EN PUNTARENAS

Dos camaroneras despidieron a 412 trabajadores y reportan pérdidas por $1,5 millones

Talmana frenó producción y Emmanuel del Pacífico la bajó en un 50% desde noviembre pasado, tras sentencia de la Sala Constitucional sobre pesca de arrastre.


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Las empresas Emmanuel del Pacífico y Talmana, procesadoras y exportadoras de camarón, han despedido a 412  colaboradores desde octubre del 2013 a la fecha y reportan pérdidas por más de $1,5 millones. Ambas corporaciones se ubican en El Cocal de Puntarenas.

En el caso de Emmanuel del Pacífico, redujo su producción a la mitad y prescindió de 280 empleados de manera paulatina desde hace seis meses, cuando contaba con 480 colaboradores.

Esta exportadora registra pérdidas por más de $1 millón en este momento, tras suspender dos barcos que antes lograba exportar, informó Ernesto Rodríguez, presidente ejecutivo y representante legal de la firma.

Por su parte, Talmana paró operaciones en este 2014,  despidió a 132 empleados y ha perdido más de $500 mil, informó Román Chavarría, gerente de la corporación.

Chavarría explicó que la empresa vendió todos sus barcos y se quedó con 18 colaboradores para el mantenimiento de la planta, ya que están tratando de replantear el negocio  dentro o fuera de Costa Rica.

"Mientras se toma una decisión sobre cómo reinventamos nuestra labor, estamos aún con la planta pero sin producir", comentó.

El desplome

La caída de las producción en ambas industrias se dio después de que la Sala Constitucional dio a conocer el fallo de prohibición del otorgamiento de nuevas licencias de pesca para quienes utilizan el arrastre.

La pesca de arrastre está catalogada por los ambientalistas como una de las técnicas más dañinas para la fauna marina, ya que en el proceso de captura no solo captura camarones, sino también otras especies que luego son descartadas, lo que impacta el abastecimiento de otras empresas y pequeños pescadores. Además, algunas de estas especies están en peligro de extinción.

Sin embargo, los camaroneros defienden que ambas empresas pueden desarrollar una pesca sostenible y que su práctica es de profundidad y no costera.

"En nuestro caso, lo que estábamos haciendo era pescar camarón de profundidad, a un kilólmetro de profundidad y el proceso no era tan dañino como se nos catalogó a todos por igual y nadie nos escuchó ni quiso entender nuestra forma de laborar en realidad", comentó Chavarría.

El empresario agregó que se juntaron muchos aspectos que hicieron difícil que pudieran continuar, pese a que su licencia vence hasta el 2016.

Comentó que habían logrado hace tres años insertarse en un mercado muy selectivo en Japón y no procesaban grandes cantidades de camarón sino,  usaban la técnica gourmet sashimi,que es muy bien pagada en Asia porque al producto se le realiza un proceso de limpieza especial para consumo crudo.

Chavarría alegó que hubo desinformación porque pescaban la especie camellón, que no estaba en peligro, y lo confundieron con el camarón camellito (Heterocarpus vicarius).

"Los clientes sienten desconfianza por la situación, porque al no poder renovar licencias, no le podemos garantizar una oferta sostenible y estable a largo plazo, entonces prefieren buscar otros mercados", resaltó. 

En el caso de Emmanuel del Pacífico, su presidente manifestó que se vieron grandemente afectados porque ellos capturaban la langostina, un producto que nunca se ha pescado en Costa Rica y no tiene nada que ver con la pesca costera. A esta corporación le queda la licencia hasta el 2017, aunque tienen la esperanza de seguir con funciones y demostrar que pueden generar empleo en el sector y ser sostenibles.

Ambos empresarios ahora confían en que el cambio de gobierno les permita replantear su caso. "Tenemos la esperanza de que el nuevo Gobierno escuche al sector y entienda que nuestra manera de trabajar no es tan dañina como lo creen", manifestó Chavarría.

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