El día en que Costa Rica se partió


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El  7 de octubre del 2007 la polarización en Costa Rica alcanzó su máximo nivel. El referendum sobre el Tratado de libre comercio con Estados Unidos (Cafta) virtualmente partió en dos mitades al país. Cinco años después, el conflicto sigue latente, sin resolverse, como a la espera de una excusa para salir a la superficie.

Hace cinco años, 805.658 costarricenses votaron por el Sí al Cafta, un 51,2% de los que acudieron a esa primer consulta. Por el No al Cafta se inclinaron 756.814, un 48,1%. Una diferencia de apenas 48.844 votos, casi partiendo al país en dos mitades. Una, defensora del rol del comercio y la iniciativa individual como factor decisivo para el desarrollo; la otra, ferviente creyente en el Estado social, en contraposición con el mercado.

No fue el resultado más estrecho en las urnas costarricenses de los últimos años. En 1966, tan solo 4.220 separaron a José Joaquín Trejos, de Unificación Nacional, de Daniel Oduber del Partido Liberación Nacional, y en el 2006, Óscar Arias, de Liberación Nacional, apenas obtuvo 18.169 sufragios más que Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana.

Sin embargo, probablemente fue la cotienda que más polarizó al país, luego de que la división generada en la Guerra Civil de 1948 se diluyó con el paso del tiempo. No se trató de un asunto de candidatos, que termina con la elección de uno por cuatro años; fue una escogencia del modelo de desarrollo a seguir, sazonada con otros debates como la apertura de los monopolios del ICE en telefonía celular e internet, y del INS en seguros.

Así, la opinión mayoritaria en favor del Cafta con que arrancó el proceso se vio comprometida luego de que el 1 de octubre del 2003 Robert Zoellick, encargado norteamericano de negociar el tratado, exigiera la inclusión de los servicios de telecomunicaciones y seguros. Así, la contienda tocó fibras íntimas y pasó de un tema comercial a la visión del modelo de desarrollo.  

Fue un debate largo, y en el que se apeló en muchas ocasiones más al miedo que a los argumentos: se perderían miles de empleos si triunfaba el otro bando, quebraría la CCSS y el ICE, se cerrarían las puertas al mercado norteamericano, vendrían días de oscuridad. Y como olvidar el memorando del vicepresidente Kevin Casas, recomendando asustar antes que razonar, que desató un escándalo y obligó al delfín del presidente Óscar Arias a abandonar Casa Presidencial. El precio a pagar por estas campañas fue alto: confusión en el público, desconfianza y pérdida de credibilidad y tolerancia.

Cinco años después, las profecías apocalípticas no se concretaron, pero tampoco las promesas paradisíacas. Claro, vino la crisis mundial del 2009, pero precisamente ello demostró que el mercado no bastaba para conjurar el desarrollo.

El resultado es un país que aprobó un tratado, pero no resolvió el tema del modelo de desarrollo, y en el camino, se comprometió seriamente la confianza entre ambos bandos, producto de apostar tanto al miedo. Ahora, la tarea de reconstrucción de la tolerancia no será sencilla, con una polarización que sigue ahí, esperando excusas para saltar a la superficie.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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