Por:  29 julio, 2013

El mensaje no pudo ser más claro y no pudo venir de una autoridad más calificada en la materia: “La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”. Esas fueron las palabras de Su Santidad Francisco este fin de semana en Río de Janeiro.

Repasemos lo que dice el artículo 75 de nuestra Constitución Política: "La Religión Católica, apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres". En Costa Rica tenemos un Estado confesional. Nuestra Constitución establece que el Estado, que es una ficción jurídica, tiene religión y esta es la católica.

La polémica sobre la laicidad del Estado ya lleva años con nosotros. Recordemos que en la campaña política pasada, cuando se presentó un proyecto de reforma constitucional al respecto, se levantó toda una polémica que incluso llevó al obispo de Cartago, José Francisco Ulloa, a pedirle a sus feligreses que no votaran por políticos opuestos al Estado confesional. Rápidamente los entonces candidatos a diputado del PLN publicaron un campo pagado de una página donde se comprometían a no tocar el artículo 75. Justo después de las elecciones, Ulloa ungiría a Laura Chinchilla como "Hija Predilecta de la Virgen de los Ángeles". Hace unas semanas el gobierno devolvió el favor nombrando a la Virgen como "Comandante de la Sección Aérea de la Fuerza Pública".

Las declaraciones del papa han caído como balde de agua fría en la Conferencia Episcopal. En declaraciones al programa de Amelia Rueda esta mañana, monseñor Ángel San Casimiro dijo que los obispos no se oponen a un Estado laico, sino a uno laicista. Sin embargo, la Conferencia Episcopal rechazó ferozmente la propuesta de hace cuatro años que pretendía que el artículo 75 rezara de la siguiente manera: "Toda persona es libre de adoptar y profesar una religión que sea respetuosa de los derechos humanos, o bien de no adoptar ninguna. El Estado será neutral en materia religiosa, pero garantizará el ejercicio de esta libertad, conforme a la ley”. Dicha redacción calza como anillo al dedo con lo descrito por el papa Francisco.

Incluso hace unas semanas, a raíz del milagro que certificó a Juan Pablo II como santo, el por dicha saliente arzobispo de San José, Hugo Barrantes, dijo que dicha curación era una señal para oponerse a un Estado laico. De tal forma que moseñor San Casimiro falta a la verdad al decir que los obispos del país apoyan el Estado laico. Lo han venido resistiendo a muerte por los últimos años. Es deprimente cuando un político miente. Y lo es aún más cuando se trata de un obispo.

En momentos en que la administración Chinchilla negocia con el Vaticano un Concordato que ya se anunció que no incluirá el Estado laico, los diputados deben mandar una señal inequívoca a Casa Presidencial: no se aprobará ningún Concordato hasta que no se reforme el artículo 75 de la Constitución. No podemos ser más papistas que el papa.

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