Chinchilla deshonra el cargo de Presidenta


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La ocasión llamaba para un acto inédito en la presidencia de Laura Chinchilla Miranda: Un mea culpa. Quizás hasta algo más. Y por un momento muchos creímos que así sería: una presidenta confinada a su oficina todo el día sin ninguna actividad más que recibir "amigos", un llamado a cadena nacional a la poco ortodoxa hora de las 9 pm, una reunión con el pleno del gabinete antes de salir con un anuncio importante a la nación. ¿Todo para qué? Para ver a la misma Laura Chinchilla de siempre, haciendo lujo de su típica arrogancia y desfatachez, decirle al país que ella ha sido la víctima de toda esta situación y que sus colaboradores más cercanos le fallaron y la pusieron en peligro. Nos fuimos de inocentes quienes esperábamos una muestra genuina de constricción presidencial.

Y no es para menos. En este incidente del vuelo privado a Perú la presidenta Chinchilla, ya de por sí la mandataria más impopular desde que se tienen mediciones, se las ingenió para poner el nombre de Costa Rica en los titulares internacionales junto a la palabra narcotráfico. Ni el novelista Dan Brown hubiera podido escribir una intriga como esta: una boda en Perú, un vuelo repentino, un avión misterioso, una compañía que no hace negocios en el país, el goleador histórico de la Selección Nacional, un empresario que usa nombres falsos y un vocero presidencial que lo único que hace es mentirle al país. Pero a diferencia de las novelas de Brown, en esta trama el villano, o mejor dicho la villana, está bien identificada desde el inicio. Y conforme salen más detalles a la luz pública, más llegamos a la fatídica conclusión de que se trata o de una obra de enorme estupidez o de un acto de inexcusable corrupción. Ustedes escojan.

Soy el Estado y quiero una "cortesía": No es cierto, como dijera anoche la presidenta, que este incidente se trató del gobierno aceptando un regalo de una empresa privada. Como ya ha sido reportado, fue el Despacho de la Presidenta el que contactó a la empresa THX Energy para que facilitara como una "cortesía" su avión para transportar a doña Laura a una boda a Perú. Una "cortesía" cuyo valor estimado asciende a $30.000. ¿En qué país civilizado se puede ver como apropiado que la oficina de la primera mandataria ande pidiendo "cortesías" a empresas privadas? Recordemos que se trata de la Jefa de Estado, y que el Estado representa el monopolio del uso de la fuerza en un país. ¿Qué pasa si una empresa osa a decirle que no a la Presidenta? ¿La visitará mañana Tributación, o la CCSS, o Setena? Ya sabemos lo que le pasó a un Techo Por Mi País cuando le dijo que no la solicitud de Casa Presidencial por una "cortesía". ¿Y se han limitado las solicitudes de "cortesías" a vuelos privados o también ha habido fines de semanas en hoteles de lujo, entradas especiales a eventos, etc.? Hola, soy Al Capone. ¿Me prestas tu avión?

¿Y la DIS? Bien, gracias: Sale a relucir nuevamente ese oscuro ente llamado Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional, cuyo presupuesto este año supera la friolera de los ₡3.000 millones. La DIS es una policía política al servicio directo de la Presidenta. ¿Cómo es que falló en una función tan simple como vetar la nave en que se iba a montar doña Laura para ir a Perú? Una posible explicación es que el viaje fue tan impestivo o tan secreto que ni siquiera el servicio de inteligencia se enterara del mismo (sí, suena ridículo, lo sé). Sin embargo esa excusa no se sostiene cuando nos enteramos que era la segunda vez que la mandataria usaba dicho avión. ¿No lo vetaron la primera vez cuando se trató de un viaje oficial a Venezuela? Si mañana abolimos la DIS, ¿alguien se dará cuenta? En lugar de anunciar la destitución del jefe de la DIS, la Presidenta debió haber anunciado el cierre de dicho ente que no sirve para nada, solo para espiar a rivales políticos.

La solución es un "Air Force Tico": Para alguna gente, especialmente militantes del PLN, la lección de todo este episodio es que la Presidencia debe tener un avión propio. Un "Air Force Tico", dijo ayer un folclórico diputado oficialista. Pero aún si la Presidencia tuviera un avión oficial, ¿se justificaría su uso para que doña Laura viajara a una actividad privada como una boda en Perú? Sorprendentemente muchos desubicados dicen que sí. "Obama lo hace". Bien por Obama. Para mí se trataría a todas luces de un abuso de los recursos públicos (un concepto que hay que admitir es alienígena en la mente de muchos liberacionistas).

La culpa, mi querido Brutus, no está en las estrellas: Y llegamos al meollo de la trama. Doña Laura Chinchilla es la última responsable de todo este escándalo. Podrá cortar cabezas a diestra y siniestra dentro de su círculo cercano. Y no nos sorprendamos mañana si le pide la renuncia a Luis Liberman por haberla invitado a la boda. Pero lo cierto es que la Presidenta no es una niña de ocho años que no sabe discernir entre el bien y el mal. Al montarse en ese avión privado, si es que no lo sabía de antemano, debió de haberse preguntado a quién pertenecía y en qué circunstancias se lo estaban facilitando. ¿Acaso no lleva casi 20 años en lo más alto de la política nacional como para clamar ignorancia? ¿Acaso no fue ministra de Seguridad y Justicia? ¿Acaso no fue como diputada una de las principales impulsoras de la Ley de Enriquecimiento Ilícito?

Doña Laura no engaña al país. Su imprudencia y falta de verg üenza puso a la Oficina de la Presidencia de la República en un embrollo con posibles ramificaciones con el narcotráfico. Doña Laura ofende la inteligencia del país al decir que ella es la víctima de todo el asunto. Ella le debe respeto a ese cargo que ostenta. Y por más que intente responsabilizar a sus subalternos, sus acciones han deshonrado la primera magistratura de la República.

Tal vez se destapen más detalles en los próximos días que comprometan todavía más a la Presidenta en este incidente, lo cual haría más tóxica su continuidad al frente del Ejecutivo. Si no le podemos confiar siquiera discernir sobre la conveniencia de montarse en un misterioso avión privado, ¿cómo le podemos confiar todo lo demás?

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Por la Libre Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es analista de políticas públicas sobre América Latina en el Cato Institute, en Washington DC. Escribe frecuentemente sobre temas de actualidad y sus artículos han sido publicados en medios estadounidenses como el International New York TimesMiami Herald, New York Post, Huffington Post, Forbes, y en importantes periódicos iberoamericanos como El País (España), La Nación (Argentina), El Tiempo (Colombia), El Universal (México), El Mercurio (Chile) y El Comercio (Perú), entre otros. También participa regularmente como comentarista en medios internacionales como CNN en Español, NTN24, BBC News, Al Jazeera, Univisión y Voice of America. Se graduó en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional y sacó su maestría en Comercio y Política Pública Internacional en George Mason University en Estados Unidos. Además es miembro de la Mont Pelerin Society.

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