Un fantasma rondará en el 2013: el millón de indecisos


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Como el 2013 será un año electoral, los propósitos de año nuevo para los diferentes protagonistas del entorno costarricense estarán matizados por la competencia en las urnas, que en esta ocasión se resume en una meta simple, pero escurridiza: hay que ganar la confianza de los ciudadanos. Suele ser normal que los potenciales electores se manifiesten indecisos al inicio del proceso. Sin embargo, en la actual coyuntura, hay razones para suponer que esta condición tiene otros elementos que la podrían potenciar y propiciar que se mute en un abstencionismo sin precedentes en la historia del país.

El abstencionismo se disparó luego de que en las elecciones de 1994 mantuvo tres procesos seguidos en el rango del 18%. Pasó a 30% en 1998, a 31% en el 2002 y llegó a 34,8% en el 2006, casi el nivel más alto en los últimos 50 años. Sin embargo, en el 2010 la justa entre Laura Chinchilla, Ottón Solís y Otto Guevara generó el entusiasmo suficiente entre votantes para reducirlo nuevamente a 30,9%.

Empero, la decepción que genera el gobierno de Chinchilla, evidenciada en niveles de popularidad en rojo solo superados en la reciente historia por José María Figueres, hacen que sea una posibilidad el fantasma de que en el 2014 se presente un millón de abstencionistas. En efecto, si el padrón creciera un 11% (el promedio desde 1994 es un poco superior a ese porcentaje), el abstencionismo rondaría los 960 mil en caso de mantenerse en los niveles de la última elección, pero llegaría a márgenes de 1.090.000, en caso de regresar a los patrones del 2006.

Hay elementos que pueden aderezar la receta de la desconfianza. Dos gobiernos consecutivos de PLN y una administración con baja popularidad, con una oposición fragmentada y que de momento no presenta a los candidatos que en el pasado fueron el rostro de los dos principales partidos, el PAC de Ottón Solís y el Movimiento Libertario de Otto Guevara, y un PUSC que todavía no da muestras de recuperar su capital político.

Esto podría dificultar que los actuales indecisos se salgan de ese canasto y den su apoyo a alguna fuerza política. ¿Cuál sería el impacto de esto? El primero y más importante, es la reducción del respaldo para el vencedor en el 2014, sea cual sea. Asi, el fantasma del abstencionismo convocará, casi de inmediato, a los espectros de la ingobernabilidad y el recelo, de la debilidad en Zapote y haría que grupos de presión se sientan con condiciones para desafiar a un Zapote poco afianzado.

El segundo efecto es que facilitará la fragmentación política, lo cual podría tener su mayor vitrina en la Asamblea Legislativa. Dado que el voto presencial suele ser gancho para el legislativo, se propiciarían caudales menores para los partidos grandes. Esto en si no es un problema, ya que los partidos tradicionales han demostrado a su vez poca cohesión, con escisiones en sus filas. Sin embargo, es innegable que el Congreso ha demostrado poca capacidad para adaptarse al multipartidismo, con un reglamento legislativa elaborado casi en forma exclusiva para un bipartidismo cada vez más lejano.

Un tercer elemento que se deslizaría en el panorama es la tentación de buscar un liderazgo para tanto huérfano de las urnas. Si no se logra en el proceso electoral, eso no evitaría que posteriores procesos empiecen a tratar de capitalizar este sector de indecisos. Es un terreno pantanoso, en el que pueden forjarse movimientos populistas, que traten de seducir a los decepcionados. Si, pueden surgir nuevas alternativas, nuevos liderazgos que renueven la oferta política, pero también podrían aparecer la demagogia y las soluciones de fuerza. Desviaciones que nunca funcionan en la democracia, pero pueden potenciarse si crece el descotento institucional.

Por eso, el gran reto para el 2013 se resume en una frase. ¡Gánese la confianza! Vale para partidos, candidatos e incluso, los representantes del Gobierno y la oposición. Que el abstencionismo puede cobrar, en caso contrario, una factura alta.


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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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