Por: Emilio Zevallos 13 julio, 2012

Para las personas involucradas con los estudios de la mujer, el concepto del “techo de cristal” no les es ajeno. Se tiende a denominar así a una superficie superior e invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, y que les impide seguir avanzando profesionalmente. Su carácter de invisibilidad viene dado en la medida que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan esa limitación a las mujeres, sino que está construido sobre otros aspectos –por ejemplo, de las relaciones sociales difíciles de detectar (el documento original se denomina “Breaking the glass ceiling: Women in management” de Linda Wirth)-.

Hace algún tiempo compartíamos con ustedes una reflexión respecto de porque muchos empresarios no pasaban a niveles superiores de desarrollo y se quedaban en una situación de subsistencia, o al menos de estancamiento. En ese momento, las limitaciones del entorno, la burocracia, temas de competencia desleal, las relaciones asimétricas con las grandes empresas, etc., eran las variables que nos ayudaban a entender esa ausencia de impulso competitivo.

Sin embargo, en muchos países esas barreras han ido cayendo, mejorando el acceso al financiamiento, reduciendo el valor y tiempo de los trámites, etc., y aun así, muchas empresas siguen estancadas o en condiciones de subsistencia. En ese sentido, tratemos de superar el enfoque asociado al entorno y empecemos a analizar al empresario.

¿Qué elementos asociados a sus propietarios, sus competencias y conocimientos son las que los limitan a dar el paso a nuevos niveles de desarrollo? ¿Es que acaso las metas de nuestros empresarios son tan pequeñas que alcanzarlas no los motiva a ponerse nuevas y más complejas? ¿Es un rasgo conformista de nuestras sociedades?

Por supuesto, existen empresarios que todos los días buscan superar sus propias barreras, innovar y aprender permanentemente como parte de su propia estrategia de desarrollo, pero lamentablemente no son la mayoría (y eso es lo que buscamos, que los innovadores sean la mayoría). Aunque no contamos con una respuesta contundente ante esta interrogante, si hemos tenido la oportunidad de conversar con muchos empresarios (de ambos tipos) y encontramos marcadas diferencias desde la formación, la experiencia, hasta lo que hemos llamado la “intención empresarial”. Y en efecto, algunos tienen un techo bajo, es decir, sus metas son cortas y estáticas mientras que otros van cambiando las metas conforme se acercan a ellas. En efecto, existen problemas de información (muchos no sabe que existen oportunidades de mejora para ellos y sus negocios, justamente por tener solo la vista puesta en su negocio), pero quizás existe una competencia central que diferencia unos de otros empresarios: la visión de 360o sumada a la habilidad de traducir la información que observa del entorno en acciones para su negocio, es decir, lo que se denomina la “capacidad de absorción”. El contar con esa capacidad de absorber lo bueno que vemos del entorno y desechar lo inútil es probablemente un elemento central para romper nuestro propio “techo de cristal” empresarial. Pero sobre todo, el deseo de hacerlo.