El espacio dedicado a 50 cultivos catalogados como prioritarios en el país tuvo una caída de casi un 7%

Por: Andrea Rodríguez V. 10 junio

El área dedicada a la siembra de los principales productos agrícolas del país lleva cuatro años consecutivos en sostenido descenso.

Según el más reciente boletín estadístico agropecuario de la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria (Sepsa), en ese periodo, el espacio dedicado a 50 cultivos catalogados como prioritarios en el país tuvo una caída de casi un 7%.

Solo durante el 2016, de ese total de productos analizados, el 72% de ellos vio reducido su espacio de siembra o simplemente no creció.

Una de las razones que explica este comportamiento es que algunos de los productos han tenido que ceder terreno ante desarrollos inmobiliarios, al menos en la Gran Área Metropolitana (GAM).

Sin embargo, que el país no sume hectáreas al primer sector en importancia de las exportaciones nacionales, no significa que haya visto mermada su producción o su eficiencia.

Es decir, el sector agrícola, en términos generales, logra producir más en menos terreno ocupado por los cultivos.

Para el último año, la productividad agrícola (número de toneladas cosechadas por hectárea sembrada) reflejó un comportamiento positivo equivalente al 4%, según estimaciones de EF.

La apuesta por parte de los productores a bienes fuera de los tradicionales es señalada como una de las principales causas que han permitido la tendencia. Ello, motivado por la acogida de esos productos tanto en el mercado local como internacional.

Al mismo tiempo, la búsqueda de procesos más sofisticados y que agreguen competencia termina de completar el panorama.

El más reciente informe del Estado de la Nación asegura que en las dos últimas décadas se consolidó el marcado crecimiento de la mancha urbana en el país, al registrarse una expansión territorial del 50% y duplicarse el área construida.

No obstante, mantener ese buen equilibrio entre el espacio sembrado y lo producido, dependerá de cuánto –productores y autoridades– incentiven las mejores prácticas en el sector.

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Hectáreas en descenso

El área dedicada a la siembra de los principales cultivos agrícolas del país, según la selección de productos que aplica Sepsa, representaba cerca de 504.000 hectáreas en el 2013.

Para el 2016, ese número bajó a 470.000 hectáreas.

Cultivos como la caña de azúcar sobresalen entre los que más aportaron a esa caída. Solo durante el último año, tal cultivo vio ceder su espacio en un 10%.

La reducción en el área dedicada a los principales cultivos agrícolas ya fue anunciado por el propio Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) en su más reciente entrega del Censo Nacional Agropecuario del 2014.

De acuerdo con el documento, para el 2014 se contabilizaron un total de 93.007 fincas dedicadas a la producción agropecuaria en una extensión de 2.406.418 hectáreas, lo que representa el 47,1% del territorio nacional.

Comparado ese número con la cantidad reportada en el país para 1984, significó un decrecimiento de 8.921 fincas (un 8,7% menos). Se trató, además, del primer descenso que ha vivido el país desde 1950 –primer censo de su tipo realizado en suelo nacional–.

La provincia de Alajuela reportó la cantidad más alta de fincas, con un total de 25.176, lo que corresponde al 27,1% de las fincas del país, seguida por San José (20,3%). En cambio, la provincia de Heredia reportó apenas el 5,5%.

Productividad como logro

Sin embargo, que un producto vea perder su espacio de siembra no resulta del todo negativo.

En términos generales, el sector ha logrado mantener el dinamismo en su producción.

Una vez más, en el caso de un producto como la caña de azúcar, su pérdida de hectáreas no le restó fuerza al producto, y en el 2016, con menos espacio, logró mayores rendimientos.

La productividad de ese cultivo reportó un aumento cercano al 10%.

Eso está acorde con el fenómeno que viene experimentando el país desde hace dos décadas. Un estudio de EF reveló que, entre 1991 y 2014, la productividad agrícola del país creció en un 78%.

Entre el 2013 y el 2016, la tendencia se mantuvo.

Sin embargo, es claro que otros productos no han topado con la misma suerte, y es en este punto donde la revisión de los procesos es apremiante. Así como hacer una mejor lectura del mercado.

Tal es el caso del palmito, un producto que vio caer su cantidad de hectáreas sembradas y su producción durante el 2016.

Según ha manifestado en el pasado el propio Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), la clave está en que el productor añada competitividad a sus procesos y valor a los cultivos.

“Para que la agricultura en Costa Rica, no solo permanezca, sino que se desarrolle y siga siendo un sector productivo importante en el desarrollo del país, es necesario dar valor agregado a la producción; debemos transformar la materia prima, el mercado está demandado calidad, inocuidad, embalaje, etc.”, sostuvo Carlos Monge, presidente ejecutivo del Consejo Nacional de Producción.