Gerente de Coopenae: Un líder que se mezcla con sus empleados

En Coopenae, José Eduardo Alvarado reinvindica una gerencia que resalta el valor del empleado

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Los correos electrónicos que dirige a sus subalternos siempre los sella con tres letras: LQM.

Así les recuerda a sus empleados que los quiere mucho y que son piezas claves en la organización.

No solo es el gran jefe. También es el consejero y entrenador de su personal y se siente con la autoridad moral para hacerlo, como parte de un estilo de liderazgo en peligro de extinción: el líder que se mezcla con sus empleados.

Así ha sido José Eduardo Alvarado Campos desde que, a sus 26 años de edad, asumió la gerencia general de la Cooperativa Nacional de Educación (Coopenae), hace tres décadas.

Desde la llanura

No le gusta que lo vean en el Olimpo, ni que a su alrededor se encienda el juego de pólvora. “Lo que me ha dado solidez en este puesto es hacer feliz a la gente y traducirlo, además, en los servicios, para hacer felices a los clientes”.

El trabajar con los empleados, darles su lugar, liberarles el talento, brindarles confianza y motivarlas son las rutas básicas para su gestión, pues está convencido de que si motiva al personal, los resultados son altos.

“Muchos gurús escriben de esta forma de gerenciar. Yo puedo contarles mi experiencia y sin cobrar un cinco”.

Alvarado llegó a ese puesto, cuando él mismo reconoce no era ni potencialmente el candidato.

Pasó de hacerse acompañar por la máquina de escribir a una computadora, una tableta y un moderno teléfono celular.

Con ese estilo patriarcal de gerenciar y rodeado, como él mismo dice, de un personal de poca rotación, pasó de tener 12 empleados, en 1982, a un total de 475 en la actualidad.

Inició su cargo con ¢25 millones en activos, hoy tienen ¢430.000 millones. El crédito fue en aquel entonces ¢12 millones y ya suman ¢289.000 millones.

El número de asociados también creció exponencialmente. Hace 30 años contaban con 2.000 socios; ahora alcanzan 85.000.

Estos números son su carta de presentación para confirmar que como gerente convirtió a Coopenae en la cooperativa más grande del país, por volumen de activos. “Los nuevos gerentes deberían seguir este camino. El secreto es trabajar con la gente. Nos permitiría construir una mejor sociedad y como país poder potenciarnos, hacerlo mejor”.

De Golfito a San José

Tercero de cuatro hermanos, Alvarado nació y creció en Golfito, al lado de sus padres, a quienes define como “labriegos y sencillos”.

Bajo el fuerte calor característico de esta zona, con el mar de un lado y la bananera de otro, recorría desde los 9 años las calles para ganarse sus primeros cincos.

Primero le ayudó a doña Panchita a vender verduras, frutas y huevos. Luego, ayudó con la venta del pan a doña Anita.

Más tarde trabajó en la compañía embotelladora de Golfito y posteriormente cobró por limpiarle los palos de golf a la esposa del gerente de la compañía bananera. “Después del trabajo, la señora me regalaba un sánguche y una Coca Cola, imagínese lo que significaba para mí”, recuerda.

Para que pudiera estudiar, sus progenitores lo enviaron, junto con sus hermanos, a vivir en Desamparados, en una casa que su padre construyó a duras penas.

Así logró graduarse en administración de empresas. “Yo le enseñé a papá a sumar, restar, leer y escribir y en medio de esa sencillez logró grandes cosas para toda la familia. Tengo mucho de papá como visionario y de mamá como trabajadora”.

Esas raíces lo han acompañado a lo largo de sus 56 años y a ese origen le atribuye gran parte de lo que es, incluida su inclinación humanística.

“Las personas somos muy frágiles y por cualquier cosa perdemos la perspectiva. Nos olvidamos muy rápido de que detrás de nosotros hay un montón de gente. Yo eso lo tengo muy claro”.

El “10” de Coopenae

Para Alvarado, jugar en el equipo de fútbol de Barrio México, en Primera División, hace más de 30 años, no es muy diferente de ser el gerente general de Coopenae.

La posición es la misma. En la cancha, él era el cerebro del equipo, el volante creativo; en la cooperativa, evolucionó para ser el distribuidor del juego.

Para él, su función actual es similar a la que hacía en el césped: recibir bien la pelota, pasar la responsabilidad y ver las mejores oportunidades para anotar.

“Yo era como un “10” en el equipo. Todo el fútbol pasa por los pies de esa persona. Cuando se está gerenciando es lo mismo. El negocio es igual, aprovechar las oportunidades”.

Y es que “gerente pasador” ha aprovechado bastantes oportunidades en esa silla.

Elevó el nivel del servicio al cliente. Se enfocó en conocer las necesidades de los usuarios, bajo el lema de que en Coopenae nada está terminado, todo está por hacer.

Ese hacer, para él, es seguir mirando para arriba, como cuando niño se paraba frente a algún árbol en Golfito. “Eran árboles grandes y a veces era más difícil bajarse”.

Igual le ha ocurrido como gerente y ha tenido que desarrollar estrategias en ambas vías. Lo seguirá haciendo, según dice, por pocos años más, porque no quiere pensionarse en ese cargo.

Mientras tanto, tiene muy claro que, al igual que cuando miraba las copas de los árboles, debe seguir mirando para arriba. Incluso con los bancos. “También me voy a subir a ese palo. Nunca voy a dejar de ver para arriba”.

Más datos

Nombre: José Eduardo Alvarado

Formación: Licenciado en Administración de Empresas.

Edad: 56 años.

Estado civil: Casado.

Trayectoria profesional: Laboró para Gerber, Dinadeco y ahora en Coopenae.

Sostenbilidad y financiamiento