El creador promociona una filosofía que nutre el cuerpo, al agricultor y al planeta

Por: Kim Severson 24 noviembre
Square Roots fue iniciado por Kimbal Musk, empresario e inversionista, con la idea de capacitar a jóvenes agricultores para cultivar verduras con nada más que agua y luz LED, y luego vender la lechuga y la col rizada a los restaurantes locales y los trabajadores de oficina.
Square Roots fue iniciado por Kimbal Musk, empresario e inversionista, con la idea de capacitar a jóvenes agricultores para cultivar verduras con nada más que agua y luz LED, y luego vender la lechuga y la col rizada a los restaurantes locales y los trabajadores de oficina.

​Es fácil entender por qué algunas personas en esta ciudad de música soul y costillas adobadas en seco no saben qué pensar del multimillonario tecnológico alto y con enorme sombrero vaquero blanco, quien ha estado abriendo restaurantes y comprando terrenos que solían producir algodón.

Kimbal Musk, de 45 años, se hizo rico trabajando en el sector tecnológico al lado de su hermano mayor Elon. Ahora, quiere hacer por los alimentos lo que su hermano ha hecho por los autos eléctricos y los viajes espaciales.

Aunque Musk tiene operaciones de comida en Colorado, donde vive, así como en ciudades que incluyen a Chicago y Los Ángeles, se ha enamorado de lugares como Tennessee y Ohio —partes de Estados Unidos que él cree están más que listas para una revolución en alimentación y agricultura.

Musk promociona una filosofía que él llama “comida real”, que nutre el cuerpo, al agricultor y al planeta. No suena muy diferente a lo que han predicado durante años todas las personas que alguna vez han ayudado a iniciar un mercado rodante o un huerto comunitario.

“El alimento es este regalo hermoso que nos damos tres veces al día, pero no se podría diseñar un peor sistema alimentario que el que tenemos”, dice Kimbal Musk, quien se hizo rico trabajando en el sector tecnológico pero en el fondo es un cocinero.

Pero Musk tiene grandes ideas sobre lo que a la gente del Valle del Silicio le gusta llamar el espacio de comida, que para él es tan emocionante como lo era la Internet en 1995. “Nunca hemos visto este tipo de innovación en torno a la comida”, dijo.

Quiere crear una red de iniciativas empresariales, educativas y agrícolas suficientemente fuertes para volver a llevar al sistema alimentario a uno basado en alimentos sanos y locales cultivados en tierras libres de químicos.

Huertos de aprendizaje

“El alimento es este regalo hermoso que nos damos tres veces al día, pero no se podría diseñar un peor sistema alimentario que el que tenemos”, dice con frecuencia a sus públicos. Bajo una marca llamada The Kitchen, Musk está gastando millones de dólares en un portafolio de proyectos relacionados con los alimentos.

A Musk lo motiva más cocinar que el amor por un buen algoritmo. Cuando crecía en Pretoria, Sudáfrica, se inició en la cocina a los 12 años. Se graduó de la universidad en Canadá y ganó su primera fortuna en 1999, cuando él y su hermano vendieron Zip2 —un servicio de mapeo digital que ayudaba a periódicos, entre ellos The New York Times, a producir guías de ciudades en línea— a Compaq Computer en $307 millones.

Se volvió inversionista en las otras iniciativas de su hermano, que incluyen a PayPal y Tesla. Musk se mudó del Valle del Silicio a Nueva York y se inscribió en el Instituto Culinario Francés (hoy Centro Culinario Internacional). Tras los ataques del 11 de setiembre, pasó seis semanas como voluntario, trabajando como cocinero para los bomberos. Finalmente entendió, dijo, el vínculo entre comida y comunidad.

Musk ha iniciado una cadena de restaurantes hiperlocales llamada Next Door. Los menús presentan salmón silvestre, hamburguesas de carne de res local criada en pastura y enormes ensaladas griegas con verduras de granjas cercanas. Los precios de los platos fuertes promedian $14.

También está probando Kitchenette, un pequeño local de comida para llevar en Memphis que vende comidas producidas localmente y bien preparadas en alrededor de $5. La división sin fines de lucro de Musk, The Kitchen Community, ha puesto huertos de aprendizaje en 100 escuelas de Memphis, a los que suministra personal y materiales. Cada uno cuesta alrededor de $40.000, dinero que proviene de la Fundación Musk y de donadores locales.

Ha colocado sus huertos en escuelas en Los Ángeles, Chicago y Pittsburgh, Pennsylvania. Para el 2020, espera tenerlos en mil escuelas. La idea es enseñar a los jóvenes a cultivar verduras de hoja verde con únicamente agua enriquecida y luces LED en contenedores de carga, y vender la lechuga y la col rizada a restaurantes locales.

El año pasado, el proyecto armó 10 contenedores en el barrio neoyorquino de Brooklyn, cada uno capaz de producir la misma cantidad de hortalizas que aproximadamente una hectárea de tierra.

El ascenso de Musk ha subrayado una ruptura generacional que enfrenta a los tradicionalistas que dan la espalda a aspectos de la ciencia alimentaria emergente contra una nueva oleada de rebeldes de los alimentos que no han acogido los papeles que juegan la historia, el sabor y el placer, dijo Garrett Broad, profesor en la Universidad Fordham, en Nueva York.

“Alguien como Kimbal Musk podría ser un puente importante para unir algunas de estas ideas”, dijo Broad.Tal vez, dice Musk. Cree en el poder de la tecnología tanto como cualquiera en el Valle del Silicio. Pero en el fondo, es un cocinero.