El arquitecto que tiene una solución de vivienda para las zonas marginales del mundo

El arquitecto vietnamita Vo Trong Nghia diseñó una vivienda que tiene un costo de $1.500 y se puede ensamblar en cuestión de una hora

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Justo debajo de una pagoda en la cima de una colina, estructuras de acero del tamaño de una cochera para dos autos estaban erigiéndose en un peñasco desde el cual se veía un valle de arrozales color verde eléctrico.

Eran casas prefabricadas diseñadas por el arquitecto vietnamita Vo Trong Nghia, y el equipo de construcción dijo que le impresionaba la velocidad de su propio trabajo manual: casi una estructura levantada por hora, incluidos descansos para fumar, y en gran medida sin herramientas eléctricas.

“Parecen Legos, y son fáciles de instalar”, dijo Nguyen Duc Trung, supervisor del proyecto.

“Mucho más fácil que construir una casa normal”, dijo uno de los trabajadores, Le Van Dung, entre fumadas a su cigarrillo. Mucho más barato también: una pequeña fracción de los $35.000 que dijo costaría construir una casa en su aldea en el norte de Vietnam.

Conocidas como “Casas S”, estas estructuras prefabricadas que están siendo erigidas aquí en Ba Vi, a unos 48 kilómetros de la capital de Vietnam, Hanoi, son repeticiones de un prototipo que Nghia ha estado perfeccionando desde 2013. Servirán como vivienda para un nuevo centro de meditación budista.

Pero Nghia dice que su plan es fabricar masivamente este diseño portátil y fácil de ensamblar para personas en barrios pobres, áreas remotas o campamentos de refugiados en todo el mundo, empezando a fines de este año, todo por el precio inicial ($1.500) de unos dos teléfonos iPhone.

“Los arquitectos siempre hacen diseños para clientes con mucho dinero, pero hay muchas necesidades” en las comunidades pobres también, dijo Nghia, cuyo trabajo a menudo transpone el minimalismo estilo japonés a un contexto del sureste asiático. Su personal dice que está analizando solicitudes preliminares de potenciales compradores en lugares tan distantes como Perú, Nigeria, Vanuatu, Yemen, Irak y Siria.

Nghia, de 40 años de edad, dijo que la Casa S estaba diseñada para durar al menos 30 años y soportar tormentas tropicales severas como las que su familia “súper pobre” alguna vez experimentó en su aldea agrícola en el centro de Vietnam. “Eso es realmente importante”, dijo. De otro modo, los aldeanos “pasarán su vida construyendo casas una y otra y otra vez”.

Nghia es el más reciente arquitecto de alto perfil en diseñar una casa prefabricada poco costosa como un antídoto a la expansión urbana, el desplazamiento masivo o los desastres naturales. Expertos dicen que la Casa S es uno de varios proyectos arquitectónicos “humanitarios” o “sociales” en el mundo que destacan una creciente conciencia social en la profesión en un momento en que el número estimado de personas desplazadas en todo el planeta (65,6 millones el año pasado) es el más alto desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

Algunos de estos proyectos son reconocidos tanto por su forma como su función. El arquitecto japonés Shigeru Ban diseñó refugios a partir de tubos de papel reciclables para víctimas de la violencia y desastres naturales, por ejemplo, mientras que el arquitecto chileno Alejandro Aravena ha sido pionero en lo que llama los proyectos de vivienda social “progresivos”, en los cuales los residentes comprar la mitad de una casa de dos pisos a una tarifa subsidiada por el Estado y pueden completarla cuándo y cómo puedan.

Algunos constructores levantan dos modelos de la Casa S, diseñadas por el arquitecto Vo Trong Nghia, en Hanoi, Vietnam. Nghia, planea masificar esta estructura de fácil ensamblaje en áreas marginales, remotas o en campos de refugiados en el mundo, por un precio de $1.500. ( AMANDA MUSTARD/NYTMK PARA EF)

Otros diseños son conocidos por sus patrocinadores de alto perfil. El proyecto Better Shelter basado en Suecia, por ejemplo, se asoció con la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados y el gigante mueblero Ikea para producir en masa un refugio de emergencia con un panel solar, techo y revestimientos protectores contra los rayos UV y partes que pueden ser reemplazadas individualmente.

Estos y otros proyectos generalmente han sido bien recibidos por los profesionales del diseño. Ban y Aravena ganaron recientemente el Premio Pritzker, un alto honor en la arquitectura, y el Museo de Arte Moderno de Nueva York seleccionó el año pasado una unidad de Better Shelter para su colección permanente y la incluyó en una exhibición.

Un enfoque cuestionado

Sin embargo, algunos críticos dicen que la arquitectura humanitaria de alto perfil a menudo ignora las complejidades de la política de vivienda y las finanzas, así como las variaciones locales en el clima, los materiales de construcción y los gustos estéticos.

Chang Jiat Hwee, profesor asistente de arquitectura en la Universidad Nacional de Singapur y autor de “Una genealogía de la arquitectura tropical: Redes coloniales, naturaleza y tecnociencia”, dijo que la idea de usar viviendas prefabricadas para resolver los problemas e vivienda en el Sur del mundo fue promovido por los europeos en el siglo XIX y prevaleció especialmente en los años 50. Pero los proyectos han tendido a fracasar, entonces y ahora, añadió, porque adoptaron un enfoque universalista que ignoró a los particulares locales.

Chang dijo que se preguntaba si el proyecto de la Casa S podía evitar las mismas trampas. “Vo Trong Nghia es un arquitecto muy bueno y su firma ha diseñado algunas casas unifamiliares realmente bonitas”, dijo. “Pero creo que diseñar un prototipo para la vivienda en masa presenta un conjunto de desafíos totalmente diferente”.

Pham Thuy Loan, vicepresidenta del Instituto Nacional de Arquitectura de Vietnam, dijo que podría no ser práctico vender Casas S en gran parte del norte de Vietnam porque la gente ahí veía un diseño de estructura de acero como una desviación demasiado radical de una tradicional de concreto. Pudieran quizá imaginar la creación de Nghia como “la casa de alguien” más, dijo, pero no la propia.

Pero las personas en las áreas rurales del sur de Vietnam quizá estén más dispuestas porque algunas ahí están menos comprometidas con la estética tradicional, añadió Loan. La Casa S también pudiera servir potencialmente como vivienda temporal, dijo, para los migrantes rurales que trabajan en las zonas industriales cerca de Hanói.

Nghia dijo que la Casa S encajaría en muchos ambientes diferentes, en parte porque su estructura de $1.500 puede ser comprada sola y revestida con cualesquiera que sean los materiales locales disponibles. Un paquete completo costaría entre $2.000 y $3.000 e incluiría paredes de entramado de acero y un techo corrugado.

La Casa S es apta para áreas remotas porque ningún componente individual pesa más de 45,3 kilos, dijo, y su diseño también pudiera ser modificado para adaptarse a las condiciones locales; techos más altos para climas más cálidos, por ejemplo, o unidades más grande para comunidades con familias más numerosas.

Nghia dijo que planeaba escalar la producción para satisfacer la demanda que se materialice, ya sea de individuos o instituciones, y que ofrecería vender Casas S a la ONU, al costo, como viviendas para refugiados. (La S se refiere a “strong, sustainable y steel”, que quiere decir “fuerte, sustentable y de acero”.)

Mientras tanto, dijo, estaría observando cómo soportan las 38 nuevas Casas S en Ba Vi su primera prueba: un curso de meditación silenciosa de ocho semanas al que planeaba asistir.

Cada casa tendrá un techo de paja, cuatro camas y no contará con aire acondicionado. “Sabré cuáles son los problemas” después de tanto tiempo de reflexión, dijo riendo. “Pero creo que será realmente cómoda”.

En una tarde reciente en Ba Vi, un grupo de budistas involucrados en el proyecto del centro de meditación observaba mientras los trabajadores de la construcción vestidos con los sacos azules de Vo Trong Nghia erigían las estructuras de las Casas S bajo el intenso sol.

Un miembro del grupo, Nguyen Thao, una monja budista del sur de Vietnam que usaba una larga túnica color granate, dijo que esperaba con ansia alojarse en la Casa S y no le importaría su falta de comodidades de lujo.

“Es bastante buena para nosotros”, dijo Thao con una brillante sonrisa, “porque llevamos un estilo de vida sencillo”.

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