En árido panorama electoral, oposición luce huérfana y oficialismo sin aire


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El paisaje electoral para el 2014 todavía se muestra árido. Faltan todavía siete meses para la cita con las urnas, por lo que queda tiempo para que florezcan apoyos y votos de confianza, pero la posición recelosa de los ciudadanos con los candidatos registrada en la última encuesta de Unimer para La Nación sugiere que será difícil una cosecha frondosa.

Con el panorama definido en tres de los principales partidos de la anterior contienda (PLN, PUSC y Libertario) y enterrada la posibilidad de que Ottón Solís fuera el candidato del otro partido en la liza (el PAC todavía deberá escoger entre cuatro aspirantes), pareciera que hay poco espacio para sorpresas. Así que hay pocas posibilidades de quel el 34% que se declaran como probables abstencionistas encuentren una oferta electoral que les haga acudir a las urnas. Es decir, el terreno que se recuperó del abstencionismo (pasó del 19% en 1994, a 30% en 1998, 31% en 2002 y 34,8% en 2006, para bajar a 30,9% en 2010), podría volver a perderse. Ronda el fantasma del millón de no votantes.

Johnny Araya puede celebrar que está a la cabeza, con más del doble de ventaja sobre su más cercano seguidor, el doctor Rodolfo Hernández del PUSC. Además, por primera vez desde la medición de enero del 2012, está por encima de quienes no tienen candidato aún. Sin embargo, está en problemas. A pesar de ser ungido como candidato único del PLN, sin convención ni desgaste, su apoyo está estancado. Y con pocas oportunidades para crecer: quienes dicen que nunca votarían por Araya pasaron de 6% en febrero a 18%.

A Araya lo afecta también ser el candidato de un oficialismo que parece avergonzado de la actual gestión de la presidenta Laura Chinchilla, al punto que el partido ha criticado a la mandataria en temas como el manejo de la concesión a San Ramón, el viaje a Perú y la ampliación de la refinería de Recope con China. Algo inusual porque los partidos suelen cerrar filas alrededor de su gobierno, pero en este caso, puede explicarse ante el dato de Unimer, de que la gestión de Chinchilla influye en uno de cada tres electores. Así, el oficialismo pareciera haberse quedado sin oxígeno político cuando la carrera entrará en su etapa más intensa.

A pesar de estas limitaciones del oficialismo, no se perfila en la oposición un retador claro y contundente. Claro, el doctor Rodolfo Hernández tiene elementos para festejar. De ser un desconocido en estas mediciones, se ubica en un segundo lugar, con un 12% de apoyo entre los decididos a votar. Pero su gozo podría ser efímero: hay que preguntarse si eso responde a un respaldo por el candidato, o a la sensación de que es la única alternativa, algo que podría ser insuficiente para ganar. Hernández todavía tiene que superar la imagen de que es el delfín del expresidente Rafael Ángel Calderón, quien lo ungió como candidato para emular a José Joaquín Trejos, en 1966, y al doctor Calderón Guardia. Para lograrlo, deberá mostrarse presidenciable y capaz de unir a la oposición; sin embargo, en este campo fue en la dirección contraria, al proclamar que solo negociaría una coalición, si se partía de él como candidato. Tampoco ayudó que pretendiera un salario de ¢7,5 millones como candidato, y el anuncio de que buscaba colaboradores para que trabajaran en la campaña gratis por el partido.

La gran ayuda para el doctor Hernández, empero, surge del fraccionamiento de las otras aceras. En el tercer lugar, el PAC está en zona de gran preocupación, al punto de que sus preferencias las encabeza todavía un no-candidato, Ottón Solís. Entre los aspirantes inscritos, la exdiputada Epsy Campbell es la mejor ubicada, con un 5%, pero muy cerca del margen de error (3,5%). El PAC puede perder su condición de segunda fuerza, y peligra especialmente en la votación para diputados, donde está registrando apenas un 10% de las intenciones.

Sin embargo, el caso del Libertario es uno de los más críticos. Su líder Otto Guevara incluso fue superado por José María Villalta en la intención de voto, y para diputados empatan con ese partido en un 3%. Las divisiones internas de los rojiblancos, evidentes en el pasado Primero de mayo, podrían pasar alta factura.

Todo este panorama está aderezado por la posibilidad de una campaña electoral con pocos recursos, si no se logra resolver el tema de los bonos de deuda a tiempo. Esto dificultaría el alcance de una campaña que estará en la mira, por los escándalos de financiamiento de los procesos pasados.

Así que en caso de que no caliente la temperatura, podríamos tener un presidente con bajo respaldo. Esto no es un tema menor, ya que recibirá de herencia tener que lidiar con temas como infraestructura (concesión a San Ramón, modernización de puerto en Moín), la ampliación de la refinería, las reformas energéticas, la postergada reforma tributaria... casos en los que los escándalos han minado la posibilidad de maniobra de la actual administración, y que requieren de confianza para relanzarse. Sin embargo, si desde su inicio, el próximo presidente tiene que lidiar con la desconfianza y un escaso respaldo, tendrá un terreno muy estéril para tratar de sembrar y cosechar.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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