El periódico de ayer, el periódico de mañana

El periódico de papel – y la versión digital del papel – tendrá que darnos algo más si quiere sobrevivir. 


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Willie Colón y Héctor Lavoe: Dibujo de Gaton Comix

 

Tu amor es un periódico de ayer

que nadie más procura ya leer

sensacional cuando salió en la madrugada

a mediodía ya noticia confirmada

y en la tarde materia olvidada.

 

Así cantaba hace unos cuantos ayeres Héctor Lavoe con Willie Colón, aquella gran canción del Tite Curet Alonso. El significado no podía ser más claro: ¿quién querría leer el periódico de ayer? Envoltorio de carne, papel para recoger regueros, relleno para envolver vasos o copas de cristal o, en varias capas, ideal para tapar las gracias del perro en algún rincón de la casa: para eso y no para mucho más sirven los periódicos de ayer.

Las noticias de ayer no son ya noticia, no son más las “nuevas”, término preciso que se usa en inglés para denominar a las noticias: the news.

Esa era precisamente la sensación que teníamos cada mañana al levantarnos temprano, salir a la puerta, recoger el periódico y sentarnos a leerlo con un cafecito recién chorreado: enterarnos de las nuevas noticias – valga la redundancia – y saber qué había pasado en el país y en el mundo: enterarnos, estar al día.

Pero algo ha cambiado. No sé a usted, pero a mí cada día se me hace más extraña la lectura del periódico matutino: cada mañana, al leer el periódico, me invade la dura sensación de estar leyendo… un periódico de ayer.

Cuando el periódico de hoy me da la noticia que ya conozco, no me da nada. Peor: me quita el tiempo. Eso fue lo que sentí, por ejemplo, al leer el periódico de hoy domingo. Cartago empató a tres goles con Heredia. Ya lo sabía. Neymar y su generación finalmente obtuvieron el oro olímpico. Lo supe ayer con lujo de detalles. También sé desde hace días que Laura Pausini canta en Costa Rica. Las fotos de Simon Manuel y otros dos atletas llorando con sus medallas ya habían recorrido las redes sociales y la noticia que leo en el periódico de hoy no agrega ningún detalle que yo no conociera. Hasta los obituarios están llegando tarde: la muerte en un accidente del escritor Ignacio Padilla habría sido una noticia normalmente digna del periódico de hoy, excepto porque todos pudimos leer ayer los detalles de su muerte y hasta los comentarios de colegas escritores sobre el lamentable suceso. Hoy, ya no es noticia. Pero es todavía peor: algunas de las noticias que me encuentro tienen ya más de tres días de no serlo: Uber, en alianza con Volvo, apuesta por los carros sin conductor y Twitter anuncia un nuevo filtro de calidad… eh, sí, ya lo sabía, hace días lo sabía.

Las noticias internacionales ya no nos sorprenden, simplemente pasamos la página porque ¿cómo decirlo?, pues porque ya sabíamos – por ejemplo – que Nicaragua inicia la campaña electoral con hegemonía de Ortega. ¿Por qué me lo cuentan hoy? Pero hasta noticias locales como la de la nueva cédula de identidad, resultan también old news, pues desde hace cuatro días el propio Presidente había salido mostrando la nueva cédula en todos los canales de televisión y hasta en un ejemplar anterior del mismo periódico que estoy leyendo. Y las 248 denuncias por bullying o matonismo en el MEP también las había visto ya hace un par de días.

En los temas del espectáculo la desventaja frente a los medios virtuales y las redes sociales es todavía más abrumadora. Es poco lo que el periódico de hoy nos puede decir que no hayamos sabido antes sobre Carolina Rodríguez, su título de Miss Costa Rica y su peculiar (léase: horrible) corona que asemejaba rayador de queso y que ha sido la comidilla en Facebook. El extenso artículo sobre Robert Redford: “sembrador de talentos”, lo podíamos haber leído hace cinco días en la edición digital de El Universal. La página entera sobre el fenómeno Yuya son básicamente fotos – que para quienes vimos los videos en YouTube agregan muy poco – y el brevísimo texto no aporta prácticamente ninguna información sobre por qué esto es noticia: “una sonrisa agradable de la chica de 23 años basta para que la multitud grite como loca” ah, bueno ¿y?. Ah… y no olvidemos la noticia de que Repretel ficha a la exdiputada Andrea Morales para el programa Contámelo Todo, que habría calificado como noticia de no ser por el hecho de que tiene al menos dos días de estar circulando por todos los medios ¿noticia de antier?  

Hasta con los artículos de opinión, cuando son internacionales, los periódicos de papel están teniendo problemas: ¿por qué leer hoy a Michael Lipton escribiendo sobre el desafío de la deuda corporativa de China, cuando hace ya tres días que Project Syndicate está circulando este mismo artículo en español en Internet?

¿Se están quedando sin verdaderas noticias los periódicos de papel? ¿Estarán condenados a convertirse en periódicos de ayer? ¿Estarán condenados a desaparecer?

No necesariamente, pero el riesgo es real: si lo que hacen es tratar de competir con la inmediatez del mundo digital, no lo lograrán. Si nos dan las mismas fotos, los mismos anécdotas, las mismas noticias, los mismos artículos de opinión, los mismos chismes… solo que más tarde, con menos atractivo visual y con menos emoción, terminarán desapareciendo.

Esa es una batalla imposible para los medios de papel. No es una tarea fácil: enterarse de una noticia – es decir, saber que algo ocurrió durante el día – investigar lo ocurrido, obtener datos e imágenes, redactar, revisar, editar, verificar, publicar a más tardar a las diez de la noche para que el periódico pueda ser distribuido muy temprano en la mañana y todo ¿para qué? ¿para entregarle a los lectores una versión impresa de algo sobre lo que muy probablemente ya leyó en los medios digitales y sobre lo que ya circulan comentarios, imágenes y memes en las redes sociales? La pregunta, pues, está abierta: ¿para qué servirán en el futuro – un futuro muy próximo – los medios de papel? ¿desaparecerán?

Aún hoy – en el periódico de hoy – encuentro cosas que me interesan, que me hacen leerlas. Y si reviso los periódicos de la semana, igual encuentro cosas que me resultaron útiles, interesantes, atractivas. Por lo general, son noticias, análisis y comentarios más bien locales (en lo internacional, la pelea la tienen bastante perdida). Reportajes como los relativos al expediente digital de la CCSS; al rezago del gobierno en sus metas de productividad agrícola; a la reducción de la mortalidad por cirugías cardíacas en niños; al subsidio del seguro de empleadas domésticas o las distintas posiciones sobre el establecimiento de penas alternativas para el narcomenudeo son, todos, reportajes y noticias que nos resultan interesantes y que difícilmente vamos a encontrar – con el mismo trabajo de investigación – en las redes sociales. Más aún: son noticias que nos dan material para mejorar la interacción en esas redes.

En el mundo del infotainment, de la prensa de espectáculo, también encuentro cosas que me interesan, que me entretienen. No sabía que Eric Víquez había trabajado en la filmación de Escuadrón Suicida; me enteré por la prensa de que tenía que ver “Panorama desde el Puente”, del Teatro Universitario con la Compañía Nacional de Teatro; y no tenía idea sobre la propuesta de Infibeat con los ritmos cimarrones. Algo similar ocurre con los artículos de opinión, donde los análisis y reflexiones que realizan diversos formadores de opinión en nuestro país encuentran en los medios el punto de partida del que luego saltan al mundo virtual y permiten generar debates sabrosos.

Y, claro, están los sucesos, que siempre serán material atractivo para los medios de papel pues, si bien suelen ser reportados antes – en vivo y a todo color – por la televisión, son un material que el morbo siempre hace atractivo y que podrían permitir a los periódicos aportar un poco más de detalle y, sobre todo, profundizar en los temas de fondo: ir más allá del suceso.

Desaparecer, no. Cambiar, sin duda. El papel que ayer jugaron los medios de papel: darnos las noticias – the news – ya no existe o, para ser exactos, existe cada vez menos. La inmediatez del mundo digital global es tal que nos enteraremos de lo que pasa muchos antes de que esto pueda traducirse en una noticia impresa y depositada en nuestra puerta. El concepto del “diario” como medio que me informa de lo que pasó ayer, perdió todo sentido. Pero el periodismo sigue necesitando lo que ha sido esencial en los buenos periódicos de papel: el trabajo periodístico, la investigación, el análisis, el contexto, el proceso que nos permite entender lo que ocurre, entender el suceso como algo más que un evento aislado.

Tal vez la idea misma de un “diario” ya no tenga sentido: por un lado está el espacio digital inmediato; por otro, el espacio más pausado del periódico analítico, investigativo y de profundidad que nos ofrece – tal vez con otro ritmo, probablemente más como semanarios que como diarios – sus investigaciones propias, análisis propios, su crítica de los eventos y de las propias noticias que dejan de ser tan confiables como en el viejo mundo de “la verdad impresa” (sin exagerar, que tampoco eran tan confiables). Un periodismo que avanza desde los sucesos hasta los procesos y nos brinda el contexto necesario para entender la avalancha de noticias nuevas – news – que minuto a minuto nos abruman desde los medios digitales.

El papel del papel: eso es lo que toca redefinir. Y, sobre todo, el papel del periodismo que alimente el papel y el equivalente digital del viejo papel. No será compitiendo por la novedad, ni por la foto sorprendente, ni por el chisme, ni por el espectáculo: ahí, el papel lleva las de perder porque:

…para qué leer, un periódico de ayer.  

Oye, noticia que todos saben ya yo no quiero leer.

El papel – y la versión digital del papel – tendrá que darnos algo más si quiere sobrevivir. Y creo que necesitamos que sobreviva, necesitamos – hoy más que nunca – ese buen periodismo. 

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Subversiones Leonardo Garnier

Leonardo Garnier se mueve entre la academia, la política y la comunicación. Es Catedrático y profesor de la Escuela de Economía de la Universidad de Costa Rica. Fue Ministro de Educación Pública de 2006 a 2014 y Ministro de Planificación de 1994 a 1998. Ha publicado en revistas y libros sobre temas económicos y sociales y escribió el libro "Costa Rica: un país subdesarrollado casi exitoso" junto con Laura Cristina Blanco. Es autor de libros de cuentos como "Mono Congo y León Panzón" y "Gracias a Usted", publicados por Farben-Norma en Costa Rica; y "El Sastrecillo ¿valiente?" publicado por CIDCLI en México, Brasil y Argentina. Fue el autor de la conocida columna "Sub/versiones", publicada en el periódico La Nación, ahora retomada y renovada en el blog Subversiones en El Financiero.

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