Por: Ligia Olvera 3 septiembre, 2012

Mi obituario ¿Qué extrañaré cuando ya no esté?

“¿Cómo se habla de una amiga que ha dicho todo lo que vos quisiste decir pero lo hace mejor, más corto y de forma más divertida?”

M. Streep sobre Nora Ephron.

Nora había planeado su propio funeral en un folder titulado “exit” (salida).

Era todo un personaje y para mí, que he seguido sus escritos, su vida y a Nora, el personaje, ha sido duro aceptar que murió el mes pasado.

Nora Ephron es considerada como una de las más agudas y brillantes periodistas estadounidenses de nuestros tiempos. Nora fue también productora, guionista y directora de cine (conocida por sus guiones Harry conoce a Sally, July y Julia, Tienes e-mail, etc.).

Yo leía esta semana en su libro, No recuerdo Nada, su lista de lo que extrañaría cuando ya no estuviera (waffles, tocino, primavera, otoño, mantequilla, fuegos artificiales….) y lo que no extrañaría (brassiers, las cuentas por pagar, email, funerales, enfermedad, mamografías, quitarse el maquillaje en la noche….).

Me puso a pensar, ¿qué extrañaré cuando no esté? Y pensé…

Mis hijos

Chez Christophe

Caminar en la naturaleza

Dormir bien

Reír con ganas

La vista desde mi ventana

Cenar con amigos

Viajar

París

Tomar un buen vino

Oír llover

El olor a lavanda en mi almohada

Bailar

Ver el mar

La sensación de logro

Una tarde libre con una amiga sin presión de tiempo

Un buen libro

El olor de bebé

El olor de tierra mojada por la lluvia

Los pájaros, su canto y su vuelo

El viento moviendo las hojas de los árboles

Comer con hambre

El amanecer

Al ser la vida para todos una veloz nube pasajera (idea que se me vino a la mente del poema favorito de A. Lincoln sobre la vida de Knox titulado Mortality) pone una perspectiva de hacer lo mejor que podamos con el tiempo que tenemos.

A raíz de la muerte de Nora, he estado pensando en el siguiente ejercicio, ¿Qué me gustaría que dijera mi obituario?. Lo siento, no es un ejercicio agradable pero puede ser muy útil y cambiarnos la vida que nos queda para bien.

Si no está convencido de la utilidad del ejercicio le cuento la siguiente anécdota y tal vez decida intentarlo.

Cuentan que el Dr. Alfred Nobel que uno asocia con “premio Nobel”, leyó en 1888 en un periódico francés la noticia de que él mismo había muerto. El titular proclamaba ”El mercader de la muerte está muerto”. Nobel había inventado y patentado la dinamita; hasta ese momento ese había sido su logro. Cuentan que el señor Nobel, luego de leer el titular decidió que su legado debería ser otro y no ése.

Leer su obituario por adelantado le cambió el resto de su vida.

La práctica de escribir el obituario es común en las escuelas de periodismo, en algunos seminarios de psicología y también en talleres de escritura.

Le recomendaría que hiciera el ejercicio y lo tomara con seriedad. Al menos se tomara una hora para hacerlo. ¿Es usted de los valientes? Aquí le dejo la guía para hacerlo y hago un ensayo de obituario para mí.