Por:  2 diciembre, 2015

El pasado 16 de enero tuvo lugar una reunión en Casa Presidencial en donde participaron, entre otros, el presidente Luis Guillermo Solís, el ministro de Agricultura y Ganadería, las viceministras de Salud, el ministro de Economía y representantes de la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (LAICA), el oligopolio azucarero nacional.

En un informe técnico de la reunión, una asesora de la ministra de Salud hace un recuento de los puntos discutidos: los representantes del oligopolio de LAICA están molestos por las importaciones de azúcar brasileño y le pidieron al Gobierno que tomara medidas para frenarlas. El documento explícitamente menciona las solicitudes que los grandes empresarios azucareros le hicieron al presidente:

1.- Modificar un decreto de 1998 que faculta a los importadores de azúcar a realizar la fortificación con vitamina A de su producto por cuenta propia en el país.

2.- Realizar inspecciones in situ en el puerto de cada cargamento de azúcar importado por parte de autoridades gubernamentales junto con representantes de LAICA .

3.- La imposición de una salvaguarda arancelaria por 200 días, es decir, un aumento temporal de los impuestos de importación al azúcar.

El documento en PDF de la asesora de la ministra de Salud lo pueden descargar aquí. Este indica claramente que "el presidente estuvo de acuerdo con la propuesta", la cual se sustentó en consideraciones de "soberanía alimentaria". Días después, el ministro de Agricultura le envió otra carta a sus colegas de Salud y Economía reiterando "los compromisos adquiridos" por el presidente Solís con los representantes del oligopolio de LAICA. Dicha carta en PDF también la pueden descargar aquí. Finalmente, en otra misiva, la ministra de Salud acusa recibo de ambas notas y afirma que procederá con las medidas referentes a la fortificación con vitamina A del azúcar importado. Esa nota en PDF la pueden descargar aquí.

Esta correspondencia interministerial pone en contexto la decisión del Ministerio de Economía de abrir una investigación en julio por supuesto "comercio desleal" contra las importaciones de azúcar de Brasil. De igual forma, revela explícitamente la intención detrás del anuncio del Ministerio de Salud en noviembre de una modificación al reglamento sobre fortificación con vitamina A del azúcar importado, requiriendo ahora que esta se realice en el país de origen, lo cual añade trabas y costos al proceso de importación. En este último caso, la medida no tiene absolutamente nada que ver con la protección de la salud de los costarricenses, sino con la protección de los bolsillos de un oligopolio que tiene cautivos a los consumidores nacionales.

Porque eso es exactamente lo que está en juego aquí: el azúcar es uno de los productos más protegidos que hay en el país. Cualquier importador debe pagar un arancel del 46% para poder traer el producto a Costa Rica. El resultado es un mercado altamemente concentrado alrededor del cartel de LAICA.

El costo de este proteccionismo lo pagamos todos los costarricenses. En julio La República reportaba que mientras el precio internacional de una tonelada de azúcar crudo había caído 67% desde el 2011, en el mismo período el precio del azúcar refinado en el mercado costarricense había aumentado en 25%. No se trata de una comparación exacta, puesto que en un caso se trata de producto refinado mientras que en el otro es un bien crudo. Sin embargo, como señala La República, el azúcar crudo es por mucho la materia prima principal del azúcar refinado y el costo de otros insumos no ha crecido lo suficiente para explicar esta importante divergencia en los precios internacional y doméstico.

Es debido a esta caída en el precio internacional que la importación de azúcar al país, aún con la vigencia del arancel del 46%, es ahora económicamente viable. Por eso LAICA le pidió a la administración Solís recurrir a otras artimañas comerciales para frenar la competencia.

No olvidemos tampoco que el azúcar no solo es un producto de consumo final, sino que también sirve de insumo en un sinnúmero de procesos productivos. De tal forma que el impacto de este proteccionismo lo sentimos no solo cuando compramos un paquete de azúcar refinado en el supermercado o el abastecedor, sino también cada vez que consumimos todo tipo de alimentos.

También llama la atención la manera tan grosera en que el ministro de Comercio Exterior es ninguneado en estas reuniones donde se discuten asuntos de comercio exterior. No solo Alexander Mora no participó en la reunión en Casa Presidencial con los representantes de LAICA, sino que no se le copió en ninguna de las misivas posteriores de sus colegas ministros. Llegado el momento, si Brasil decide presentar una demanda contra Costa Rica ante la Organización Mundial del Comercio, le tocará a Comex hacer la defensa del país, la cual sería prácticamente inútil ante la naturaleza incriminadora de estas cartas.

Finalmente, es difícil no establecer paralelos con la decisión de enero del Ministerio de Economía de imponer una salvaguarda a la importación de arroz, la cual elevó el arancel sobre el grano de un 35% a un 62%. El fallo del MEIC se dio luego de una "investigación" en donde se presentaron cuatro estudios técnicos que demonstraban lo injustificado de la medida y los grandes costos que esta impondría a los consumidores. A pesar de la evidencia en contra, el gobierno falló a favor de los arroceros. No olvidemos que por ley una salvaguarda debe justificarse técnicamente. No puede ser una decisión política acordada en una reunión en Casa Presidencial. Si por la víspera se saca el día, ya sabemos cómo terminará la "investigación" que realiza el MEIC sobre el azúcar brasileño importado.

Así como en el caso del aguacate, esta correspondencia demuestra una vez más, en palabras de los mismos jerarcas de la administración Solís, cómo el Gobierno recurre a medidas arbitrarias e injustificadas para frenar importaciones agrícolas a solicitud expresa de grupos de presión que, en los casos del azúcar y el arroz, son grandes oligopolios que medran de consumidores cautivos. Luego nos preguntamos por qué Costa Rica es tan cara. He aquí una de las razones.

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