La madurez de nuestra democracia a prueba en el 2014

Es el momento de que la fortaleza de las instituciones democráticas salga a relucir, por encima de los miedos. Que el sistema político costarricense no depende únicamente de la Presidencia, sino de un conjunto de poderes


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Con un ambiente totalmente inédito, en el que no se perfila un claro favorito para las elecciones a solo un mes de la cita con las urnas, Costa Rica podría poner a prueba la madurez de su democracia en este 2014.

Esta democracia costarricense creció forjada de mitos, como que el país tenía una especie de vocación que lo llevaba en forma automática a la senda cívica y que las amenazas pasaron de largo, o que solo la guerra contra los filibusteros de 1856 y la guerra civil de 1948 fueron los momentos críticos. De hecho, el presidente Ricardo Jiménez decía que los ticos son, "por suerte, como las mulas de noche en los malos caminos, que parece que huelen los precipicios. Los va salvando el instinto".

Sin embargo, la realidad es que se enfrentaron varios momentos difíciles. El primer presidente de la República, José María Castro Madriz, fue derrocado, y hubo varios casos en los que los costarricenses debieron dar un paso al frente para defender esta democracia, incluso el mismo 7 de noviembre de 1889, justamente llamado el Día de la Democracia Costarricense, en recuerdo de la jornada, cuando los ticos salieron a las calles a defender el resultado de las elecciones, y cuando el presidente Bernardo Soto dio ejemplo de que un político podía leer los acontecimientos mas allá del corto plazo, para dejar el poder y tranquilizar el ambiente.

Ahora, el ambiente requiere de madurez. Puede tomar el escenario una campaña del miedo: que en lugar del análisis de lo que representan las propuestas, tome el control el temor, a que gane un candidato de izquierda, o un candidato de derecha, o a que gane por tercera vez consecutiva el mismo partido, o simplemente que el proceso se transforme en algo impredecible, sin favoritos y sin certezas.

Es entonces el momento de fortaleza de las instituciones democráticas salga a relucir, por encima de los miedos. Que el sistema político costarricense no depende únicamente de la Presidencia, sino de un conjunto de poderes. Que los electores no son analfabetos, sino ciudadanos cada vez más recelosos de su decisión. Que no se requieren de mayorías aplastantes, sino de una vocación democrática, para construir acuerdos... y fiscalizarlos.

Que es necesario tener claro que si el sistema bipartidista colapsó, el país se debe adaptar al esquema al multipartidismo (algo que pareciera inevitable, gane quien gane en febrero). Esto exige ajustes que no se han dado en el aspecto normativo, principalmente en el reglamento interno de la Asamblea Legislativa, pero también en la cultura política. Mas quie nunca, se requiere de una cultura de diálogo, de negociación y de construcción colectiva.

Esto estará a prueba en el 2014. Personalmente, siento que el país, que la democracia costarricense, tiene el nivel de madurez sufiente para adaptarse a las nuevas condiciones. La gran pregunta es si nosotros, los costarricenses, y especialmente la clase política, tenemos la capacidad de leer, interpretar y actuar en consecuencia con los nuevos tiempos.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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