Con el regreso del doctor a la candidatura, la seriedad se fue de viaje en el PUSC


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¿Que opinaría de un médico que le dice que no puede seguirlo tratando, porque usted está prácticamente desahuciado? Y luego de diagnosticarlo como irrecuperable, en menos de 48 horas lo llama para decirle que si hay tratamiento. Seguramente algo parecido a lo que sintieron los partidarios del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), con la renuncia a la candidatura del doctor Rodolfo Hernández, y su posterior anuncio de que regresa a su cargo, aunque condicionándolo y dejando al partido con un daño irreparable en su credibilidad.

La situación del PUSC es confusa, de diagnóstico más que reservado. Está convocada una Asamblea para el 12 de octubre que deberá resolver la situación de la papeleta, convocada tras la carta en la que Hernández comunicó su renuncia, "La motivación se fue de viaje". Sin embargo, dos días después, el doctor ponía la reversa. Esto no evitó que renunciara su candidata a la vicepresidencia Mónica Araya, por lo que en el menor de los casos, el doctor debe renovar su fórmula presidencial, y la Asamblea deberá validarlo.

Antes de eso, el PUSC vivirá una semana de incertidumbre. El doctor regresa, pero muy, pero muy exigente. Quiere la salida de la cúpula del partido. Quiere que los expresidentes Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez sean excluidos de la campaña, directa e indirectamente. Y no aclara que pasará si no se producen esas salidas. No da nombres de las severas acusaciones que hizo en su carta de renuncia. El doctor está recetando incertidumbre a manos llenas.

Entretanto, si la motivación se fue de viaje y ya regresó, la que se fue sin visos de regresar es la seriedad de un partido que ya estaba en posición incómoda, con renuncias de integrantes del Tribunal interno de elecciones, del Comité de Estrategia y con deudas con la CCSS. Y ahora, esto. O se va el candidato, o la cúpula. ¿Y si se quedan ambos, cómo coexisten? Pase lo que pase, el gran perdedor es la posibilidad del PUSC de presentar una alternativa formal al electorado, ya que da la imagen de que su institucionalidad se cae a pedazos.

El doctor fue quien cerró esta puerta. En su carta, habló de que sentía decepción, frustración, rabia, desilusión y coraje ante lo que había encontrado en el PUSC. Un autodiagnóstico muy grande, para que ahora cambie por el dirigente sonriente, que exige que vayan con él a por la Presidencia.

El caso es que si lo que había era operable, entonces el doctor optó por huir de la responsabilidad que había asumido con quienes votaron por él en la convención socialcristiana. En lugar de luchar, adoptó la posición de abandonar a sus seguidores, lo que solo se justificaba porque había hecho su máximo esfuerzo, pero no soportaba que lo apuñalearan por la espalda. ¿Entonces, no había hecho realmente su mayor esfuerzo? Y si la situación es tan grave que es inoperable, que el partido está desahuciado, queda la pregunta de por qué promete victoria. ¿Tan solo una marcha de seguidores bastó para que lo que fuera una democracia en cuidados intensivos, ultrajada y violada, ahora sea una causa saludable y vigorosa?

¿Que hará si no le dan las condiciones que exige?. "No vamos a renunciar, vamos a dialogar", indicó Gerardo Vargas, presidente del PUSC, en su cuenta de twitter. ¿Volverá a renunciar el doctor? ¿Romperá brazos? ¿O se acomodará, después de haber hecho este drama? ¿Renunciará más adelante, si la situación se pone complicada?

En cualquier caso, el partido pierde. Si mantiene a Hernández, pone como líder a alguien que retrató a la dirigencia, sin dar nombres, como personas que solo buscan un puesto y que están dispuestos a jugar una partida doble para hacerle el favor al PLN. En su carta dijo que el PUSC no era el partido que soñó. ¿Es este el líder con el que sueñan quienes están en las filas rojiazules?

Y también pierde el doctor. Dejó su palabra en el aire y empeñó su credibilidad, justamente el activo que tenía para validarse ante su falta de experiencia política. Deja en el aire la sensación de que puede dejar todo abandonado en cualquier momento y que como dirigente, es inestable, emotivo y variable.

Por supuesto, podría ocurrir que algunos electores gocen con este sainete y eso le valga alguna simpatía en las encuestas. Yo lo dudo. El grueso de los electores hoy son desconfiados. La mayoría están disgustados con la política tradicional. Y el doctor ha actuado en esto, como se hacía en la vieja política: un dirigente decía que renunciaba, pero luego se desdecía ante una manifestación que llegaba a su casa, porque no podía decirle que no al pueblo... La mayoría de las veces, era una representación para las graderías, algo tan desgastado que ya no convence a nadie. Mucho menos debería tener efecto en electores incrédulos, molestos con el cálculo electoral, o con no saber a qué atenerse con respecto a un político más.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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