La misión imposible de Luis Guillermo Solís: no defraudar


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Ningún costarricense ha llegado al poder impulsado por tantos votos como Luis Guillermo Solís, el historiador que reescribió la historia por su meteórico ascenso político. Es un fenómeno de la política criolla, que pasó de tener 0,2% del padrón en la convención interna del PAC, a un 20,4% en las elecciones de febrero, y un 43,4% en abril. Eso mismo ha contribuído a disparar las expectativas de lo que será su gobierno. ¿Así como doblegó los márgenes de la tradición electoral, podrá hacerlo con la tradición gubernamental?

La respuesta es que tiene 1,3 millones de probabilidades de defraudar a alguien que lo haya votado, y muchas más de desencantar a quienes han puesto expectativas, en muchos casos exageradas, sobre su gestión. Prometió cambio a un electorado que clamó por cambio. Empero, no se debe olvidar  que solo tiene cuatro años, 13 diputados y el primer gobierno del PAC para concretar todo, enfrentando un lastre de problemas heredados de administraciones anteriores, como un déficit de 6% del PIB, solo para empezar. En suma, una institucionalidad atrofiada y un sistema político fracturado que piden ajustes profundos a gritos, pero tampoco están dispuestos a permitirlos.

Quienes lo adversaron, esperan que encalle. Los cínicos esperan que defraude. Sería un golpe para los que piden un cambio en la política, para los que piensan que es posible atacar la corrupción, el clientelismo, la movida opaca. Si al final no hay transformaciones visibles, sería una victoria para quienes pregonan el conformismo y el inmovilismo, y por ello cruzarán los dedos y harán lo que este a su alcance, para que Solís desilusione. Y los indiferentes, los abstencionistas, esperan que igual no avance, para justificar así su autismo cívico.

El PLN y la oposición también esperan que Solís tropiece. Un gobierno del PAC que cumpla sus expectativas les dificultaría el retorno al poder y los obligaría a mejorar su oferta. Les mina el discurso de que sus administraciones hicieron lo posible y que el problema no era cuestión de voluntad política, sino de aspectos estructurales. Además, el PLN y el PUSC necesitan con urgencia recuperar su base electoral; un gobierno que tenga problemas les permitiría crecer en la relativa comodidad de la oposición.

En la otra acera, están los que no quieren que el gobierno caiga, sino que confían en que podrá cambiar la forma de hacer política, como ya cambió la de hacer proselitismo. Sin embargo, también en este grupo hay posibilidades elevadas de que haya desencanto.

Los que quieren un cambio y no son afines al PAC, que son la mayoría, serán muy exigentes. Aquí se debe tener claro que de los 1.338.321 votos que recibió Solís en la segunda ronda, la mayoría no fueron por el PAC, sino contra el PLN y la política tradicional. El PAC no ha logrado superar la barrera de un 25% del padrón en ninguna primera ronda, y aun en ella es posible que recibiera mucho "voto prestado"; es decir, ciudadano que no se identifica como seguidor del PAC pero considera que son la mejor opción de las que se presentaron frente a los tradicionales. Es un votante que facilmente puede sentirse incómodo con negociaciones políticas que considera apuntan a "más de lo mismo", y pasar a otra trinchera si siente que no se concreta el cambio.

El PAC y sus seguidores también tienen elevadas especativas: es su primer gobierno, la oportunidad de demostrar que puedan transformar la política. Tienen mucho que demostrar. Si Solís no responde a ese nivel, si no logra dar una buena imagen del PAC, se lo reclamarán. Ahora, los que se identifiquen con el PAC serán más benevolentes en principio, pero en sus filas también hay niveles de ortodoxia que pueden sentirse molestos si no se respeta la esencia PAC original, el PAC "puro", el PAC ottonista. Y de nuevo, el ámbito legislativo tan fracturado obligará a transacciones que difícilmente dejarán a todos satisfechos. La compleja negociación del Promero de mayo evidenció la fácil que será resbalar en este terreno jabonoso.

Asi que el realismo obliga a poner el potencial del gobierno que hoy arranca en perspectiva. Expectativas gigantescas, recursos limitados, sistema enredado. Difícilmente Luis Guillermo Solís no va a defraudar. La clave está en la madurez de los costarricenses, en la madurez del sistema político y en los equilibrios que logre el presidente Solís, para que, pese a todo, se logre trasladar parte del éxito de la campaña a la administración. En pocas palabras, priorizar en que tratará de no defraudar, teniendo claro que, inevitablemente, desencantará a algunos. Así, solo con los pies sobre la tierra, Solís confirmaría su condición de fenómeno político.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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