La industria de la alta tecnología depende profundamente de empleados como Gopal: uno de cada ocho empleados tecnológicos tiene una visa H-1B, según estimaciones de Goldman Sachs

Por:  21 mayo
 Kaushik Gopal (izquierda), de la India, asistió a una universidad en EE. UU. y consiguió trabajo en una firma de tecnología. Los planes del presidente Trump, de cambiar las reglas que gobiernan las visas de trabajo y la inmigración, han sembrado la incertidumbre en muchos titulares de visa.
Kaushik Gopal (izquierda), de la India, asistió a una universidad en EE. UU. y consiguió trabajo en una firma de tecnología. Los planes del presidente Trump, de cambiar las reglas que gobiernan las visas de trabajo y la inmigración, han sembrado la incertidumbre en muchos titulares de visa.

Al amanecer en el área de la Bahía de San Francisco en California, el río de personas en su traslado al trabajo empieza a fluir. Son quienes ayudan a hacer nuestros smartphones, nuestros juegos favoritos, las aplicaciones que descargamos.

Pero muchos también han venido a hacer algo más, quizá: una nueva vida en Estados Unidos.

Son solo algunas de las 85.000 personas que vienen a trabajar en empresas estadounidenses desde lugares distantes como India y China con visas H-1B, que se conceden a trabajadores altamente calificados procedentes del extranjero.

Muchos, como Kaushik Gopal, terminan en empleos en empresas tecnológicas que han pasado apuros para encontrar a suficientes ciudadanos estadounidenses con habilidades avanzadas en matemáticas y ciencias para llenar sus cubículos.

A menudo, esperan llamar hogar a Estados Unidos.

“Lo que he amado de Estados Unidos es que no importaba de dónde vinieras”, dijo Gopal. “Tu pasado, tu color o religión no importaban. Si hacías un buen trabajo, había un lugar para ti aquí”.

Los planes del presidente Donald Trump para cambiar las reglas que rigen a las visas de trabajo y la inmigración han puesto en el limbo la vida de muchos portadores de visas.

“Siempre estoy en guardia porque hay una posibilidad de que, de pronto, reciba la noticia de que ya no soy bienvenido”, dijo Gopal, de 32 años de edad, quien llegó por primera vez a Estados Unidos en 2012.

Como muchos trabajadores de Silicon Valley que están aquí como parte del programa de visas H-1B, que está destinado a los empleados altamente calificados, Gopal nació en India, asistió a la universidad en Estados Unidos y consiguió un empleo en una compañía tecnológica. Dijo que el área de la Bahía atrae a los ingenieros más inteligentes de todo el mundo porque se le conoce como “un imán para la habilidad técnica”.

Ahora está en la empresa emergente de reparto Instacart, trabajando en una aplicación móvil que los clientes en varias ciudades usan para pedir sus abarrotes. Su podcast semanal “Fragmented”, el cual presenta con un fabricante de aplicaciones llamado Donn Felker, ha elevado su perfil profesional y lo ha llevado a ser orador en conferencias en lugares tan distantes como Suecia.

Mientras crecía en India, Gopal era fanático de los programas televisivos y las caricaturas estadounidenses. Después de que se graduó de la Universidad Carnegie Mellon, se emocionó al llevar a sus padres a Disneylandia.

Alta dependencia

La industria de la alta tecnología depende ahora profundamente de empleados como Gopal: uno de cada ocho empleados tecnológicos tiene una visa H-1B, según estimaciones de Goldman Sachs.

Los portadores de visas H-1B representan un 15% de las fuerzas laborales en Estados Unidos de Facebook y Qualcomm, según los documentos más recientes que las compañías han presentado al Departamento del Trabajo. Las empresas emergentes de Silicon Valley, que a menudo impulsan la innovación tecnológica, emplean a muchos ingenieros con visas de estudiante o de trabajo, al igual que gigantes tecnológicos como Google y Apple.

Esto ha permitido que florezca una población étnicamente diversa en torno al Área de la Bahía. El templo Sikh Gurdwara Sahib en San José es uno de los templos sijs más grandes en Norteamérica. La extensión de 80 kilómetros de localidades y ciudades entre San José y San Francisco está llena de restaurantes asiáticos, como el popular Rajwadi Thali en Sunnyvale.

Algunos portadores de visas, como Sujay Jaladi, han estado en Estados Unidos durante tanto tiempo que no pueden imaginar vivir en ningún otro lugar. Jaladi, de 35 años, ha vivido aquí durante 15 años, primero con una visa de estudiante y luego con una serie de visas H-1B. Solicitó la residencia en 2012 y está esperando que la solicitud sea aprobada. Su esposa, Priva, también tiene una visa H-1B y trabaja en una compañía tecnológica.

“Mi familia vive en India y amo ese país”, dijo Jaladi, “pero he pasado mi vida adulta en Estados Unidos y aquí me siento más en casa aquí”.

Jaladi viaja una hora cada día hacia su trabajo como director de seguridad de información en Gusto, una compañía que ofrece servicios de recursos humanos para pequeñas empresas. Disfruta de sus comidas en casa y los viajes de compras los fines de semana a Costco. A él y a su esposa les encanta cocinar.

Pero las visas siempre están en su mente, junto con la posibilidad de que tuvieran que regresar a India. “Nuestra capacidad para quedarnos en Estados Unidos, con una buena posición, depende del proceso de visas”, dijo. “Trabajar duro es solo un factor. Si los mercados financieros se ven afectados y tu empresa despide gente, los portadores de visas tienen un tiempo limitado para encontrar otro empleo y estar en una buena posición antes de tener que dejar el país. Si el mercado cae y el número de empleos se reduce, habrá más gente con visas H-1B en el mercado buscando trabajo”.

Jaladi no es el único que se ha encontrado en el limbo de la inmigración en Gusto. Shub Jain, un ingeniero de software de 26 años ahí, graduado de la Universidad de California en San Diego en 2014, trabajó en Microsoft y el otoño pasado se mudó a San Francisco para un empleo en la empresa emergente de recursos humanos. Ha estado trabajando con una visa de estudiante extendida y ha perdido en la lotería de las visas H-1B tres veces. Este es el último año en que será elegible para solicitarla. “Si no funciona”, dijo, “dejaré el país”.

Jain habla sobre sus ansiedades con compañeros de equipo como Nicholas Gervasi, de 32 años de edad, un canadiense que está trabajando en Gusto con una visa H-1B. Gracias a estipulaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), Gervasi ha tenido menos dificultades para vivir y trabajar en Estados Unidos que sus colegas de India, y espera que su solicitud de residencia sea aprobada pronto.

Algunos críticos del programa de visas H-1B dicen que hay más que suficientes estadounidenses con títulos en tecnología para cubrir todos los empleos técnicos en Estados Unidos. Otros dicen que las empresas de Silicon Valley no lanzan una red lo suficientemente amplia para captar a candidatos laborales estadounidenses. Pero los ejecutivos de empresas tecnológicas han dicho desde hace tiempo que no hay suficientes estadounidenses con las habilidades avanzadas en matemáticas y ciencias necesarias para tener éxito en sus compañías.

Gervasi dijo que las empresas “deberían estar facultadas para contratar a las mejores personas”. Joshua Reeves, el director ejecutivo y fundador de Gusto, estuvo de acuerdo, y señaló que 8 por ciento de su fuerza laboral tiene una visa o un permiso de residencia. La política de contrataciones de Gusto nunca ha tomado en cuenta la ciudadanía de un candidato, y Reeves dijo que la empresa estaba “empeñada en apegarse a esa mentalidad”.

Ese compromiso será puesto a prueba en los próximos años, dado que la Casa Blanca está buscando continuamente formas de frenar la inmigración conforme busca promulgar políticas que pongan a Estados Unidos primero.

“Es casi como vivir bajo este, quizá no temor, sino preocupación sobre lo que sigue y lo que sucederá”, dijo Jain. “Esta sensación de no ser bienvenido en el país. Realmente nunca me había sentido así antes”.

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