Sistemas educativos apuestan por promover el autoaprendizaje, la adaptabilidad y el pensamiento crítico para los trabajadores del mañana

Por: Daniel Salazar Murillo 16 octubre, 2016

Una centena de empresarios miran fijamente el video de una niña bailando Dubstep .

Adilyn Malcom, de apenas 12 años, desliza con maestría sus pies y levita al ritmo de un piano sintetizado electrónicamente.

Dice que aprendió a bailar sola hace ocho meses. Dice que pasó horas viendo millones de videos en Youtube . Dice que memorizó cada uno de los pasos que encontró de Michael Jackson y Marquese Scott hasta dominar con precisión sus movimientos como una profesional… De 12 años.

Mónica Flores, presidenta de ManpowerGroup para Latinoamérica, pone en pausa el video y se dirige a la audiencia. “Ese es el talento que hay que atraer y motivar”, afirma, consciente de que el reto educativo y laboral del futuro es tan grande como indescifrable.

De hecho, según el Foro Económico Mundial (FEM), 60% de las niñas y niños como Adilyn –que apenas asisten a la escuela– trabajarán en empleos que aún ni siquiera podemos nombrar.

¿Desorganizador corporativo, experto en hackschooling , corredor de monedas virtuales? Existen decenas de conjeturas acerca de los nuevos perfiles laborales, que van desde granjeros eólicos hasta “administradores de información que no sirve”.

Entre preguntas abiertas, los gobiernos procuran adaptar sus sistemas educativos y laborales a una revolución tecnológica y demográfica sin precedentes.

“Cuando yo sea grande...”

¿Existirán cajeros, analistas de crédito, conductores, asistentes administrativos, recepcionistas o reparadores de electrodomésticos en el 2033?

Dos profesores de la Universidad de Oxford, Carl Frey y Michael Osborne, estimaron en el 2013 que dichos empleos tendrían más de 95% de probabilidades de desaparecer en dos décadas. Aún así, los investigadores aseguraron que buena parte de los empleos en el futuro seguirán existiendo, con otras características.

También lo estima así el Foro Económico Mundial que urge cambios en el manejo del capital humano para que los modelos educativos estrechen vínculos con el mercado laboral.

Ante un vago paisaje del futuro, algunas entidades destacan las cualidades que –a corto plazo– serán imprescindibles. El Institute for the Future y la Universidad de Phoenix (EE. UU.) aseguran que la segunda década del Siglo XXI requerirá de trabajadores con diez habilidades básicas.

A corto plazo, los investigadores subrayan la necesidad de habilidades interculturales, de pensamiento adaptativo, sistémico, transdisciplinariedad, o la habilidad de colaborar virtualmente.

Se trata de profesionales con características aún no sustituibles por máquinas, relacionadas con la inteligencia emocional, toma de decisiones y –sobre todo– capacidad de adaptación.

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“Lo más importante es que estos jóvenes sean capaces de aprender a aprender y aprender a desaprender”, destaca Flores de ManpowerGroup.

Por eso, para Flores, uno de los principales retos en los procesos educativos escapa de la memorización en un rango de páginas de un libro de texto y está más relacionado con el desarrollo de capacidades de análisis y criticidad para que los jóvenes puedan aprender por su cuenta a partir de herramientas digitales.

El capital humano de hoy

A pesar de las reformas educativas a futuro para mejorar la relación entre el capital humano y el ambiente laboral, el globo está lejos de impulsar adecuadamente el talento humano.

De hecho, solo un 65% del talento del mundo puede optimizar sus conocimientos por medio de la educación y el desarrollo de habilidades concretas.

Así lo destaca el Informe de capital humano del FEM para el 2016. Este índice ubica al país en la posición 62 entre 132 naciones con respecto al desarrollo del capital humano en todos los grupos etarios (desde los 0 años hasta las edades mayores a los 65 años).

Es una mejor posición que la obtenida por vecinos como Colombia, México o Brasil, pero aún distante de los datos de Cuba, Chile, Panamá o Uruguay.

Los mejores indicadores se vinculan con la brecha de género en la matrícula en secundaria y la expectativa de una vida saludable al nacer para quienes tienen de 55 a 64 años. Allí, el país se coloca en el primer lugar del mundo.

Empero, de cara al futuro, el país debe mejorar su capacidad para mantener a los jóvenes de secundaria en las aulas (alcanza la posición 113 ), su desempleo juvenil y su brecha laboral de género.

Además de las brechas persistentes por borrar, el informe destaca algunas claves para la comprensión del futuro panorama laboral al que se enfrenta el globo. Por ejemplo, subraya la importancia de coordinar mejor entre el sector laboral y el educativo.

“Hay una necesidad creciente por eliminar la división entre los ministerios de Trabajo y Educación, la educación global y las conversaciones de empleo”, dice.

Resalta también la necesidad de potenciar la continuidad en la formación de los grupos en edad de trabajar (que deben continuar formándose), dejar de pensar en categorías laborales y centrarse en las destrezas.

Por ejemplo, a través de un análisis de datos en la red LinkedIn, la entidad encontró que solo 84.000 de los 430 millones de usuarios de la página se autodenominan como analistas de datos (profesión de alta demanda), pero casi 9,7 millones de miembros registran una o más características o certificaciones básicas para serlo y casi 600.000 tienen cinco o más destrezas para participar en esa actividad. Es decir, a futuro también es preciso mejorar las estrategias para la búsqueda y eficiencia en el uso del talento humano.

Los planes en el país

Mientras tanto, el Ministerio de Educación Pública (MEP) dice trabajar en nuevos planes educativos para formar jóvenes.

En el 2017 la entidad aplicará nuevos planes para Ciencias en primaria, Inglés y Francés (para primaria y secundaria) y Estudios Sociales en secundaria. También en el 2018 se prevé actualizar programas de Español, Ciencias, Biología, Física, Química, Psicología, Hogar y Filosofía.

La meta es que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico, aprendan a aprender, afronten la incertidumbre en el trabajo y se apropien de las tecnologías para evaluar los mensajes críticamente y aprender a través de ellos.

Aunque enfocados en colegios técnicos, también realizan un estudio en conjunto en el Ministerio de Trabajo para conocer las principales intenciones de contratación en los próximos cinco años.

“Hacemos un gran cambio para preparar a los jóvenes, fomentar el autoaprendizaje y la necesidad de no centrarse solo en contenidos”, dice Alicia Vargas, viceministra académica. “Basarse en contenidos tiene cada vez menos sentido. Los conocimientos cambian, y muy rápido. Apostamos a formar personas que buscan conocimiento y, sobre todo, sepan integrarlo y analizarlo”.

Talentos del futuro

Sense making: Determinar el significado de algo que se está exponiendo.

Inteligencia social: Conectar con otros de forma profunda y directa.

Pensamiento novedoso y adaptativo: Proveer soluciones más allá de las reglas y de lo que está escrito.

Competencia intercultural: Operar en entornos culturales diferentes.

Pensamiento computacional: Comprender y traducir grandes cantidades de datos.

Alfabetización mediática: Evaluar críticamente y desarrollar contenido a partir de los nuevos medios.

Transdisciplinariedad: Comprender conceptos entre diversas disciplinas.

Design mindset: Capacidad de planificar y diseñar procesos para lograr metas.

Gestión de carga cognitiva: Capacidad de filtrar entre grandes cantidades de información.

Colaboración virtual: Trabajar productivamente como miembro de un equipo virtual.

Fuente Institute for the Future.