José. Y por si fuera poco, en los debates, el candidato liberacionista Johnny Araya, en un esfuerzo por desmarcarse del gobierno de Laura Chinchilla y la noción de que representaría doce años del mismo partido en el poder, responde a varias preguntas criticando al PLN con vigor. Complicada estrategia para tratar de apelar al orgullo liberacionista, golpeando al liberacionismo.

Sin embargo, la más complicada batalla la libra el PUSC. El combate entre el calderonismo de Convergencia y los militantes de Renacer Socialcristiano derivó en auténtica guerra civil. La figura del doctor Rodolfo Hernández le dio aire al PUSC, pero su contienda con los candidatos a diputados lo minó, la salida del equipo económico lo socavó y la renuncia del candidato, en plena recta final de la elección, terminó por desmantelar su credibilidad. Por si fuera poco, al relevo de emergencia de Rodolfo Piza lo "apoyaron" con la migración de dirigentes, particularmente el abandono de la nave del propio fundador del partido, el expresidente Calderón, a menos de un mes de la elección.

¿Qué nos dice esto? mas allá de la anécdota electoral, de rencillas que dificultan a los electores darle confianza a los partidos, esto revela aspectos estructurales esenciales: la creciente debilidad de los partidos políticos, incapaces de consensuar siquiera hacia su interior. Y esto permite preveer que la próxima Asamblea Legislativa, por la que deben pasar discusiones de asuntos claves como la reforma fiscal, energética y ambiental, enfrentará una doble fragmentación: la de las diferentes fuerzas que alcanzarán fracciones, y la división al interior que tendrán esas fracciones: un PAC, desde el inicio con Morales, si éste resulta electo (mención aparte, el fundador del PAC, Ottón Solís, ha tenido profundas diferencias con autoridades de su propia agrupación. Nada hace suponer que será un diputado diplomático con su propio partido, como lo fue con el PLN cuando militó en él); un Frente con Arguedas; si el exsindicalista llega a la curul; un PUSC en una crisis de identidad y partidos en sus corrientes internas... la negociación política debe resolver la pax interna de los partidos políticos, antes de que sea viable empezar a pensar en buscar los acuerdos nacionales.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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