Alexis Tsipras, 100 días de confrontación entre Grecia y sus prestamistas

El primer ministro griego, de 40 años, tuvo que enfrentarse a la cruda realidad menos de un mes después de su victoria en las legislativas del 25 de enero: ante las arcas vacías del Estado, firmó una extensión del plan de ayuda


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Atenas. - El gobierno de Alexis Tsipras lleva cien días en el poder sin poder disfrutar de ningún estado de gracia, atrapado entre las promesas de la izquierda radical y la dura realidad de las negociaciones con los prestamistas de Grecia.

Había prometido a sus compatriotas que iba a "pasar la página" de la austeridad desgastante en vigor desde hace cinco años a cambio de unos préstamos colosales de 240.000 millones de euros de acreedores que se resisten a desembolsar los últimos tramos.

Pero Tsipras, de 40 años, tuvo que enfrentarse a la cruda realidad menos de un mes después de su victoria en las legislativas del 25 de enero: ante las arcas vacías del Estado, firmó una extensión del plan de ayuda comprometiéndose a presentar, como sus predecesores, "una lista de reformas".

El acuerdo, concluido in extremis el 20 de febrero, fue precedido de una gira europea de Tsipras y de una larga conversación telefónica con la canciller alemana, Angela Merkel.

El primer ministro esperaba poder convencer a sus socios de la necesidad de reestructurar la enorme deuda griega (175% del PIB), pero sus homólogos insistieron en el "respeto de los compromisos de Grecia" ante cualquier discusión de la deuda.

Desde entonces, la famosa "lista de reformas" va y viene entre Atenas y Bruselas, y sigue sin estar finalizada.

Logros

La principal victoria de Alexis Tsipras es simbólica. Logró cambiar el nombre de la odiada "troika" de expertos de los acreedores - UE, BCE, FMI -, que desembarcaba en Grecia, desde 2010 cual colono, para controlar las cuentas de los ministerios.

Ha sido reemplazada por el "Grupo de Bruselas", compuesto por representantes de estas mismas instituciones junto con los de Atenas. Todos se reúnen ahora en la sede de la Comisión en Bruselas y esta nueva composición hace menos lacerantes las visitas de los expertos a Atenas.

Tsipras también ha puesto en marcha algunas promesas electorales, haciendo votar en el Parlamento medidas financieras para paliar la "crisis humanitaria" que ha dejado la austeridad, instaurando una ley que facilita el reembolso de las deudas de particulares con el Estado o restaurando la televisión pública, ERT, que fue clausurada brutalmente a mediados de 2013 y reemplazada por NERIT, en una versión mucho más reducida.

Partidario de una solución "justa, viable y mutuamente útil" entre Grecia y sus acreedores, Tsipras suele intervenir cuando los debates entre expertos se enquistan para relanzar la máquina por la vía "política".

Así, en marzo, obtuvo una minicumbre sobre Grecia con los máximos dirigentes europeos, entre ellos Angela Merkel y el presidente francés François Hollande, al margen de la cumbre europea de Bruselas.

Cuatro días más tarde, el que fuera implacable látigo de Alemania, fue a reunirse con Angela Merkel en Berlín, una visita inimaginable tres meses antes.

Angela Merkel prometió ayudar a Grecia a seguir en la zona euro, mientras que Tsipras reconocía que "es falso y simplista culpar únicamente a los extranjeros de los problemas de Grecia".

Pendientes

Pero las cosas no han mejorado. Todas las agencias de calificación han bajado la nota de la deuda de Grecia y los analistas rivalizan en imaginación para bautizar los escenarios de impago del país que contemplan: "Grexit" (Greece-exit, salida de Grecia de la zona euro), "Grexident" (salida a raíz de un accidente de pago), o "Grimbo" ("Greece in limbo", es decir, un peligroso estado de incertidumbre prolongado).

La semana pasada, Alexis Tsipras dio un golpe de timón y redujo el papel en el exterior de su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, poniendo en un papel preponderante a su viceministro de Relaciones Exteriores Euclide Tsakalotos, más "compatible con Bruselas".

Con cierto éxito, pues las negociaciones parecen reanudarse. Pero subsisten "líneas rojas" sobre el derecho al trabajo y la jubilación, que Tsipras no puede traspasar salvo que se ponga en contra a la izquierda de su partido. Es "aparentemente, el mayor problema que impide a Alexis Tsipras" concluir un acuerdo con los acreedores, estima Thanassis Diamantopoulos, profesor de ciencias políticas en la Universidad Pantion de Atenas.

El tiempo apremia. "No hay dinero en la economía griega", dijo el lunes el portavoz de Tsipras, Gabriel Sakellaridis. "La extensión de las negociaciones genera riesgos que nadie debe ignorar", advirtió el sábado el diario liberal Kathimerini, que recuerda el posible colapso de hospitales y servicios públicos.

Grecia debe reembolsar 12.500 millones de euros antes de finales de agosto al FMI y al BCE.

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