Los cien días de Luis Guillermo Solís en la balanza

Dificultades de acomodo, contradicciones y falta de experiencia complicaron arranque del Gobierno


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La ilusión del cambio que promovió Luis Guillermo Solís durante la campaña trastabilló en el arranque de su administración, y aún no presenta al país con claridad la ruta por la que caminará.

Varios elementos distrajeron al Gobierno de las promesas con las que endulzó a 1,3 millones de electores que creyeron en darle una oportunidad de gobernar al opositor Partido Acción Ciudadana (PAC).

Entre ellos están la huelga de educadores heredada por la administración anterior y las dificultades de acomodo propias de un gabinete compuesto en un 34% por académicos que tuvieron que aprender el teje y maneje del Gobierno sobre la marcha.

La administración de Solís debió también lidiar con las contradicciones entre lo dicho en campaña y lo hecho ya en el poder y el choque de opiniones con algunos líderes históricos del PAC. Todo esto se unió para impedir avances destacables durante los primeros tres meses de Solís en el poder.

Entre la promesa y el hecho...

La suma de esos factores arroja como resultado un Gobierno montado sobre la inercia de la administración anterior.

Aún todo está a la espera de que se le aplique esa fuerza que implica un golpe de timón.

Por ahora la cautela se impone mientras el presidente prepara su informe de los cien días, el cual someterá a consideración de los diputados a finales de agosto.

En su discurso enumerará los "nudos problemáticos" que le han impedido concretar sus principales promesas de campaña.

Entre esos compromisos sonados que chocaron contra un muro está la disminución en el costo de la energía eléctrica. Esta tarea se calificó como urgente en los discursos de plaza pública pero Solís la remitió a una comisión encargada de buscar soluciones en los próximos 16 meses. Lo mismo sucede con los combustibles.

En junio el ministro de la Presidencia, Melvin Jiménez, reconoció que las nuevas autoridades se percataron de que no estaba en sus manos acelerar acciones para alivianar la carga del precio de los combustibles.

Otra contradicción se materializó cuando Casa Presidencial emitió un decreto para designar a los representantes de los trabajadores en la junta directiva del Banco Popular, a pesar de que Solís dijo que abandonaría la intervención de la junta directiva decretada por Laura Chinchilla.

La semana pasada el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) anunció que transformará el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) en el Instituto Nacional de Infraestructura, pero en campaña Solís no titubeó al decir que lo cerraría.

Francisco Llobet, presidente de la Cámara de Comercio, reclamó al mandatario el incumplimiento de esos compromisos.

Alargar decisiones sobre el costo de los combustibles y de la electricidad también impactaría la credibilidad del Ejecutivo.

Pero las luces de alerta todavía no se encienden para todos.

"Pese al impacto que tiene no haber cumplido varias de esas promesas, el Gobierno no ha cometido ningún 'pecado mortal'; se pueden atribuir a problemas de arranque naturales", opinó el analista Constantino Urcuyo.

También sería atribuible a esa problemática el hecho de que el Ejecutivo aún no cuente con una estrategia para comunicar sus acciones y objetivos, como lo reconoció a EF el ministro Melvin Jiménez

El jerarca no considera esa carencia como delicada, empero, el politólogo liberacionista Daniel Calvo incluyó la falencia en la lista de temas urgentes de resolver pues la interpreta como un síntoma de falta de claridad en los objetivos de la Presidencia.

"Ha habido mucha descoordinación. Eso afecta el diálogo que se había catalogado como prioritario", opinó Juan Ramón Rivera, presidente de la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR).

La división en la fracción del Partido Acción Ciudadana (PAC) también caracterizó el arranque del Gobierno, con un Ottón Solís navegando con bandera propia y alejado del Poder Ejecutivo.

Sus discrepancias de orden ético con figuras clave del entorno más cercano del presidente Solís lo han convertido en una piedra en el zapato del Gobierno.

Aún en ese panorama, los analistas ven buenos signos de lo que ofrecería el Gobierno cuando concrete objetivos

"Ojalá (el informe de los cien días) sea una pieza de estrategia política que comunique con claridad dónde estamos parados, adónde quiere llegar el Gobierno, y que hable con realismo de los sacrificios para llegar ahí".

Eso es lo que espera el politólogo Jorge Vargas Cullell, es lo que espera, también, el país.

Virtudes de Solís

Tranquilizar a inversionistas: Una de las primeras decisiones del presidente fue tranquilizar a potenciales inversionistas tras la salida de Intel del país. La estrategia dio resultados.

Recorte en presupuesto: Casa Presidencial emitió una directriz para eliminar gastos superfluos por el orden de los ¢40.000 millones y decidió poner tope a las pensiones de lujo.

Negociación salarial: Gobierno escuchó a sindicatos y aceptó su propuesta de ajuste salarial para los burócratas, así cosechó un aliado que podría ayudarlo en el futuro.

Mantiene la empatía: El presidente se mantiene cercano al pueblo y le ha abierto la puerta de su despacho a los representantes de diversos sectores sociales con demandas importantes.

Fuente Entrevistas a analistas.

Sostenbilidad y financiamiento