De nuevo Subversiones ahora en El Financiero


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Hoy, a invitación del blog de El Financiero, vuelven las subversiones.

Regresar a un medio distinto, en una era distinta: hace quince años no teníamos smartphones ni apps que nos dijeran cómo ir a donde íbamos, no existía Facebook ni Twitter,  leíamos las noticias por la mañana en el periódico, no sabíamos qué era un meme, nos sentíamos modernos comunicándonos por correo electrónico y, algunos, no teníamos tantas canas.

Cambia, todo cambia – cantaba Mercedes. Pero ¿cambia todo? Por eso regresan las subversiones: porque hay cosas que no cambian –o no cambian tan fácilmente. Por eso aquella primera sub/versión de setiembre de 2001 sigue tan vigente como para inaugurar con ella estas nuevas subversiones.

Subversiones

El papel aguanta lo que le pongan pero, para comunicar, hay que tener mucho cuidado. De ahí la pregunta: ¿para qué comunicamos? 'Para dar nuestra versión...' pensamos, pero luego –y con un poco más de arrogancia— agregamos '...y para influir en las versiones de otros'. Con ese doble interés en nuestra versión y la subversión, nos fuimos al Diccionario, que tomó el control de este proyecto.

Dar nuestra versión. ¿Versión? Traducción. Modo que tiene cada uno de referir un mismo suceso. Cada una de las formas que adopta la narración de un suceso, el texto de una obra o la interpretación de un tema.

Provocar, además, un poco de subversión ¿Subvertir? Trastornar, revolver, destruir. De estas tres nos interesó, por oscura, la idea de revolver, y nos sorprendieron algunos de sus múltiples significados: Menear una cosa de un lado a otro; moverla alrededor, o de arriba abajo. Mirar o registrar, moviendo y separando, algunas cosas que estaban ordenadas. Inquietar, enredar; causar disturbios. Discurrir, imaginar o cavilar en varias cosas o circunstancias, reflexionándolas. Volver el jinete al caballo en poco tiempo y con rapidez (este nos pareció muy útil en caso de caídas o metidas de pata). Volver a andar lo andado. Meter en pendencia, pleito. Alterar el buen orden y disposición de las cosas. Moverse de un lado a otro, por lo común con negación, para ponderar lo estrecho del paraje en que se halla una cosa. Nos íbamos acercando.

Las versiones resultan aún más interesantes con ciertos prefijos. Adversión, por ejemplo, puede ser aversión: la oposición o repugnancia que se tiene a alguna persona o cosa; pero también advertencia que es, entre otras cosas, el escrito, por lo común breve con que en una publicación cualquiera ¿ésta?, se advierte algo al lector. ¿Advertir? Fijar en algo la atención, reparar, observar. Llamar la atención de uno sobre algo, hacer notar u observar. Aconsejar, amonestar, enseñar, prevenir. Avisar con amenazas. Caer en la cuenta. No está mal para lo que buscamos. Y si en animadversión tenemos enemistad y ojeriza –que no nos interesan—también hay crítica, advertencia severa. ¿Crítica? Arte de juzgar de la bondad, verdad y belleza de las cosas. Cualquier juicio o conjunto de juicios sobre una obra literaria, artística, etc. Censura de las acciones o la conducta de alguno. Conjunto de opiniones expuestas sobre cualquier asunto. Murmuración. Aunque esta última nos desconcertó al inicio, su significado –conversación en perjuicio de un ausente—venía ciertamente al caso pues, mal que bien, es siempre de los ausentes que escribimos.

Si este proyecto ha de servir de diversión, como recreo, pasatiempo y solaz... también deberá serlo en tanto acción de distraer o desviar la atención y fuerzas del enemigo. Comunicar es tanto extroversión como introversión. Y comunicar como inversión no es sólo ocupar productivamente el tiempo, sino alterar, trastornar las cosas o el orden de ellas. Al final, está el inevitable riesgo de la perversión, que es siempre relativa.

Con tantas versiones... dejemos que este proyecto lo sea de subversiones.

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Subversiones Leonardo Garnier

Leonardo Garnier se mueve entre la academia, la política y la comunicación. Es Catedrático y profesor de la Escuela de Economía de la Universidad de Costa Rica. Fue Ministro de Educación Pública de 2006 a 2014 y Ministro de Planificación de 1994 a 1998. Ha publicado en revistas y libros sobre temas económicos y sociales y escribió el libro "Costa Rica: un país subdesarrollado casi exitoso" junto con Laura Cristina Blanco. Es autor de libros de cuentos como "Mono Congo y León Panzón" y "Gracias a Usted", publicados por Farben-Norma en Costa Rica; y "El Sastrecillo ¿valiente?" publicado por CIDCLI en México, Brasil y Argentina. Fue el autor de la conocida columna "Sub/versiones", publicada en el periódico La Nación, ahora retomada y renovada en el blog Subversiones en El Financiero.

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