Interrogatorio a Rodrigo Gámez: ¿Se desplomó el manejo de negocio del INBio?


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De entrada, el anuncio le cayó a muchos como un balde de agua fría. Sobre todo a quienes han seguido de cerca el trabajo de 23 años del Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).

La falta de cooperación económica extranjera obligó a la entidad a buscar al Estado como salvavidas para que asuma parte de sus gastos, todas sus deudas y la administración del Inbioparque y sus colecciones.

Su presidente, Rodrigo Gámez Lobo, defiende la decisión porque, de lo contrario, “el INBio iba camino al cierre”.

Rechaza que se diera mal manejo de los recursos y atribuye lo ocurrido a que los cooperadores les cerraran poco a poco la llave de la ayuda desde hace unos 8 años.

¿Qué pierde el INBio al pasar a manos del Estado?

No estamos perdiendo nada, estamos ganando. Primero, no es que pasamos al Estado. Lo que hacemos es donarle las colecciones sistemáticas que hemos desarrollado en casi 23 años de investigación, que significa un aporte sustancial al conocimiento, con más de 3 millones de especímenes, la más grande del país.

“Seguimos siendo los custodios de esa colección, que pasa a ser propiedad del Estado porque ya INBio no tiene recursos para desarrollar los programas.

“Lo mismo sucede con el Inbioparque , que ha creado conciencia sobre el valor de la biodiversidad. Por ahí han pasado más de millón y medio de personas. Nosotros seguimos administrando”.

¿Qué asume el Estado?

El Estado asume costos que nosotros estábamos asumiendo y que son muy elevados. Solo por corriente para los aires acondicionados pagamos millones de colones, porque tenemos una tarifa residencial, mientras que el Estado tiene tarifas menores. Pero ese es un paso nada más.

¿Cuál es el siguiente?

Hemos podido desarrollar un sistema de generación del conocimiento de la biodiversidad a nivel informático. La idea es hacer un sistema nacional, donde participen diferentes instituciones y que ese material sirva para fines educativos, todo en un mismo portal en internet.

¿Ustedes siguen siendo ONG?

Seguimos. Es como hace el Museo de los Niños, usa una estructura del Estado y la gestionan con fines educativos, lo operan y todos los ingresos se reinvierten en la entidad.

¿Las arcas del INBio se fueron vaciando?

Desde luego, porque la cooperación internacional bajó. Costa Rica pasó a ser una economía media y fuimos quedando fuera de los esquemas de la cooperación y nunca recibimos apoyo del Estado. Cada vez nos vimos más reducidos para seguir operando. Los cooperantes nos decían: si lo que ustedes hacen es importante para el Estado, ¿dónde está el apoyo de ellos?

“Esto tiene que traducirse en apoyo. Sabíamos que tarde o temprano iba a pasar esto.

¿Desde cuando comenzaron a ver el debilitamiento de la entidad?

Desde el 2005 empezó el declive rápido. Llegamos a tener presupuestos de cooperación hasta de $5 millones anuales, pero el año pasado fueron $300.000.

¿Tuvo que ver solo con la cooperación o hubo un mal manejo en la administración?

Ante la falta de ayuda, comenzamos a hacer recortes. Habíamos hecho un préstamo bancario para crear el Inbioparque, si hubiéramos cobrado la cifra para pagar esa deuda, la mayoría de los ticos no habrían entrado.

“Nos sacrificamos como entidad y buscamos otras maneras de hacerle frente a esa deuda”.

¿Pero hubo alguna debilidad en el manejo administrativo?

Pudimos haber dicho que cerraramos esto, lo que hicimos fue reducir la institución sin cortarle músculo, pero nos afectó mucho el flujo de caja. Caímos en una situación de mucha estrechez.

¿Se canceló ya la deuda del INBio Parque?

No. Eso se cancelerá con el dinero que nos pague el Estado.

¿Cuánto debe el INBio?

Alrededor de $7 millones.

¿Hubo errores para que se desplomara el modelo de negocio?

No, porque eso más bien lo vamos a escalar. La orquesta que nosotros concebimos es la que queremos escalar con la participación de varias universidades y ministerios.

“Lo que nosostros probamos que funcionaba es un esquema viable pero como una función del Estado, no como un tema empresarial, de negocio”.

¿Se debió buscar el apoyo de salvavidas desde antes?

Sí, pero pareciera que los salvavidas se los tiran a uno cuando lo ven realmente ahogándose.

¿De quién fue la iniciativa de esta relación con el Estado?

Nuestra.

¿Pero qué hizo que se diera luz verde?

Una combinación de circunstancias y con este nuevo panorama se beneficia el país.

¿Desde cuando habían buscado apoyo del Estado?

Desde siempre, pero no habíamos obtenido una respuesta como ahora. Si no había una intervención del Estado, había que cerrar INBio por falta de recursos, porque lo que generamos no es suficiente para mantenernos.

¿El personal fue responsable de que esos recursos no se reprodujeran?

No. La labor ha sido impresionante.

O sea, usted está convencido de que con el dinero que se recibió se hizo lo que se tenía que hacer.

Y se hizo muy bien.

Entonces, el modelo del INBio no fracasó.

No. Lo que se demostró es que no era viable pretender hacer todo esto en un ente que genere sus propios recursos, porque por la naturaleza de la actividad es típicamente función del Estado.

¿Debe un biólogo ser gerente o un hombre de negocios?

Es conveniente que entienda y sepa, pero son mentalidades muy distintas. Hay excepciones, pero Rodrigo Gámez no es una excepción. Yo no sirvo para nada que tenga que ver con gerencia.

¿Cómo ve el INBio a futuro?

Una institución muy concentrada en la gestión del conocimiento, integrando información de muchos tipos y poniéndola en un único formato para todos.

¿Cuánto tiempo más se queda don Rodrigo Gámez?

Me gustaría que entre gente nueva. Como presidente termino en agosto y espero ser sustituido, pero sigo trabajando. Para mandados y rezar, a mi casa no me voy.

Presidente del INBio

Rodrigo Gámez Lobo es ingeniero agrónomo con un doctorado en virología de plantas. Fundó el INBio hace 23 años. Ocupó el puesto de director general y presidente desde entonces, y lo mantiene a la fecha. Tiene 76 años.

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