Carro nuevo: leasing, préstamo o efectivo ¿qué es mejor?



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¡Hola de nuevo!  Hoy retomo el blog luego de unas semanas de ausencia. En los primeros días del año tuve la oportunidad de participar como Profesor Invitado en la Universidad de Northwestern (Chicago) compartiendo sobre temas de fiscalidad centroamericana con los estudiantes de la maestría en impuestos que allí imparten. Fue una gran experiencia académica y personal que requirió tiempo en su preparación y por ello el impasse en la continuidad del Blog. Así que ahora…a retomar la práctica…

El año empieza fiscalmente movido…tal y como terminó el 2012: nuevos borradores de reglamentos (Ley de Fortalecimiento y Precios de Transferencia), Impuesto a las casas de lujo, Impuesto a las sociedades, Pensiones gravadas, Impuestos de renta y cierres fiscales…en fin…mucho de qué hablar.

Y entre toda esta realidad, se nos presenta en estos días lo que debió ser Expomóvil…junto a toda la novela de su cancelación. Pero haya o no Feria, lo cierto del caso es que la Agencias de vehículos mantendrán sus ofertas y, sin duda alguna, se realizará una gran cantidad de ventas en los próximos días. Y en este contexto surge una duda que usualmente converso con amigos, colegas y clientes: Si voy a comprar un carro nuevo…¿qué me sirve más fiscalmente: un leasing, un préstamo o comprarlo en efectivo? Y también surge la otra duda ¿lo compro a título personal o a nombre de una sociedad?

El primer paso que debemos completar es determinar para qué desea el carro: será el carro utilizado para trabajar o no. En otras palabras, debemos determinar si el vehículo generará o colaborará en la obtención de rentas gravables o no.  ¿Por qué esto es importante? Pues porque un vehículo que genera rentas es un activo de capital, y por ello, podría tener un beneficio fiscal. Pero acá hay que recordar que este beneficio solo ocurre cuando el adquirente del vehículo es una entidad (persona jurídica) o un individuo con actividad lucrativa (como un profesional independiente), ya que un asalariado no tiene derecho a deducción alguna por cuanto el patrono es quien retiene el impuesto de forma directa. Con lo cual, tenemos una primera conclusión. Si usted es asalariado, no existe beneficio fiscal directo en adquirir el vehículo en efectivo, a través de un préstamo o por medio de un leasing. No obstante, puede que existan ventajas y desventajas desde el punto de vista legal que dependerá de la situación concreta de cada contribuyente, para lo cual es recomendable consultar a su abogado particular de previo a la adquisición.

Partiendo de la anterior conclusión, el beneficio dependerá de si el adquirente es una entidad o una individuo con actividad lucrativa. En ambos casos, el contribuyente tributa a partir de su base neta (renta bruta menos gastos), razón por la cual sí tiene efecto el vehículo. Veamos las consecuencias fiscales de algunas opciones.

Compra en efectivo. Si el vehículo se compra en efectivo, el contribuyente (sea la entidad o el individuo) tendrá un activo propio. De acuerdo a la Ley del Impuesto sobre la Renta, dicho activo será amortizado en el plazo de su vida útil, que en el caso del vehículo es 10 años. ¿qué significa concretamente esto? Pues que la Ley le otorga la posibilidad de deducir el costo del vehículo en un plazo de 10 años, por cuanto asume que el contribuyente debe ir “recuperando” una porción del costo del vehículo para cuando sea necesaria su reposición. Por ejemplo, si el vehículo me costó US$20.000, entonces podré deducir de mi renta bruta una suma equivalente a US$2.000, es decir, el 10% del valor del vehículo en el supuesto en que se haya optado por un método de depreciación en “línea recta”.

Compra con préstamo. Si los fondos para adquirir el vehículo se obtienen total o parcialmente de un préstamo de un tercero (sea un banco o no), debe tomar en consideración que la deducción que se tendrá será sobre la depreciación del vehículo, en los mismos términos que arriba se comentó, así como del gasto financiero (intereses y eventualmente, el diferencial cambiario).

Leasing. La figura del leasing no ha sido siempre entendida de forma correcta ni ha sido regulada de la mejor manera en nuestro país. Actualmente su regulación deriva del Decreto 32876-H, el cual establece tres tipos de leasing: operativo, financiero y operativo en función financiera.

A efectos de simplificar su análisis, diremos que en el leasing operativo, se debe asimilar la operación a un alquiler “pura y simple”, es decir, se deducirá de la renta bruta la totalidad de la cuota que el contribuyente pague. En estos casos, el bien no se registra en la contabilidad del contribuyente, ya que precisamente le pertenece a un tercero.

Por su parte, en el leasing financiero se asimila la operación a una compra-venta a plazos. Por ello, el activo se registrará en la contabilidad del contribuyente, y éste podrá deducir la depreciación (en los términos antes indicados) así como el gasto financiero derivado de éste.

Y finalmente, el leasing operativo en función financiera es una “invención tica” que presupone que el arrendante sea una entidad habitualmente dedicada a este tipo de transacciones, y que su comportamiento fiscal es prácticamente igual al operativo pero con algunas posibles limitaciones en la deducibilidad, que normalmente no se ven presente en transacciones de vehículos para uso personal o empresarial (aunque sí para otros casos como empresas de alquiler).

En definitiva, la adquisición de un vehículo es un asunto que no debe ser tomado a la ligera. Hay varias opciones, por lo que deberá consultarlas con su abogado, su contador y su eventual acreedor, a fin de poder definir entre todos la alternativa que mejor se adapte a su realidad fiscal. Recuerde: es mejor dedicarle cinco minutos a una consulta previa que luego varios días a solventar un problema.


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Tribuna Fiscal Diego Salto y José María Oreamuno

Diego Salto van der Laat. Socio de Impuestos de AFC. Doctor en Derecho Financiero y Tributario por la Universidad de Sevilla (España). Columnista, Bloguero y colaborador de El Financiero por más de 15 años. Profesor de Derecho Tributario en la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica. Ha sido profesor invitado en temas de fiscalidad centroamericana en la Universidad Northwestern (Chicago) y Complutense de Madrid (España). Considerado como uno de los asesores fiscales más recomendados del país por entidades como Chambers and Partners, Latin Lawyers, Who´s Who, The Legal 500, entre otros. Galardonado con el premio Profesional Liberal del Año por la Cámara de Comercio de Costa Rica (2011). Coordinador de la Comisión de Asuntos Tributarios del Colegio de Abogados. Presidente de la Asociación IFA Costa Rica, representante en el país de la International Fiscal Association (IFA), de la cual forma parte de su Comité Regional Latinoamericano. Autor de publicaciones y expositor de temas tributarios tanto a nivel nacional como internacional (Costa Rica, España, Estados Unidos, Argentina, Uruguay, México, República Dominicana, Alemania, entre otros). Consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en programas de capacitación a funcionarios de la Administración Tributaria, Poder Judicial, Contraloría General de la República, Procuraduría General de la República, entre otros (2003).

José María Oreamuno Linares. Socio de Facio & Cañas y de Faycatax, su Servicio de Impuestos. Escribe en El Financiero desde 1995. Ejerce como litigante. Profesor de Derecho Tributario en la Universidad de Costa Rica. Miembro fundador del Instituto Costarricense de Estudios Fiscales (ICEF) y de la asociación costarricense corresponsal de la International Fiscal Association (IFA). Tiene un postgrado en Fiscalidad Internacional por la Universidad de Castilla-La Mancha (España).

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