Los cinco pecados comerciales de las mujeres


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1. Soy mujer (Ay qué difícil en una sociedad discriminatoria)

2. Quiero trabajar (Venga a la maquila y solo le podemos pagar esto, ¿lo toma o lo deja?)

3. Quiero ser emprendedora (No le podemos dar el crédito que requiere)

4. Me interesa exportar (¿Qué capacidad tiene para hacerlo?)

5. Me gustaría encadenarme a su producción (¿Qué vende, qué capacidad tiene, cuál es su conocimiento?)

No es una exageración, tampoco es un tema sexista porque no soy feminista. Todo lo contrario, repudio cuando en muchas ocasiones nos separan por nuestro género sin fundamento.

Sin embargo, hoy sí estoy hablando de la mujer, de la mujer ante un mundo productivamente y comercialmente globalizado, en donde aún lleva las de perder.

¿Y por qué las de perder? Precisamente por esos cinco pecados con los que empecé este texto. Muchas veces morimos en el intento y la mujer que logre superar esas trabas se convierte casi en una heroína.

La desigualdad se ha incrementado en cuanto a género en remuneración y condiciones de trabajo. Las mujeres seguimos topándonos con obstáculos que nos impiden crecer económicamente y en actividades empresariales.

A la mujer se le discrimina en temas de capacitación, contratación y remuneración. También en acceso al crédito, pues a pesar de la existencia de algunos programas por parte de las entidades financieras, se ejerce una discriminación importante.

Según el Índice de Equidad de Género (IEG) 2012, publicado por Social Watch, la participación de la mujer en la fuerza laboral es mucho menor que la de los hombres.

Tienen sueldos considerablemente menores por el mismo tipo de trabajo, y un porcentaje mayor de las mujeres trabaja en empleos vulnerables o irregulares. A esto se une que los logros inferiores de las mujeres en participación económica y empoderamiento se repiten en cada uno de los 154 países estudiados para preparar ese índice.

Según esta medición, en el tema de la actividad económica Costa Rica tiene 0,61 de igualdad entre mujeres y hombres, cuando la igualdad total es 1, es decir apenas sobrepasamos la mitad.

Cuando de insertarse el mercado productivo se trata,  lo más fácil para las empresas es enviar a las mujeres a la labor de maquila.

Según los objetivos de desarrollo del Milenio 2011 de Naciones Unidas, la brecha en el acceso de las mujeres al trabajo remunerado persiste en al menos la mitad de todas las regiones del mundo.

Después de las pérdidas de puestos de trabajo del 2008-2009, el crecimiento del empleo durante el 2010, en especial en las regiones en desarrollo, ha sido menor para las mujeres que para los hombres.

Y es que la creciente utilización de mano de obra femenina en la fabricación de productos destinados a la exportación es una constante en la producción globalizada.

Ya en 1981, Diane Elson y Ruth Pearson mencionaron en “The Subordination of Women and the Internationalization of Factory Production” el incremento del trabajo femenino en las fábricas del mercado mundial, donde las mujeres son contratadas por muy bajos salarios y en condiciones sumamente precarias.

Las investigaciones sobre la relación entre las políticas comerciales y la situación de género se han orientado en general al estudio de la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, sobre todo en los sectores de producción de textiles, electrónica, productos de cuero y agroindustrias.

Estas modalidades de trabajo constituyen las formas predominantes de la organización productiva de la mano de obra femenina en diversos países de América Latina, con especialidad en México, en Centroamérica (sobre todo Honduras y El Salvador) y el Caribe, especialmente en República Dominicana.

Cuando se trata de dar el paso para crear la propia empresa, las dificultades vuelven a aparecer.

Conseguir apoyo económico es toda una odisea y si por arte de magia obtiene ese respaldo, nada garantiza que pueda encadenarse a la producción local o global mediante exportaciones.

Y es que hasta en los países desarrollados la historia es parecida.

Un estudio de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo) concluye que por ejemplo en Canadá las mujeres empresarias han crecido en las últimas dos décadas en más del 200% y doblan en cantidad con respecto a los hombres como líderes o dueñas de pequeñas y medianas empresas, lo que es asombroso. Sin embargo, aunque las mujeres cumplen ese papel, más de la mitad cree que el tema de género es un problema a la hora de exportar.

Varias organizaciones mundiales han propuesto diversas vías para conocer las necesidades de apoyo al comercio de las mujeres empresarias ligadas a los sectores industriales, manufactura y de servicios, en los países en desarrollo.

Una de las propuestas que han surgido de informes es la urgencia de incorporar un componente genérico en los programas de servicios de exportación y programas corporativos de diversidad de proveedores que extiendan oportunidades a las mujeres empresarias para que formen parte de las cadenas globales de valor.

El panorama es sombrío y mientras tenemos esta realidad, países como Costa Rica corren la carrera de la apertura comercial y de la atracción de inversión extranjera, que sin duda son cruciales para el desarrollo del país. Sin embargo, los gobiernos, las empresas y las organizaciones están llamados a asegurarle a las mujeres que tengan igualdad de condiciones y oportunidades en los procesos productivos y en el comercio internacional. Si no se toman medidas esas desigualdades sociales se irán ensanchando, con un peso mayor para las mujeres por ser mujeres.

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Sin visa Gilda González

Gilda González Sandoval está convencida de que el periodismo lo trae en las venas. Se convenció hace poco cuando su maestra de primaria le entregó trabajos donde entrevistaba a los personajes de los cuentos. Entrevistar y escribir ha sido su oficio desde hace 23 años, cuando hizo sus primeros pasos en el Semanario Universidad. A partir de 1991 está en el Grupo Nación, excepto dos años que hizo televisión. Primero escribió de cultura y espectáculos en el diario Nación, luego hizo judiciales e investigación en Al Día. En el 2006 inició en El Financiero en la sección de economía y política. Luego lideró el nuevo proyecto de la Nación en radio, ADN, desde su arranque hasta por tres años y regresó a EF al área de Economía y Política. Nunca ha necesitado visa para moverse de un lado a otro, tampoco usted la necesitará para leerla acá.

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