Por:  11 diciembre, 2012

Hablando de productores, encontramos una interesante clasificación: muchas personas creen tener un producto bueno; algunos creen que pueden hacer un buen producto; y otros se dejan llevar por lo que alguien les dice respecto de las oportunidades asociadas a determinado producto. ¿En cuál de los tres grupos se encuentra usted?

Recientemente he podido corroborar que al menos un número considerable de productores centroamericanos se encuentran en el tercer grupo. No han encontrado aún donde se encuentra su “ventaja competitiva” y entonces se dedican a producir “lo que está de moda” o lo que “el mercado demanda”. Experiencias de ese tipo se asocian a un conjunto de productos que han pasado por la región sin pena ni gloria; aunque sí con pérdidas para estos productores. ¿Cómo hacemos entonces para producir algo que se venda? La estrategia del seguidor ha sido una constante. El precio del café mejora, y todos los pequeños productores centran sus energías en producir café. La consecuencia es una sobreoferta del producto y por tanto, bajos precios. Lo malo de la estrategia es que nunca somos los primeros en producir, por lo que nunca “agarramos la ola”. ¿Suena conocido?

Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Qué producimos? La verdad es que el proceso es más importante que la respuesta. No es tan importante lo que se produzca sino como lo haga y los acuerdos entre productores para llevarlo a cabo. Finalmente hablamos de productores de pequeña escala. Difícilmente podrán ejercer control sobre el mercado de manera individual. Pero colectivamente la cosa cambia. ¿Y si nos ponemos de acuerdo para producir X cantidad de hortalizas, Y cantidad de granos básicos, etc.? ¿Y si me preocupo por mejorar la calidad de mi producto, la forma de extraerlo y llevarlo al mercado?

Es importante la asociación. pero también contar con un buen producto. Comentaba hace unos días el gerente de una gran empresa piñera que una piña golpeada no es parte de su estándar de calidad y por tanto, se pierde como producto de primera. De otro lado, en la ganadería, cuando las reces llegan al matadero, generalmente lo hacen en camiones no acondicionados. Así, llegan golpeadas, estresadas y por lo tanto, con algunos kilos menos. ¿Quién se preocupa por esos detalles? Quienes están acostumbrados a la calidad.

Está claro que todos los consumidores aspiran a poseer productos de calidad. Pero, ¿cuántos están dispuestos a pagar por ello? ¿y cuanto? Hay varios tipos de mercados; los de precios, los de calidad, nichos, etc. ¿A cuál le apuesta usted?

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