Por: Rafael González 5 abril, 2014

La mayoría de los contribuyentes ya debimos haber cumplido con el deber de presentar nuestra declaración del Impuesto sobre Utilidades. Pero, ¿qué ocurre si cometí un error en mi declaración? Por ejemplo, declaré como gravable un ingreso que, en realidad, debía ser no gravable… ¡o al revés! O declaré gastos deducibles mayores o menores a los que correspondían, simplemente por un error material; o por un problema sustantivo en la cuantificación. ¿Puedo enmendar ese error? La respuesta es sí.

El procedimiento se llama rectificación y lo regula el artículo 130 del Código Tributario. ¿Cómo lo hago? Debo presentar un nuevo formulario D-101. En ese formulario, aparte de indicar en la casilla correspondiente la declaración que corrijo, debo –obviamente– insertar, en las casillas pertinentes, los datos correctos que sustituyen la información incorrectamente consignada.

¿De cuánto tiempo dispongo? La rectificación debe presentarse dentro del mismo plazo de prescripción de la determinación de la obligación tributaria: actualmente cuatro años. ¿Cuáles son las principales consecuencias de rectificar? En primer lugar, se interrumpe el cómputo de la prescripción y empieza a correr de nuevo (otros 4 años a partir del 1° de enero del año siguiente). Una rectificación que disminuya la cuantía del tributo pagado podría generar una actuación fiscalizadora.

Si la rectificación implica un aumento del impuesto por pagar, se deben cancelar los correspondientes intereses y la sanción por mora; sin embargo, probablemente se evite la sanción por inexactitud, que aplicaría la Administración si ella fuera la que detectara el error rectificado. Mientras la empresa no esté siendo fiscalizada, cada rectificación se entiende como nueva declaración, por lo que sustituye a la anterior para todo propósito. Cuando la rectificación se hace después de iniciado un procedimiento fiscalizador, se convierte en una petición, sujeta a aprobación expresa de la Administración.