La solución sigue siendo dolarizar


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Vuelve el debate sobre la política monetaria a la palestra ante el fuerte ingreso de dólares al país, algo que está dificultando cada vez más el trabajo del Banco Central de defender el piso de la banda cambiaria (¢500) al mismo tiempo que quiere mantener la inflación bajo control. Es una discusión ociosa si tan solo llegáramos a la conclusión de que la mejor política monetaria para un país abierto y pequeño como el nuestro es no tener política monetaria.

Veamos: Lo que parecía una fuerte entrada de divisas propia de todo fin de año―cuando las empresas transnacionales traen dólares para pagar los aguinaldos―ha continuado en enero y no promete disminuir en las próximas semanas o meses. La razón parece radicar en la diferencia de tasas de interés entre Costa Rica y Estados Unidos, una circunstancia que no cambiará en el futuro cercano ya que Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, ha afirmado que continuará con su política de tasas de interés cercanas a cero (0.25%) hasta que el desempleo en ese país baje al 6.5% (se encuentra ahora en 7.7%). Ya que los rendimientos que la gente puede esperar en EEUU sobre su dinero son de hecho negativos (la inflación es más alta que las tasas de interés), lo lógico es sacar la plata y llevarla a naciones donde las tasas de interés sean más altas, como el nuestro. En Costa Rica la tasa de política monetaria del BCCR―que en buena teoría es la que debería servir de referencia para la economía nacional―está en 5%. Sin embargo, es la tasa básica pasiva la que en realidad es la referencia del sistema bancario, y esa está en 9.05%

La solución lógica sería bajar la tasa de interés en el país. Pero hacerlo es difícil sin poner presión en la inflación: si se recorta artificialmente la tasa de interés, habrá más plata en la calle y esto empujará los precios de los bienes y servicios hacia arriba. Algunos están dispuestos a pagar el precio. Al final de cuentas, dicen ellos, el país tuvo el año pasado la tasa de inflación más baja en décadas, al 4.5%, por debajo del promedio latinoamericano. Sin embargo, el promedio regional es inflado por Argentina y Venezuela. En realidad 10 países de América Latina tuvieron tasas de inflación inferiores a la costarricense en el 2012.

Peor aún, incluso esa tasa de inflación que es contentera de algunos podría terminar siendo un alegronazo de burro. Ante la fuerte entrada de dólares, el BCCR ha tenido que emplearse a fondo para defender el piso de la banda cambiaria en ¢500. Las reservas del Central ya llegaron a la cifra récord de $7,000 millones y en poco más de un año el BCCR acumuló todos los $1,500 millones que tenía planeado adquirir para el 2012 y 2013 juntos. Si el Central sigue comprando dólares a este ritmo―para lo cual debe emitir colones―o atiza la inflación o pone aún más presión en las tasas de interés, si decide recoger la liquidez mediante la llamada esterilización (venta de títulos de valores a los bancos sobre los cuales debe pagar buenos intereses).

No hay mucha salida. Es por eso que dos ideas han salido a flote en los últimos días: abandonar el sistema de bandas y pasar a una de flotación "administrada" o adoptar un control de capitales para impedir la llegada al país de capitales "golondrina", como se le llama a los flujos especulativos que vienen al país atraídos por la tasa de interés más alta. Ambos tienen serios problemas.

Empecemos con la flotación "administrada" o "sucia". La idea sería dejar flotar el colón con respecto al dólar, pero dándole discrecionalidad al BCCR de intervenir bajo ciertas circunstancias. El detalle ahí es precisamente la discrecionalidad. Es un sistema aún menos transparente que el de las bandas, puesto que la Junta Directiva del BCCR podría intervenir el tipo de cambio en cualquier momento, creando ganadores y perdedores con tan solo un plumazo. Se pueden establecer reglas claras de intervención, sin embargo es difícil no pensar en un escenario donde la Junta Directiva del BCCR recibe fuertes presiones de grupos políticos y económicos para manipular el tipo de cambio.

Veamos un ejemplo: Según la dinámica que hemos visto en las últimas semanas, es de esperarse que si se adopta la flotación administrada, el tipo de cambio bajaría bruscamente, lo cual ciertamente tendría un fuerte impacto sobre las industrias más dinámicas de la economía nacional: turismo y exportaciones. No hay que ser brujo para ver a los representantes de estos sectores pegando el grito al gobierno cielo pidiendo que se intervenga y abarate el colón. Para los que duden de esto, les envío una cajita blanca con la foto de Luis Liberman que haya salido publicada en una de las múltiples noticias de los dos últimos años donde el VP sale diciendo cuál debe ser la política del BCCR (a pesar de que, en teoría, es un ente independiente). Y sin duda alguna, ante la perspectiva de un colón que se apreciaría―en el corto plazo―con la flotación, es de esperar que eso incentive la entrada de aún más capital especulativo, encareciendo todavía más el colón―y golpeando con más fuerza a los sectores turístico y exportador.

La otra solución, planteada por el mismo Liberman, es adoptar control de capitales para evitar la entrada de los llamados capitales golondrinas. El problema radica en que una medida de estas va en contra del modelo de cuenta de capital abierta que ha tenido Costa Rica por ya casi 20 años. Además, no solo espantaría golondrinas sino también águilas, cóndores, halcones, etc. (es decir, fujos de capital sanos que verían en dicha medida una señal preocupante). Ningún inversionista quiere meter su plata en un país que podría presentarle trabas en caso de necesitar sacar la plata, menos en tiempos de tanta incertidumbre global. Por lo tanto, dicha medida no es una opción al menos que se quiera pagar un alto precio. Liberman afirma que se puede diseñar un régimen de control de capitales muy específico para evitar estos problemas. Pero ya hemos visto la chambonería que ha hecho el gobierno en cosas tan sencillas como determinar una lista de productos a los que se les quitaría la exoneración del impuesto de ventas. Dudo mucho que el gobierno y el BCCR puedan sacarse de la manga un control de capitales quirúrgico que no tenga efectos indeseados en la inversión extranjera.

¿Qué hacer entonces? Una manera de reducir la tasa de interés de manera no artificial sería por supuesto recortando el gasto gubernamental. Pero ya hemos visto que esta administración es adicta al mismo, y lo será más este año electoral. El BCCR también podría contribuir reduciendo aún más la inflación para que las tasas de interés bajen. Pero aquí la pregunta es qué es primero: ¿el huevo o la gallina? ¿Puede el BCCR reducir más la inflación en momentos en que debe emitir cantidades industriales de colones para defender la banda cambiaria? La teoría económica señala que no.

Para mí la solución más sencilla sigue siendo dejarnos de varas y deshacernos del colón. Adoptemos el dólar como moneda oficial y dejemos de preocuparnos por tipo de cambio, tasas de interés, golondrinas y demás. La dolarización eliminaría por completo la discrecionalidad en la política monetaria, donde siete viejos en la Junta Directiva del BCCR deciden cuál es el valor de nuestros ingresos. Como siempre, estas decisiones tienden a beneficiar a aquellos con más músculo político. Además, al deshacernos del colón las tasas de interés bajarían naturalmente hasta converger con las tasas de interés locales en dólares. Esto reduciría el incentivo para los capitales espectulativos. También, al deshacernos del colón no tenemos que preocuparnos por el tipo de cambio y la incertidumbre―que no es poca―que provoca los vaivenes en este. Finalmente, bajo condiciones normales el país tendría una inflación más baja si no tuviéramos al colón como moneda oficial, lo cual beneficia particularmente a los más pobres.

Cualquier medida que no sea la dolarización promete ser un parche que no viene a enfrentar la realidad de que nuestra economía es pequeña, abierta y comercia e intercambia capitales con Estados Unidos, México, Centroamérica y muchos otros socios comerciales. La dolarización no es una pomada canaria. Pero es mucho mejor que las alternativas que actualmente discuten las autoridades.

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Por la Libre Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es analista de políticas públicas sobre América Latina en el Cato Institute, en Washington DC. Escribe frecuentemente sobre temas de actualidad y sus artículos han sido publicados en medios estadounidenses como el International New York TimesMiami Herald, New York Post, Huffington Post, Forbes, y en importantes periódicos iberoamericanos como El País (España), La Nación (Argentina), El Tiempo (Colombia), El Universal (México), El Mercurio (Chile) y El Comercio (Perú), entre otros. También participa regularmente como comentarista en medios internacionales como CNN en Español, NTN24, BBC News, Al Jazeera, Univisión y Voice of America. Se graduó en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional y sacó su maestría en Comercio y Política Pública Internacional en George Mason University en Estados Unidos. Además es miembro de la Mont Pelerin Society y Premio ANFE a la Libertad 2014.

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