Por:  26 agosto, 2014

El país está a la expectativa por el informe de los primeros 100 días de Gobierno que entregará este jueves el presidente Luis Guillermo Solís. Mientras algunos esperan un discurso lleno de denuncias y "levantamiento de chingos" sobre la "finca encharraleada" que encontró, otros también esperamos que el mandatario mande un mensaje claro sobre hacia dónde se dirigirá el país en los próximos cuatro años. Lamentablemente, algunas de las señales que su Gobierno ha enviado en materia fiscal son muy preocupantes.

En abril sostuve un debate en Siete Días (ver video adjunto) con el entonces diputado electo del PAC —y hoy presidente de la Asamblea Legislativa— Henry Mora, sobre la gravedad del déficit fiscal en Costa Rica y las medidas que deberían tomarse al respecto. Mora, además de ser economista y catedrático universitario, es una de las figuras cercanas al presidente y participó activamente en la elaboración del plan económico del PAC. En nuestro intercambio, él indicó que la situación fiscal del país no era tan calamitosa y que todavía había margen de maniobra: "no estamos al borde del precipicio, estamos cerca, pero no al borde", dijo.

Además, Mora prometió que en dos años el gobierno de Luis Guillermo Solís reduciría el déficit fiscal (estimado este año en un 6% del PIB) por la mitad "sin poner un solo impuesto". Esto haciendo eco de una promesa de campaña de don Luis Guillermo, quien incluso ya como presidente en mayo pasado dijo que "de nada servirán más impuestos si seguimos el despilfarro de esta manera".

Sin embargo, en tres meses de Gobierno, la administración Solís da claras muestras de incontinencia fiscal. Veamos:

Aumento a los empleados del sector público: Cuando en cualquier negociación salarial con los sindicatos del sector público, Albino Vargas sale satisfecho, es señal de que algo salió mal. Efectivamente, el Gobierno reconoció un aumento semestral del 4% al salario base de los burócratas, que una vez que se incorporan los demás pluses salariales, representa un incremento mucho mayor —y muy por encima de la inflación para el mismo período. Recordemos que el tema de las remuneraciones del sector público es uno de los disparadores del gasto a los que hay que ponerle coto. Entre el 2006 y el 2012 el gasto en salarios y demás pluses del Gobierno Central aumentó en un 84%, al punto que, como indicara hace poco el economista en jefe del Banco Mundial, Costa Rica es el único país de la región donde las remuneraciones de los empleados públicos promedian el doble de las de sus pares en el sector privado. Albino Vargas había prometido un "bochinche" si no había "un buen aumento". Su satisfacción muestra que el Gobierno no se amarró los pantalones.

Aumento de transferencias a universidades estatales: Otro de los disparadores del gasto público son las transferencias del Gobierno Central, de las cuales el Fondo para la Educación Superior Universitaria Estatal (FEES) es uno de sus principales componentes. La semana pasada la administración Solís anunció un aumento de la contribución estatal del 14%, casi tres veces la inflación programada para el próximo año. No es de sorprenderse la generosidad del Gobierno con las universidades estatales cuando la ministra de educación fue rectora, el presidente de la Asamblea Legislativa es catedrático, y el mismo presidente ha sido profesor toda su vida en estas instituciones. Lo inaceptable, como señala el columnista Agustín Castro, es que a cambio de este incremento gigantesco el Gobierno no les pidió nada a las universidades.

"Respetar" un desastroso déficit fiscal: Mientras Henry Mora en abril hablaba de recortar por la mitad el déficit fiscal para el 2016, hoy el ministro de Hacienda, Helio Fallas, habla de "respetar" el déficit programado para el próximo año, que es del 6,6% del PIB. Es decir, la admnistración Solís promete no agravarlo —e incluso eso está en veremos ante las decisiones de gasto señaladas anteriormente. Fallas dice que no quiere salirse "ni un ápice" de esa proyección fiscal, cuando más bien debería estar haciendo todo lo posible por reducirla. Como señalé hace un año, si no hacemos nada para controlar el crecimiento del endeudamiento público (que este año llegaría al 57% del PIB), pronto el alza en las tasas de interés (y probablemente en la inflación) terminará estrangulando a la economía.

¿Y la promesa de no más impuestos? El presidente Solís prometió no aumentar impuestos en los primeros dos años. Henry Mora especificó que esa promesa implicaba "ni aumentar la base del impuesto, ni la tasa del impuesto". Sin embargo ya el Gobierno violó esa promesa al extender el cobro del impuesto de ventas a los operadores turísticos. Y hoy Fallas en su entrevista en La Nación habla de enviar el próximo año a la Asamblea Legislativa un proyecto para crear un impuesto al valor agregado (IVA), cuya finalidad es extender la base del actual tributo de ventas para que cubra la mayoría de los servicios. Recordemos que una de las razones por las que la imagen de honestidad de Laura Chinchilla empezó a deteriorarse fue por haber dicho en campaña que se oponía a más impuestos y luego llegar a Zapote a impulsar un enorme paquete tributario. De igual forma, la percepción de honestidad de Luis Guillermo Solís sufriría si decide buscar más impuestos en sus primeros dos años de Gobierno en contraposición a lo prometido.

La administración Solís ha hecho bien en ponerle un tope a las pensiones de lujo. Pero el impacto fiscal de esa medida es muy limitado, y lo que hizo con la mano lo ha borrado con el codo en las negociaciones con sindicatos y universidades estatales. Como señala Armando González este fin de semana en La Nación, "En tres meses de administración, hemos gastado buena parte de los ingresos imaginables del plan fiscal que el Gobierno se comprometió a no aplicar antes de cumplirse dos años de su mandato".

Henry Mora dijo en abril que estamos cerca del borde del precipicio. Lo normal que haría cualquier persona en esa circunstancia es frenar, pero más bien parece que este Gobierno ha decidido meter el acelerador.