Alianza del Pacífico: un sí lejano

Presidente aseguró que ingreso al bloque no sería apropiado de no aprobarse un plan fiscal de previo

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    Gráfico: Envíos a países miembros de la Alianza
    / 06 MAY 2016

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La incorporación de Costa Rica a la Alianza del Pacífico debe esperar. Eso quedó claro cuando en su rendición de cuentas, el presidente Luis Guillermo Solís Rivera supeditó el ingreso a ese bloque a la aprobación del paquete tributario que espera en la Asamblea Legislativa.

LEA: Discurso presidencial del 2 de mayo

Ya estaba dicho. En campaña, el hoy presidente aseguró que frenaría la negociación y la firma de nuevos tratados de libre comercio de resultar electo.

La revisión de los 13 tratados comerciales ya existentes era la prioridad, y se mantiene.

En el caso de la Alianza, desde la administración Chinchilla Miranda se pretende que Costa Rica sea el quinto miembro del bloque regional, junto a México, Colombia, Chile y Perú.

Desde entonces se han encargado varios estudios para poder determinar cómo impactaría el ingreso a la Alianza al sector productivo. Hasta el momento, la conclusión de ninguno de estos estudios provocó una decisión política.

Así, mientras las economías mundiales se alían en megaacuerdos regionales y dibujan una nueva corriente de cómo hacer comercio internacional, Costa Rica aun no se sube a la ola.

Los países de la Alianza tienen un producto interno bruto (PIB) per cápita promedio de $14.226, y reúnen el 38% de la producción de América Latina. Adherirse a ellos sería una forma de enfrentar al Acuerdo Trans Pacífico de Cooperación.

Primero la reforma

Como una barrera más, Solís aseguró que el país requiere de mayores armas de competitividad para que los productores puedan enfrentar economías sólidas como las que integran la Alianza.

Para ello, primero es necesario que recursos frescos lleguen a las arcas del Gobierno a través de una reforma fiscal. Algo que se ve lejano en Cuesta de Moras.

“Si vamos a poner a competir a nuestros productores en esos espacios, yo quiero que entren con las manos sueltas no amarradas. Necesitamos darles más capacitación , más tecnologías y más posibilidades de acceder a mercados regionales”, dijo Solís en conferencia de Consejo de Gobierno.

Las intenciones del Ejecutivo de ponerle pausa a un sí definitivo al acuerdo chocan con las críticas de un sector exportador que cataloga de error la decisión de postergar la entrada al bloque.

Si bien el presidente ha salido a desmentir que la Alianza del Pacífico sea una moneda de cambio para que se aprueben más impuestos , lo cierto es que sin reforma fiscal el Gobierno no propiciará la adhesión.

“Sin plan fiscal no vamos a tener los recursos necesarios para las mejoras que el país necesita, entonces lo que vamos a producir en automático es una matanza de productores nacionales”, dijo Solís en conferencia de prensa.

Sin embargo, la incorporación a la Alianza nunca estuvo entre sus prioridades.

En su capítulo de comercio exterior del Plan Nacional de Desarrollo 2015-2018, el Gobierno se impuso como meta más cercana la negociación de instrumentos comerciales que promovieran la integración regional en América Latina, no así, su aprobación.

Es más, para el segundo año de mandato el Ministerio de Planificación (Mideplan) da por aprobado en un 100% los retos planteados en ese rubro.

Se asegura que con respecto a la Alianza del Pacífico, se logró continuar el proceso de información y consulta con la sociedad civil y hasta se celebraron reuniones con distintos sectores productivos.

En esta línea el país se había planteado la realización de dos estudios técnicos que aportarían datos sobre la conveniencia y el impacto que tendría para Costa Rica obtener o no la membresía.

El ministerio de Comercio Exterior estrechó alianzas con la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y con la fundación Konrad Adenauer para el análisis. Los resultados no fueron suficientes para definir el interés del Gobierno de dar el paso.

Costa Rica tiene pocos sectores sensibles según estudios sobre Alianza del Pacífico

Pese a los dictámenes trabajados desde Comex, el Presidente insiste en que se debe propiciar un debate nacional “como nunca hemos hecho respecto de temas de comercio exterior”.

El ministro de Comercio Exterior, Alexander Mora, agrega: “Esos estudios no salieron a la luz pública, se quedaron en el seno del Ejecutivo, y eso es lo que quiere el Presidente, que la gente los conozca y aporte”.

Pros y contras

Los países que componen la Alianza atraen casi un 60% de la Inversión Extranjera Directa (IED) que llega a Latinoamérica y tienen la facilidad de negociar en bloque con los países asiáticos.

Desde el sector empresarial, la posible adhesión es vista con buenos ojos.

Para cámaras como las de Comercio y de Exportadores, se trata de un escenario que vendría a generar más empleo y a profundizar la relación con economías más dinámicas.

En la acera de enfrente, organizaciones agrícolas se oponen al acuerdo. Juan Rafael Lizano, presidente de la Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria, advirtió que el sector agropecuario se encontrará en seria desventaja, pues en lugar de representar una opción complementaria de abasto se convierten en una amenaza por ser economías fuertemente competitivas.

El mundo sigue girando

Más allá de ventajas o desventajas puntuales, se plantea el hecho de que el mundo avanza hacia una mayor integración, hacia la suscripción de acuerdos megarregionales que permitan eliminar barreras al intercambio de bienes y servicios.

Dependerá de cuán conectada esté una economía la posibilidad que se tenga de integrarse a altas cadenas de valor.

En Presidencia se asegura que se continuarán las conversaciones con los presidentes de los países de la Alianza con el único objetivo de mantener latente el interés de Costa Rica de formar parte del proceso.

Mora, además, asegura que las discusiones a lo interno se centrarán en los procesos de apertura con Colombia y Perú, pues la evolución natural de los tratados con los otros dos países ya van muy adelantados.

De los cuatro países miembros, Costa Rica solo no tiene un TLC con Colombia vigente.

En el caso de México y Chile, la autoridad de comercio afirma que las desgravaciones arancelarias se ubican en un 98% y 96%, respectivamente.

“Tenemos el reto mayor con Colombia de acelerar o desgravar bienes y establecer líneas arancelarias con ellos, pero de llegar a la Alianza, ya se podría tener un avance importante”, agregó Mora.

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