Cómo conservar la biodiversidad de una forma rentable


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Latinoamérica es la región que presenta la mayor pérdida regional de poblaciones de vida silvestre, de acuerdo con el informe Planeta Vivo 2014 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).

En promedio, en los últimos 40 años la región perdió el 83% de las poblaciones de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles. Factores como la deforestación, la destrucción de hábitats, la contaminación, la cacería y la amenaza del cambio climático inciden en este problema, uno de los más graves a nivel global.

Según el Panel de Alto Nivel sobre la Evaluación Global de Recursos para Implementar el Plan Estratégico de Biodiversidad 2011-2020 de la Convención sobre la Diversidad Biológica, se necesita un mínimo de $150 billones por año para cumplir con las llamadas Metas Aichi, que buscan la conservación de la biodiversidad del planeta.

Esto significa alrededor del 0.08% al 0.25% del Producto Interno Bruto Global, lo que en realidad es muy poco comparado con los beneficios que brinda la biodiversidad en términos de servicios como la producción de agua, la fijación de carbono y la generación de alimentos y medicinas, por citar algunos.

¿Cómo lograr, entonces, obtener los recursos necesarios para conservar la biodiversidad?

Del 9 al 12 de noviembre tuvo lugar en Costa Rica el XI Congreso Latinoamericano de Reservas Naturales Privadas con la presencia de participantes de unos 14 países de la región para analizar precisamente cómo las reservas privadas han contribuido no solo a la conservación de la biodiversidad y la generación de servicios ambientales en nuestra región, sino también cómo lo han logrado de una forma rentable.

Representantes de reservas desde el Cono Sur hasta México hablaron de cómo la región ha destinado a la conservación de forma privada y voluntaria alrededor de 5 millones y medio de hectáreas integradas en 4345 reservas, que actualmente forman parte de la Alianza Latinoamericana de Reservas Privadas.

LatinClima, la Red de Comunicación en Cambio Climático para América Latina, la cual coordino, fue encargada de llevar al congreso a 10 periodistas de distintos países de la región para conocer esas estrategias de conservación.

Se trata de iniciativas privadas que bien pudieron dedicar las tierras a otros fines y que, independientemente de si los gestores creen o no en la conservación como un tema de pasión, también han encontrado la forma de hacer esta actividad rentable por medio de modelos en campos como el ecoturismo, el turismo de aventura, la investigación científica, la capacitación y hasta el desarrollo de residencias asociadas a la conservación del bosque. Todo esto genera también empleos y aporta al desarrollo local, además de que los modelos tienen el potencial de ser replicados en otros sitios de la región.

Incluso estas reservas, muchas de las cuales ni siquiera son incluidas en las estrategias nacionales de biodiversidad y de cambio climático de los países, también contribuyen de forma importante a la conectividad biológica entre áreas silvestres protegidas estatales, a la mitigación de gases de efecto invernadero y al amortiguamiento de los efectos de fenómenos extremos. Este es el caso de sequías e inundaciones, al conservar fuentes de agua y aportar al aumento en la cobertura boscosa, entre otros.

Costa Rica, como anfitriona del congreso, también mostró sus experiencias y dio a conocer que tiene mucho que aportar todavía a este tema de la conservación privada voluntaria. La Red Costarricense de Reservas Naturales agrupa actualmente a 220 socios que en conjunto representan 82.205 hectáreas de bosque.

Según Carlos Manuel Rodríguez, de Conservación Internacional, quien fuera también ministro del Ambiente de Costa Rica y uno de los oradores de fondo durante el congreso, un US$1 que se destine a conservación representa US$7 en beneficios de la biodiversidad.

Y para lograrlo, la conservación privada voluntaria también es clave.

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SOStenible Katiana Murillo

Katiana Murillo es periodista costarricense especializada en los temas de cambio climático, turismo sostenible y responsabilidad social empresarial.
Trabaja como consultora para organizaciones nacionales e internacionales.

Se inició en el campo de la sostenibilidad cuando sus mismos colegas pensaban que solo se trataba de una pasión por "pajaritos y ranitas", y ha tenido la oportunidad de introducir en este tema a periodistas de países en desarrollo y a otros actores. También ha desarrollado alianzas público-privadas.

Es actualmente coordinadora de la Red de Comunicación en Cambio Climático, LatinClima, una iniciativa impulsada por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), el Ministerio de Ambiente y Energía de Costa Rica (MINAE) y el Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente de Uruguay (MVOTMA).

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