Feliz cumpleaños para mí.
El 6 de enero me convertí en una mujer de 44 años. Cuando tenia 16, pensaba que 44 significaba estar muy cerca de la vejez.
Hoy, no solo no lo veo así, sino que me siento inusualmente bien, con gran paz, serenidad y una forma de felicidad tranquila.
Le conté a mi hermana en México cuando me felicitaba y preguntaba sobre cómo la pasé y cómo estoy, que este cumpleaños ha sido el mejor de mi vida.
¿Qué hiciste? me preguntó curiosa...
Me quedé pensando y le contesté que mi capacidad de disfrutar la vida hoy tiene que ver con cómo me siento conmigo misma.
Tendía a ofuscarme antes las altas demandas con facilidad, he aprendido a manejar el estrés.
Tendía a permitir a otros que me quitaran la paz, hoy no le cedo ese privilegio a nadie.
No había llegado a un punto en mi carrera en el cual, mis recursos, talentos, experiencia y educación, estuvieran al servicio de los otros con autonomía y con retos constantes que me mantuvieran absorta y renovada, hoy es así.
Y en mi vida personal, con mis hijos, familia y seres queridos, tengo la lucidez suficiente de los años, la experiencia y la introspección para valorar, atesorar y cultivar lo bueno y olvidar, perdonar o poner límites a lo que no lo es.
Este año, por primera vez, luego de cuatro de escribir este blog, me tomé un período excepcionalmente prolongado de vacaciones. Sentí que luego de un largo período de varios años de no hacerlo, era el momento.
Vuelvo renovada, paulatinamente.