Por:  28 octubre, 2014

La huelga declarada por el sindicato de JAPDEVA (Sintrajap) hace ocho días no ha trastornado el funcionamiento de los puertos del Caribe ni traído mayores consecuencias negativas para el país. El crédito se lo lleva por completo la admnistración Solís Rivera, que actuó de manera expedita y decidida para tomar los puertos y restaurar al orden. Pero parece que las cosas no se quedarán así. Sintrajap se juega su existencia y no escatimará acciones para doblegar al gobierno. Además, ya se está gestando un frente sindical que podría desembocar en una huelga general en todo el país. ¿Estamos ante un punto de inflexión para este gobierno?

Se suponía que esta iba a ser una administración aliada a los sindicatos. No olvidemos los coqueteos abiertos del sempiterno secretario general de la ANEP, Albino Vargas, hacia el gobierno, el desmedido aumento de salarios a los funcionarios del sector público, y la solidaridad que los sindicatos han mostrado con Zapote en su lucha contra los recortes al abotagado presupuesto del gobierno central para el 2015. Además, es conocida la intención de la administración Solís Rivera de querer levantar el veto de la presidenta Chinchilla a la reforma al Código Procesal Laboral, que permitiría las huelgas en los servicios esenciales.

Pero el tono parece haber cambiado en la última semana con la decisión del presidente Solís de no echar para atrás con el contrato de concesión para la terminal portuaria a la empresa APM. Además, don Luis Guillermo ha dado la orden de renegociar la convención colectiva de Japdeva —así como las del resto de instituciones públicas— con el objetivo manifiesto de eliminar abusos y reducir gastos. La confrontación parece ser inevitable.

¿Estamos ante un "Maggie Moment" para el presidente Solís? Este término fue acuñado durante el gobierno de Margaret Thatcher en el Reino Unido (1979-1990) para describir aquellos momentos en que la primera ministra británica se enfrentó a los poderosos sindicatos que tenían paralizado al país. En particular, está la huelga de los mineros de 1984-85, desatada tras el anuncio del gobierno conservador de cerrar decenas de minas de carbón que dejaban enormes pérdidas al fisco. El parón acabó con una derrota desastrosa para la Unión Nacional de Mineros y marcó el principio del fin del control que ejercían los sindicatos sobre el aparato estatal británico.

Desde entonces, cada vez que un gobernante alrededor del mundo se ha tenido que enfrentar a grupos de interés poderosos que tienen capturado al Estado, se habla de un "Maggie Moment". En los últimos días, la retórica del presidente ha sido contundente en denunciar a "pequeños grupos" que creen poder tomar la volundad del colectivo. La acción firme de la Fuerza Pública no solo en Moín, sino en toda la zona del Caribe, evitando bloqueos y tomas de lugares públicos, demuestra que el presidente va en serio.

Don Luis Guillermo merece todo el apoyo en este posible "Maggie Moment". En juego no solo está la concesión del puerto del Caribe, que en sí es de suma importancia para el desarrollo del país, sino también poner coto a un sinnúmero de privilegios que a lo largo de los años han venido acumulando los sindicatos a costas del contribuyente costarricense. Señor presidente, ¡no afloje!

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