ECONOMÍA Y POLÍTICA

Melvin Jiménez, Víctor Morales Zapata y Mariano Figueres: Los hombres del Presidente

Los tres son sus piezas de confianza desde la precampaña

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Lo sacaron del ostracismo político, le ayudaron a armar en semanas la estructura partidaria que no tenía, le movieron grupos de votantes a su favor, incidieron en su triunfo electoral y hoy son sus principales bastiones en el esquema gubernamental.

Mariano Figueres, Melvin Jiménez y Víctor Morales Zapata son los hombres del presidente Luis Guillermo Solís.

Son sus amigos, hombres de su confianza y a quienes consulta con frecuencia. Por ellos ha tenido que mover su músculo político para defenderlos de las fuertes críticas en las que se han visto envueltos los tres, ya sea en la campaña o durante casi cinco meses de gobierno.

Son, como dicen los estadounidenses y los ingleses, su gabinete “de cocina”: el equipo más cercano de apoyo.

Jiménez es el obispo luterano que figura como su mano derecha en el Ministerio de la Presidencia y a quien conoció desde la secundaria en el Colegio Metodista.

Por su liderazgo en ese grupo religioso y sobre todo su relación estrecha con organizaciones no gubernamentales durante un cuarto de siglo, le aportó adeptos desde la precampaña.

Pese a los cuestionamientos por la posible ilegalidad de ocupar un puesto en el Gobierno teniendo esa condición religiosa, Solís lo ha defendido a capa y espada y ahora será la Sala Constitucional la que brinde la última palabra sobre su futuro, tras un recurso pendiente de resolver.

En el caso de Figueres fue su compañero “de renuncia” al Partido Liberación Nacional (PLN).

Juntos doblaron y guardaron para siempre la bandera verdiblanca en La Lucha.

Como uno de los líderes del movimiento No al TLC, el hijo del tres veces presidente José Figueres Ferrer, también abonó simpatizantes provenientes de esos grupos sociales a la aspiración presidencial de Solís .

Además, en la campaña puso sobre la mesa su expertise en las relaciones con las comunidades.

Antes de llegar a Zapote, el mandatario dijo que no le asignaría un cargo, pero el 8 de mayo lo anunció como el nuevo director de la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), a pesar de que la posición del PAC siempre fue cerrar la entidad por considerarla policía política sin control.

Por su parte, Víctor Morales Zapata, con presencia en la estructura cooperativista por décadas, también medió para que ganara seguidores en ese grupo con presencia en todo el país.

Morales fue cuestionado en su propio partido por una acusación penal que tuvo a inicios de los años noventas, en la que concilió y evitó ir a juicio.

Esta información no había sido dada por él a la Asamblea Nacional del PAC y Ottón Solís dijo que esa condición no le otorgaba el derecho a formar parte de la fracción legislativa. Aún así, Solís lo acuerpó y es diputado.

No obstante, desde el 1° de mayo Morales está exiliado de esa fracción y hace cinco semanas, el Tribunal de Ética del PAC le ratificó la suspensión, por un año, de la militancia partidaria.

“Puede ser que incluso no coincidan ideológicamente y siempre es un riesgo del Presidente, pero así funciona. Todo Presidente tiene sus hombres y mujeres que los hacen prima donnas porque manejan altas cuotas de poder político”, analiza el politólogo Francisco Barahona.

Y lo tocaron y...

Cuando Luis Guillermo Solís tenía nulo caudal político en el PAC e incluso las posibilidades más concretas apuntaban a Juan Carlos Mendoza y Epsy Campbell –quienes sí contaban con estructura partidaria–, Jiménez, Figueres, Morales y otros, como Juan Manuel Villasuso y Alberto Salom, lo instaron a que se lanzara de precandidato.

Lo tocaron y lo hicieron oro.

Solís no era un hombre de trayectoria formal institucional en ese partido ni mucho menos un hombre fuerte.

Tampoco había tenido puestos dentro de esa agrupación política nacida en el 2000, ni había tenido cargos de relevancia política cuando militaba en las tiendas de Liberación Nacional.

El trabajo que había que hacer con él era grande, pero un contexto de malestar social, desgano ante la política tradicional y la búsqueda de un cambio lo esperaban en el horizonte político.

“El Presidente tiene que estar muy agradecido con ellos porque es gente que lo acompañó cuando no era nada en el mundo político”, dice el politólogo Constantino Urcuyo.

Los tres se encargaron de desarrollar ese proceso de estructura que necesitaba Solís para ganar la convención del PAC. Ayudaron con su fortaleza de tener acceso a estructuras donde habían formado parte en el pasado.

Cuando Solís se convirtió en el candidato oficial del PAC, juntos inician la campaña y montan el esquema de candidatura, con ayuda del asesor Iván Barrantes.

Jiménez asumió la jefatura de campaña, Mariano al que siempre ha llamado “hermano”, fue su íntimo asesor y Víctor su estratega nacional.

Con esos apoyos resuelve la estructura partidaria que no tenía y gana las elecciones presidenciales en la segunda vuelta el 6 de abril del 2014.

“Melvin le aporta visión del mundo, Víctor contactos en todo el país que Luis Guillermo no tenía y Mariano política partidista y apellido”, dice el politólogo Manuel Rojas.

Hora de la verdad

Hoy, los tres siguen en su carrera de consolidarse como sus hombres de confianza para el cuatrienio, al igual que Rodrigo Arias lo fue para Óscar Arias y René Castro, Francisco Chacón y Anabel González para Laura Chinchilla.

En el gobierno actual, Melvin Jiménez es quien maneja el poder y lo ejecuta sobre diversos temas y ante todos los sectores.

Él, junto a Víctor Morales Zapata, son los grandes articuladores de nombramientos en juntas directivas y gerencias de las distintas instituciones públicas.

A pesar de su exilio de la fracción del PAC, Morales es la voz del Presidente en el Congreso y ya incluso ha sacado más la cabeza para enfrentarse a los ataques de su compañero Ottón Solís.

Figueres ha bajado su perfil ante la opinión pública, pero se le ve muy activo por los pasillos de Casa Presidencial sin dejar de asesorar al mandatario.

Los tres hombres conocieron desde el principio el papel de cada uno, no se pisan los talones, cada uno está donde le corresponde y eso facilita las cosas para Solís.

Han avanzado juntos, pero la concreción de sus labores está por verse conforme camine el gobierno que concluye en el 2018.

Al final del camino, el resultado de los distintos trabajos que desarrollen será responsabilidad del Presidente.

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