La única manera de llegar y salir de Norilsk, Rusia, es por avión o por barco en el océano Ártico

 Hace 4 días
Vista aérea de Norilsk, Rusia, donde la gente vive en edificios de apartamentos de la era soviética. Antiguo campo de trabajo para esclavos, es la ciudad más fría y contaminada pero también la ciudad industrial más rica.
Vista aérea de Norilsk, Rusia, donde la gente vive en edificios de apartamentos de la era soviética. Antiguo campo de trabajo para esclavos, es la ciudad más fría y contaminada pero también la ciudad industrial más rica.

Bendecida con una cornucopia de metales preciosos que están enterrados debajo de un desierto de nieve, pero tan carente de la luz del sol que las noches nunca acaban durante el invierno, Norilsk, a 320 kilómetros al norte del círculo polar ártico, es un lugar de extremos brutales.

Es la ciudad industrial más contaminada y fría de Rusia, además de ser la más rica: al menos si se le mide por el valor de sus vastos depósitos de paladio, un mineral raro que se usa en los teléfonos celulares y se vende a más de $1.000 por onza.

También es oscura. A partir de esta época, el sol deja de salir, lo cual cubre a Norilsk con una noche perpetua de invierno polar. Este año, el apagón comenzó el miércoles pasado.

“Aquí murieron los últimos mamuts salvajes. Cuando excavaron para los cimientos de los edificios, encontraron los huesos de los animales”, dice Vladimir Larin, un científico que vive en Norilsk.

Construida sobre los huesos de prisioneros que eran obreros esclavos, Norilsk comenzó como un puesto fronterizo del Gulag de Stalin, un lugar con condiciones tan duras que, según un estimado, de los 650.000 prisioneros que fueron enviados ahí entre 1935 y 1956, alrededor de 250.000 murieron de frío, hambruna o trabajo excesivo.

Sin embargo, más de 80 años después de que Norilsk se volviera parte del archipiélago Gulag, nadie sabe en realidad cuánta gente estuvo ahí haciendo trabajos forzados o cuántos murieron.

El sistema de campamentos de Norilsk, conocido como “Norillag”, se cerró en 1956, cuando Nikita Khrushchev comenzó a desmantelar los peores excesos que cometió el estalinismo. Sin embargo, el legado de control represivo perdura con las restricciones de ingreso a la ciudad.

Ciudad prohibida

Todos los extranjeros tienen prohibido visitarla sin un permiso del Servicio Federal de Seguridad de Rusia, el sucesor postsoviético de la KGB. “Norilsk es una ciudad especial; surgió gracias al uso de la fuerza”, afirmó Alexander Kharitonov, el dueño de una imprenta en ese lugar. “Es como una sobreviviente. Si no hubiera sido por Norilsk, habría habido otro principio de vida en el Ártico: vienes, trabajas, te congelas… y te vas”.

Los residentes de Norilsk se han quedado y han convertido un terreno ártico salvaje e inhabitado, salvo por algunas personas autóctonas desperdigadas, en una ciudad industrial salpicada de chimeneas humeantes entre bloques de apartamentos de la era soviética y las ruinas de las que fueron barracas para presos.

La población bajó de forma drástica después del colapso de la Unión Soviética en 1991, que mandó a la economía en picada.

De nueva cuenta ha aumentado el número de personas, así como las fortunas económicas de Rusia. En la actualidad, cerca de 175.000 personas viven todo el año en Norilsk. Más allá de la ciudad, la cual se encuentra al noreste de Moscú, en el norte de Siberia, se extiende un territorio inexplorado interminable que básicamente está inhabitado. “Todo lo demás es un enorme terreno inhóspito con una naturaleza agreste y sin personas”, aseguró Vladimir Larin, un científico que vive en Norilsk. “Aquí murieron los últimos mamuts salvajes. Cuando excavaron para los cimientos de los edificios, encontraron los huesos de los animales”.

Los huesos de los presos de aquella época también siguen reapareciendo cada año, cuando el invierno termina por fin en junio y la nieve derretida saca a la superficie los restos enterrados de un pasado funesto que, por lo menos según los recuentos oficiales, en su mayor parte ha sido sofocado.

Algunos residentes son la descendencia de quienes trabajaron como esclavos, y se quedaron simplemente porque era demasiado difícil dejar un lugar que es tan remoto que los locales se refieren al resto de Rusia como “el continente”. No hay caminos o líneas del tren que conecten a Norilsk con partes de Rusia fuera del Ártico. La única manera de llegar y salir es por avión o por barco en el océano Ártico.

Sin embargo, muchos residentes llegaron atraídos por la promesa de salarios relativamente altos y trabajo constante en la industria metalúrgica de la ciudad, un complejo extenso de minas y fundidoras que pertenecen a Norilsk Nickel. Esta empresa surgió de la privatización de una empresa que era del Estado y que ahora es la productora de paladio más grande del mundo, así como una de las proveedoras más importantes de níquel, cobre y otros metales.

Desechos tóxicos

También es una de las generadoras de contaminación más grande del mundo, la cual ha convertido un área del doble de Rhode Island en una zona muerta de troncos sin vida, lodo y nieve. El problema llegó a tal grado que hubo un momento en que la empresa expulsaba más dióxido de azufre al año que toda Francia.

Desde entonces, ha tomado medidas para reducir la expulsión de desechos tóxicos, pero el año pasado la culparon de haber hecho que el Daldykan, un río que pasa por la planta, se volviera un flujo de viscosidad roja. Los locales lo llamaron el “río de sangre”.

A pesar del clima terroríficamente frío, de la contaminación asfixiante y de la ausencia de luz del sol desde noviembre hasta enero, muchos residentes sienten un orgullo salvaje por Norilsk, y también por su propia capacidad de supervivencia en un entorno que encontrarían intolerable incluso los rusos más duros de otras latitudes.

El invierno pasado, las temperaturas cayeron hasta menos 62 grados Celsius (menos 80 grados Fahrenheit), y el inicio del invierno de este año ha sido implacable, con temperaturas en noviembre que ya habían llegado a cerca de menos de 20 grados Celsius, casi menos 4 grados Fahrenheit.

La gran parte del trabajo y el tiempo libre sucede bajo techo, en particular durante el periodo invernal de oscuridad perpetua. Hace poco tiempo, la vida dentro de la ciudad se volvió bastante menos monótona gracias a un avance que se llevaba esperando mucho tiempo: después de décadas de servir a la economía digital suministrando materiales necesarios para hacer teléfonos celulares y computadoras, Norilsk obtuvo su primer servicio de internet fiable.

No obstante, aun cuando no tenía Internet, la ciudad ya había reproducido como mejor había podido las comodidades de una urbe normal de Rusia. La Universidad de Artes de Norilsk ofrece clases de ballet. Norilsk Greenhouse, una empresa local, produce pepinos en refugios con calefacción, mientras que el Bar Zaboi brinda cerveza local y música en vivo a los juerguistas.

El gerente del bar, Anton Palukhin, de 30 años, quien se mudó a Norilsk con sus padres desde Kazajistán cuando tenía 5 años, comentó que sigue teniendo problemas con el clima y que siempre que viaja de vacaciones a lugares más cálidos de Rusia detesta tener que regresar al Ártico. “En verdad no quiero volver; estoy listo para dar lo que sea con tal de no tomar el vuelo de regreso”, afirmó. De todos modos, lo sigue tomando.