Surgen críticas sobre si el organismo puede lograr efectos reales entre sus integrantes; también defensores.

Por: Alejandro Fernández Sanabria y David Ching Vindas 28 enero, 2015
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que celebra su tercera cumbre en Belén, Costa Rica, este miércoles y el jueves, es un órgano de diálogo y concertación que agrupa a 33 países con una población de unos 600 millones de habitantes.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que celebra su tercera cumbre en Belén, Costa Rica, este miércoles y el jueves, es un órgano de diálogo y concertación que agrupa a 33 países con una población de unos 600 millones de habitantes.

La duda existe entre los costarricenses: ¿de qué sirve la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)?

Hoy, cuando inicia la tercera cumbre de la Comunidad, se han escuchado críticas sobre la efectividad real que puedan tener los acuerdos tomados entre países integrantes y la incidencia de este nuevo actor político en la comunidad internacional.

A su vez, hay a quienes apoyan tal foro y rescatan, junto a la virtud de tener un organismo de diálogo entre naciones de la región no democráticas y democráticas, la posibilidad de aprovechar el protagonismo de Costa Rica en la cumbre para convertirla en un foro con mayor peso político, y que este sea más a tono con el sentido democrático del país.

La Celac nace en el 2010 en México, y se instala en Venezuela en el 2011, con un fuerte impulso del fallecido presidente de esa nación, Hugo Chávez, algo que, de origen, le ha sumado al organismo críticas entre los círculos liberales.

La Comunidad tiene como fin básico la integración y desarrollo de los países latinoamericanos y caribeños, según su declaración.

Según el canciller costarricense, Manuel González, Costa Rica planteará cinco declaraciones especiales para esta reunión, las cuales versan sobre la transparencia y lucha contra la corrupción; necesidad urgente de un mundo libre de armas nucleares; el financiamiento para el desarrollo; el trafico ilícito de armas convencionales.; y la agenda de desarrollo con posterioridad al 2015.

Costa Rica preside la Celac, y hoy es sede de su tercera reunión. Desde el punto de vista meramente nacionalista, ¿le sirve de algo a Costa Rica tener ese puesto y ser sede de esta cumbre?

Nuria Marín, analista internacional que promovió la cumbre en el gobierno de Laura Chinchilla, sostiene que sí. "La presidencia le ha dado protagonismo a Costa Rica como interlocutor en foros de la Unión Europea, en China y otros organismos. También como muestra de liderazgo en las relaciones internacionales y hasta en la promoción de inversión".

Marín agrega que hay mucho valor "intangible" que el ciudadano común ignora. "El país sonará por el mundo por dos días y aumentará la proyección internacional", dijo la analista.

El exembajador de Costa Rica ante la Organización de Naciones Unidas, Eduardo Ulibarri, ve en esta tercera cumbre la posibilidad de hacer de la Celac un foro acorde con la visión democrática promovida por el país, lo cual incidiría en la relevancia que tome el organismo en el futuro.

En un artículo publicado en La Nación, el periodista sotiene que del "balance de fuerzas que logre prevalecer entre ellos (los países miembros) dependerá si, pasados sus años iniciales, la Celac podrá generar verdadero valor para el entramado diplomático del hemisferio; si, más bien, entorpecerá sus dinámicas, o si involucionará hacia la irrelevancia."

Parece legítimo pensar que la Celac será rendundante ante la existencia de otros foros donde los países de la región pueden coordinar políticas y estrategas. Al respecto, Ulibarri enfatiza en la necesidad de que la Comunidad asuma un rol complementario en la interacción entre los países miembros. Lo cual, según él " implica no hacer lo que otros grupos o entidades regionales hacen mejor, que es casi todo, salvo, precisamente, el diálogo y la concertación política entre latinoamericanos y caribeños."

El periodista además sostiene que la cumbre permite dar fuerza a la "variable democrática" en la Comunidad, en el contexto de naciones con muestras de autoritarismo. Naciones como Cuba y Venezuela están entre ellas.

"Hasta ahora, se ha abordado como un concepto (el de democracia) informe y vacío, que cada Estado moldea y “llena” según lo que el gobierno de turno defina. De esta manera, ha servido para legitimar prácticas autoritarias y hasta totalitarias. Esto conspira contra la razón de ser de la entidad.", sostiene Ulibarri.

Escepticismo

Juan Carlos Hidalgo, analista de políticas públicas del Instituto CATO, se distancia de esas ideas y se ubica entre los duros críticos y escépticos. Desde su blog, Hidalgo sostiene que "una prueba inequívoca del poco valor de este foro (el Celac) es que el año pasado, en la cumbre realizada en La Habana, los presidentes latinoamericanos prepararon una declaración que llamaba a fortalecer "nuestras democracias y todos los derechos humanos para todos" (sic). Que el documento fuera firmado en Cuba, una dictadura estalinista, no sonrojó a los presentes".

Hidalgo duda de los poderes de integración de Celac: "Que los presidentes de América Latina se reúnan a emitir declaraciones y tomarse fotos no equivale a integración latinoamericana. La verdadera integración latinoamericana consiste en eliminar las barreras que existen entre nuestros países al comercio, las inversiones y el movimiento de personas", opina.

Los retos para confirmar la relevancia del foro se empiezan a enfrentar desde hoy en la cumbre. Los últimos dos gobiernos costarricenses han apostado mucho en la Celac, y la recompensa es incierta.