País congeló avances en ingreso a la iniciativa durante administración Solís Rivera

Por: Daniel Salazar Murillo 8 julio
 En su segundo informe de labores, el 2 de mayo del 2016, el presidente Solís aseguró que el Gobierno no podía decidir sobre la Alianza del Pacífico sino hasta que se resolviera el Plan Fiscal.
En su segundo informe de labores, el 2 de mayo del 2016, el presidente Solís aseguró que el Gobierno no podía decidir sobre la Alianza del Pacífico sino hasta que se resolviera el Plan Fiscal.

La historia le rimará de alguna forma: un gobierno promete una medida que transformaría el escenario comercial del país y asegura que su propuesta solo tardaría unos cuantos meses en ejecutarse. Pasan los meses, la propuesta nunca fragua y, al final, cuatro años después, se queda guardada en un cajón.

El relato escrito entre Costa Rica y la Alianza del Pacífico no se escapa de esas páginas: hoy los procesos de ingreso se mantienen estancados y el país ha elegido conformarse con ser un “estado observador candidato” de la iniciativa de México, Colombia, Chile y Perú. Lo hace casi cuatro años después de que la entonces presidenta, Laura Chinchilla, prometiera un pronto ingreso a la iniciativa regional.

Hoy, el Ejecutivo asegura que el país mantendrá su rol actual, incluso después de que –hace una semana– la Alianza anunciara la adopción de políticas para una nueva fase de expansión y su “firme propósito de fortalecer la integración en América Latina”, que sostiene como un evidente escudo regional ante el discurso proteccionista de Estados Unidos.

La Alianza que no sucedió

El 24 de mayo del 2013 la Alianza del Pacífico acogió a Costa Rica y dio el visto bueno para que el país arrancara el proceso de adhesión a esa entidad.

“Costa Rica quiere correr en este proceso, no esperar mucho y comprenderá que a un año de dejar el Gobierno, me encantaría dejar esto listo”, dijo entonces la mandataria Laura Chinchilla al diario La Nación.

No sucedió así: las fases de negociación se extendieron por meses y la ministra de Comercio Exterior de ese entonces, Anabel González, empezó a conversar con los candidatos presidenciales para enfatizar la importancia de continuar el proceso. Les envió una carta de cuatro páginas y les propuso una reunión para aclarar consultas.

Para entonces, el candidato Luis Guillermo Solís decía tener dudas y calificaba el proceso de “acelerado”: discurso afín a su negativa discursiva de campaña a aprobar nuevos tratados comerciales en su gobierno.

Las dudas parecieron disipársele meses después, cuando –en febrero de 2014, de cara a la segunda vuelta electoral– afirmó a El País , de España, que Costa Rica “debía” participar en la Alianza.

“Debemos participar en ella, porque Costa Rica es parte de un complejo geopolítico de más de 500.000 kilómetros de mar en el Pacífico, que obliga a una articulación con otras naciones del área”, adujo entonces.

En el Gobierno, las posturas se siluetearon con cautela. El canciller Manuel González alegó “secretismo” en el proceso durante el gobierno anterior y Comex anunció que esperaría los resultados de varios estudios sobre el tema. Las voces contra la Alianza tomaron mayor fuerza: especialmente las de los grupos agropecuarios y sindicales, que estimaban la afectación de miles de empleos en el sector.

En su segundo informe presidencial, el presidente Solís afirmó que no decidiría sobre el tema hasta que no se resolviera el problema del déficit fiscal en el país.

Del refrigerador, al congelador

Prácticamente nada ha cambiado en Costa Rica desde entonces. Para el Ministerio de Comercio, sin embargo, la Alianza sí se ha transformado y “configurado su posición ya dominante”, trs anunciar que Singapur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda participarán como asociados.

“(Seguimos) estos procesos con especial cuidado y atención, comprendiendo que ello alimentará la reflexión y preparación del país, para construir los consensos que permitan elegir y avanzar en la ruta que más nos convenga” dice el ministro de Comercio Exterior, Alexánder Mora.

En la Cámara de Exportadores (Cadexco) alegan que Costa Rica está dejando de aprovechar la posibilidad de diversificar el origen de su inversión extranjera, establecer oficinas comerciales en países estratégicos y unirse a las principales fuerzas económicas de la región en negociaciones.

“Los aspectos de hacienda pública y tributarios no son las más trascendentales para retardar el ingreso a este bloque, al contrario, se debe contemplar la trascendencia de las oportunidades comerciales, de educación, inversión, turismo y cooperación que recibiría el país al ingresar”, dice Laura Bonilla, presidenta de Cadexco.

Grupos como la Alianza Nacional Agropecuaria difieren y sostienen que la negociación implicaría mayor apertura del país sobre el comercio con productos que ya protegidos en los tratados de libre comercio vigentes.

Aún así, el cambio en la postura del Ejecutivo es casi improbable en el año que resta, pues dependería de una Asamblea Legislativa estancada en el avance de proyectos tributarios.

Según Procomer, Costa Rica muestra un saldo negativo en la balanza comercial con los países miembros de la Alianza.

Al 2016 cerca de 3,8% de las exportaciones de bienes se dirigieron a esos cuatro países, pero un 10,7% de las importaciones procedían de esos destinos.

Según proyecciones a abril del 2017 del Fondo Monetario Internacional, Chile, Colombia, México y Perú suman cerca de un 32,4% del total de la Producción Interna Bruta de América Latina y el Caribe.

Bloque comercial

La Alianza del Pacífico es un mecanismo regional de integración conformado por cuatro países miembros: México, Colombia, Chile y Perú. Fue creada desde abril del 2011. Sus miembros, que representan casi la mitad de la población de la región, mantienen una eliminación arancelaria del 92% de su comercio.

Costa Rica forma parte de los 52 países observadores de la Alianza, entre los que se incluyen también Estados Unidos y Panamá.

La duodécima cumbre presidencial de la Alianza, celebrada la semana pasada, incluyó a Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Singapur como “socios” de la organización, una categoría intermedia entre los países observadores y los miembros del bloque.

La Alianza también acordó fortalecer la integración entre países latinoamericanos y conquistar el mercado asiático, hacia el que países como Chile ya ven como su pricipal socio.

Fuente Consultas EF.