3 en 1: vacación, viaje al pasado y respeto a lo disparatado


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Fui con mis hijos a Cuba.  Podría resumirlo así: como un viaje al pasado.

 Nada más salir del aeropuerto y empezar a viajar en el tiempo.  Los carros de modelos muy antiguos, me hacen sentir que estoy en la película de El Artista ¿estoy soñando?

Foto tomada por D. Condo

Visitar Cuba permite darse cuenta del progreso que como sociedad occidental tenemos quienes vivimos en una democracia.  Los cubanos que viven en Cuba, no solo viajan en carros viejos, yo diría que viven en “viejos tiempos”….

 

No hay internet, se fuma (y se toma licor) indiscriminadamente en cualquier lugar y a cualquier edad, el uso del plástico es liberal, llama la atención en algunos lugares el desperdicio y sobre-utilización de materiales plásticos desechables.  Cuando era niña me acuerdo que se vivía así, muy parecido a lo que viví la semana pasada.  Lo que más me molestaba a mí a la edad de siete años era el cigarrillo en los aviones.  En este viaje tuve que entrar a una tienda con aire acondicionado donde varias personas fumaban simultáneamente.  Lo describo así: nauseabundamente sin palabras.

Mi hija tuvo una pregunta respecto al humor cubano al que yo, mayor que ella por casi 30 años, no reaccioné tan fuertemente.  Tal vez, por haber estudiado en ambientes dominados por hombres décadas atrás, tal vez por haber estado inmersa en culturas machistas por períodos intermitentes en mi vida.  Por dicha, hoy no es el caso.  No lo sé.   Pero su pregunta es muy válida y me enorgullezco de que la haya planteado en relación al guía que nos mostró la Habana:  Mami ¿por qué ese señor se burla tanto haciendo bromas sobre mujeres?  ¿en sus bromas las mujeres siempre son más flojas, más tontas o inferiores a los hombres?

Mi respuesta:  Porque antes, los señores hacían bromas de ese tipo y era socialmente aceptado.  Ese tipo de bromas hoy se utilizan cada vez menos y por eso yo creo que nunca las habías escuchado.

Respuesta de ella: Pues no me gusta. No es chistoso, tal vez solo para él.  Nadie se ríe.

Como sociedad en la que vivo hoy, hay humor que se “valía antes” pero hoy, al menos en ciertos contextos, no es políticamente correcto expresarlo.

Me alegro del progreso generado.  En el contexto económico mundial el papel de la mujer ha cambiado y eso permea en los códigos de comunicación cultural asociados.

Los escasos mensajes que se leían en algunas paredes me hicieron recordar mi época de adolescente en México cuando visitaba la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) como una posibilidad para estudiar mi carrera universitaria de economía en sus aulas:

Socialismo o muerte.

Viva Fidel.

Viva la Revolución.

Y éste para romper la monotonía temática sobre la visión romántica:

Amor cuerdo, no es amor.

Hablé con algunos cubanos.  Al estar de vacaciones con mis hijos, hablé exclusivamente con la gente que me encontré a mi paso y por supuesto los comentarios que escuche son solamente anécdotas.

Mi resumen: muchos de los cubanos que están viviendo en Cuba piensan que la historia de Cuba es una historia donde  la solución a sus problemas está en manos de otros, esto es, los norteamericanos.

No ven que el mundo hoy ha cambiado, no saben del despertar asiático, no tienen idea de lo que está pasando respecto a las economías emergentes latinoamericanas como Brasil, tampoco tienen mucha idea de la crisis financiera estadounidense o de cómo en el mapa mundial la importancia relativa de los países ha cambiado.

Siguen explicando con una ingenuidad casi infantil la situación geopolítica mundial.  Buenos y malos, ricos y pobres, estadounidenses contra cubanos.

Cuba es un país que ha erradicado el analfabetismo pero se ha quedado ahí, con una población que lee y escribe, que cuando se enferma recibe atención médica, pero no tiene material relevante para lo que es “el mundo de hoy” en su cabeza.  Y me preocupó pensar cómo hacer para generar pensamiento crítico en varias generaciones de cubanos que han estado de alguna forma acostumbrados a no “pensar” a lo largo de tantos años

Y pensé que una de las bendiciones más grandes que puede tener el ser humano es su libertad.  Coartar la libertad a un pueblo puede hacer lo que se ve en este país: un atraso mental apabullante.

Para mí el valor más grande de visitar Cuba es rescatar lo importancia del debate público sobre las ideas discrepantes.

A veces, debo confesarlo, puede ser desesperante leer en el periódico nacional costarricense los debates de opinión sobre si hay, por ejemplo, que dar educación sexual o no a los niños y niñas en el colegio.

Para mí es como un asunto de 2 más 2.  Sin embargo luego de ir a Cuba, hoy aprecio que de esos debates nacionales, pese a ver posiciones que parecen tan distantes de las mías, veo como se crece, se evoluciona, se progresa y se genera lo más importante, el desarrollo de la capacidad de pensamiento crítico.

Impresiona ver en Cuba en la mente de la gente común y corriente la narrativa común colectiva para explicar una realidad dura de sobrellevar.

No hay pensamiento crítico en el ciudadano común y corriente cubano, o al menos no lo vi.

Los cubanos tienen que lidiar con ingresos miserables, escasez de alimentos y vivienda.  ¿Cuántos cubanos ven en esas condiciones el impacto de carecer de libertad para debatir públicamente?

Foto tomada por D. Condo

Sin debate no hay cuestionamiento, no hay contradicción , no hay conflicto.  Se asiente y se acepta la vida impuesta.

 En muchas ocasiones uno se exaspera cuando quiere ver cambio y ejecución a nivel de país o a nivel de empresa y percibe una parálisis organizacional o una parálisis nacional por tanta discusión, reunión, debate, análisis.  Lo que yo llamo el mal de la parálisis por el análisis de las ideas.

Sin embargo, hay en el debate gran valor, pese al enlentecimiento en la ejecución que éste implique.

El debate genera pensamiento crítico.  Y hoy, con el acceso que tenemos a la información por tecnología digital, es el pensamiento crítico lo que es clave para la toma de decisiones  estratégicas, sabias y con perspectiva.

Visitar Cuba me dio a mi y a mis hijos perspectiva sobre el progreso que como humanidad hemos tenido, sobre la importancia del pensamiento crítico y sobre cómo es importante ser tolerante con las ideas diferentes por más descabelladas que sean.

Y esto último para mí, es un gran avance….

Les dejo con unas fotos de mi viaje.

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Reflexiones Ligia Olvera

Ligia Olvera. Excecutive Coach, sus clientes son ejecutivos claves en Latinoamérica.  Conferencista internacional y autora.  Comparte sus ideas e investigación en diversas publicaciones de negocios.  Ha sido profesora invitada e investigadora en instituciones académicas de primer nivel de la región.  Por más de diez años lideró equipos para codiseñar e implementar estrategias competitivas contribuyendo al crecimiento y mejora del desempeño financiero de decenas de empresas en diversas industrias en Latinoamérica.  Economista, MBA de INCAE, Posgrado en negocios de la Universidad de Harvard, Graduada de Georgetown University de su Programa de Coaching y Liderazgo. PCC por ICF. De origen mexicano/costarricense, madre de dos niños.

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