La insoportable levedad de la firmeza en Zapote


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Un exministro comentaba recientemente que ya no recordaba cuándo bajó alguien sin una sonrisa por la rampa de Casa Presidencial, que lleva a las oficinas de la Presidencia. Esto en principio parece que habla bien de la flexibilidad de Zapote, pero en el fondo lo que refleja es cómo hay poca voluntad para comprarse las peleas que valen la pena.

Hay una tendencia preocupante a cambiar la negociación por las posiciones de fuerza. Podemos citar cómo los motociclistas o los taxistas informales utilizan los bloqueos para ser escuchados y obtener concesiones. Esto es un doble mensaje dañino para el sistema: primero, no se escucha al que no se lanza a las vías de los hechos, y segundo, se cede ante las posiciones de presión para salir pronto del conflicto. Asi, los motociclistas lograron una rebaja al marchamo que se había indicado que era imposible... pero que se resolvió cargando la diferencia a los dueños de automóviles. Tal vez si estos se organizan y hacen bloqueos, lograrán que se rebaje ese monto y se traslade a otros.

La tendencia adquiere matices inverosímiles. En la primera etapa de la Vuelta Ciclística, la competencia tuvo que deternerse por una protesta, que utilizó esa cobertura para llamar la atención y obtener la promesa de que Casa Presidencial los recibiría, lo que por supuesto ocurrió. Nuevamente, no es que Zapote deba ser una fortaleza a la que nadie accede, sino que se recurre al bloqueo antes que al diálogo, y solo se buscan alternativas con la presión de la protesta.

Estamos claros de que el Gobierno no tiene mucho en qué apoyarse. La popularidad de la Presidenta sigue marchitándose, y ella no tenía una estructura de respaldo, de esos movimientos que se construyen en las jornadas políticas. Y la oposición luce fragmentada, por lo que es difícil una negociación profunda. Pero de una u otra manera, luego de la dilución del bipartidismo, este panorama será más o menos el mismo para la política costarricense. Hay que aprender a moverse en él.

Así que ante estas tendencias, no podemos sorprendernos de que no se emprendan reformas casi unánimemente calificadas como necesarias, pero que requerirían comprarse algunos conflictos o negociaciones hábiles. Podemos citar el empleo público, el financiamiento de los partidos políticos, el reglamento de la Asamblea Legislativa, las políticas de urbanismo y organización territorial, el manejo del recurso hídrico, solo para citar casos de temas donde se requieren cambios, pero es más fácil dejar que todo siga fluyendo.

Y quedamos presa de una especie de eterno retrono al mismo ciclo político electoral. Lo urgente no deja tiempo para lo importante, la gran reforma se deja bosquejada para el siguiente gobierno, pero este a su vez la archivará para buscar sus propuestas propias. Y mientras tanto, el sistema se sigue deteriorando, a la espera de los ajustes requeridos. Luego, los grupos que se sienten afectados, proceden a protestar, organizan actividades, y logran algunas concesiones en un Zapote donde la firmeza adquiere, cada vez más, una insoportable levedad.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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