El cada vez más vicioso ciclo de la reforma fiscal



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Lo que se planteó como un ejercicio-país inédito, en el que se procurara un acuerdo fiscal en plena campaña, terminó siendo una reedición del ciclo fiscal vicioso: el gasto se elevó en la recta final de la administración, se dejaron las medidas para la siguiente administración y cada vez se eleva más el listón de lo que se debe procurar con una reforma fiscal que se sigue avizorando lejana.

Vicios de antaño. A pesar de que la administración Chinchilla convirtió la preocupación fiscal en su estandarte, pasaron de un déficit fiscal de 4,4% en el 2011 a uno de 6% en el 2014, con la advertencia de que puede aumentar si no se toman acciones decididas para reducirlo. Y en las propuestas que el ministro de Hacienda Edgar Ayales hereda al siguiente gobierno, se destaca que existen medidas administrativas que la actual gestión pudo tomar, pero que declinó hacerlo, como ocurre en la parte de los ajustes salariales del sector público. No hay rubor para recomendar que sí se aplique a partir de la siguiente gestión.

La ley como panacea. Asi que en algunos casos, aunque hay alternativas diferentes a un paquete legal, lo que falta es voluntad política. Simplemente. Sin embargo, llama la atención que el músculo fiscal de los últimos gobiernos se concentra en el impulso de una gran ley, que deberá traer recursos frescos a Hacienda. Es el enfoque principal, relegando la contención del gasto y otras estrategias, como combatir la evasión, que se realizan, pero sin ser protagonistas.

Buscando alivios cada cuatro años. Esto a pesar de que la vía legislativa cada vez es más una integrante destacada del círculo fiscal vicioso. Un repaso de las estrategias en los últimos seis gobiernos ilustra esta situación, realizado con el apoyo de un recuento de reformas fiscales que realizó la empresa Deloitte. Los gobiernos de Óscar Arias (1986-1990), Rafael Ángel Calderón (1990-1994) y José María Figueres (1994-1998) lograron reformas legales para aliviar la situación fiscal. Sin embargo, cada vez fue un camino más empinado, al punto de que a administración de Figueres requirió de un acuerdo político entre los principales jerarcas del PUSC y el PLN (El Pacto Figueres-Calderón) para poder avanzar en la Asamblea Legislativa.

La última reforma legal. La siguiente administración, Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002) tuvo más problemas: su Ley de Simplificación y Eficiencia Tributaria estuvo al borde del archivo, y requirió de negociaciones extraordinarias para concretarse. Su sucesor, Abel Pacheco, logró contar con un proyecto que dio alivio parcial, la Ley de Contingencia fiscal, en diciembre del 2002. Fue el último gran proyecto legal en avanzar, con impuestos a casinos, sociedades y a la renta, pero de alcance limitado: apenas un año de duración.

La gran reforma al final del arco iris. Así, las tres últimas administraciones, sin excepción, intentaron grandes reformas estructurales, básicamente apuntando a cambiar el impuesto de ventas en Impuesto de Valor Agregado (IVA) y transformar renta, para incrementar la recaudación. Todas fracasaron. Abel Pacheco (2002-2006) invirtió tres años en la Ley de Pacto Fiscal, que fue aprobada en el 2006 pero fue anulada por la Sala IV por problemas de trámite. Óscar Arias (2006-2010) impulsó al menos cinco proyectos diferentes, pero después de dos años, decidió rendirse porque ya no quedaba tiempo para desgastarse en temas como ese. Y Laura Chinchilla (2010-2014) volvió por la apuesta de un gran proyecto, Solidaridad Tributaria, que siguió la misma ruta que el esfuerzo de Pacheco: los errores en la tramitación de un Poder Ejecutivo ansioso por impulsar los impuestos a marchas forzadas y superar los crecientes aludes de mociones, terminaron por hundirlo en la Sala IV.

Brecha en aumento. Tampoco se puede subestimar el tamaño de los ingresos que se quieren obtener. En el 2003, Pacheco aspiraba a ¢200.000 millones. En el 2006, Arias apuntó a ¢400.000 millones, y Chinchilla a ¢460.000 millones en su primera cruzada, y a ¢950.000 millones en las propuestas que deja para su sucesor, si bien el último paquete apunta a medidas de ingreso y gasto. Se ha pasado de reformas que aspiraban a un 1% del PIB, a 3,5 y 4%.

Aprender del pasado. Asi, una apuesta por una gran reforma, negociaciones deficientes y con niveles de improvisación, menosprecio por el trámite y una creciente técnica de guerrillas en los opositores a las reformas fiscales han culminado en que los tres últimos gobiernos fracasaron en sus ofensivas tributarias.Y a pesar de que la administración Chinchilla lega un plan a la siguiente administración, pareciera tiempo de detenerse un poco. Hay que evaluar lo hecho y medir bien el terreno, aprender de los errores del pasado y no repetir el cada vez más vicioso ciclo de la reforma fiscal.

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Poli-tica Mario Bermúdez

Periodista. Fue redactor de la revista Rumbo (1990-1997) y el periódico La República (1997-2003) en los que incursionó en la cobertura de temas políticos. Ingresó a EF en noviembre del 2003, en la sección de Economía y Política. Actualmente es editor de Economía, Política y Tecnología.

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