En las zonas rurales, miles de maestros se oponen virulentamente a la reforma educativa promulgada en 2013 que, según el presidente Enrique Peña Nieto, busca disminuir la profunda brecha de desigualdad, en un país donde cerca de la mitad de los alumnos de 15 años no alcanza competencias básicas en ciencias, lectura o matemáticas

Por: Agencia AFP 15 julio, 2016
 Con multitudinarias marchas, los maestros se oponen a la nueva ley educativa, por considerar que las evaluaciones que estipula no toman en cuenta las especificidades de zonas indígenas y rurales.
Con multitudinarias marchas, los maestros se oponen a la nueva ley educativa, por considerar que las evaluaciones que estipula no toman en cuenta las especificidades de zonas indígenas y rurales.

Oaxaca de Juárez, México.- La maestra escribe en el pizarrón fracciones matemáticas mientras los muros de lámina del salón de clases se cimbran al soplar el viento. Con sus lápices astillados, los alumnos de esta humilde primaria toman nota, esperando convertirse en los futuros intelectuales, doctores y futbolistas de México.

Sin sanitarios, patio pavimentado, agua potable o computadoras, la escuela pública Adolfo López Mateos acoge a 114 alumnos de distintas etnias indígenas de Oaxaca.

Felipa, que a sus diez años cursa el cuarto grado, camina cotidianamente durante una hora por empinados senderos de lodo, con la mochila al hombro y el estómago vacío, para llegar a esta primaria ubicada en la comunidad de Zaachila, a las afueras de Oaxaca capital.

En esta región, miles de maestros se oponen virulentamente a la reforma educativa promulgada en 2013 que, según el presidente Enrique Peña Nieto, busca disminuir la profunda brecha de desigualdad, en un país donde cerca de la mitad de los alumnos de 15 años no alcanza competencias básicas en ciencias, lectura o matemáticas, según un informe de 2012 de la OCDE.

Cuando sus maestros no están en marchas y protestas, Felipa recoge sus cabellos negros en una coleta, se pone su camisa blanca y sus zapatitos negros para ir a la escuela, ubicada frente a un gigantesco vertedero de basura.

"Sí me gusta estudiar. Quiero escribir muchas cosas para ser maestra. O mejor pintora", dice a la AFP esta tímida niña de ojos rasgados, mientras garabatea en su cuaderno.

Felipa, cuya familia subsiste gracias al empleo de su madre como lavandera de ropa, piensa que su escuela "sí es bonita" aunque sólo cuente con dos aulas de concreto -las otras cuatro son de lámina- y tenga, en vez de sanitarios, dos letrinas cavadas en la tierra a las que de cuando en cuando se les vierte cal para disimular el hedor.

Con multitudinarias marchas, los maestros se oponen a la nueva ley educativa, por considerar que las evaluaciones que estipula no toman en cuenta las especificidades de zonas indígenas y rurales.

El 11% de las escuelas mexicanas no tiene baños, una porcentaje que alcanza el 30% en el estado de Oaxaca y sus vecinos Chiapas y Guerrero, según el ministerio de Educación.

Mariela Bautista, una dinámica joven de 28 años, hace las veces de maestra y directora de la primaria de Felipa.

Ante la indiferencia del Estado, debe cobrar a los padres de familia una cuota -para muchos impagable- de 150 pesos anuales para pagar la luz eléctrica, impresiones de los exámenes o marcadores para el pizarrón. Cuando no recolecta lo suficiente, saca de su bolsillo.

También debe pedir a las madres que hagan el aseo de la escuela y preparen los desayunos que, por cinco pesos, son servidos a los niños.

"No estoy trabajando dignamente porque no tengo las condiciones que debo tener. Pero aun así, estoy con la frente en alto y quiero sacar mi trabajo. Amo a mis niños, amo mi carrera, y el gobierno no puede venir a pisotearnos más", dice Bautista, que se rehúsa a presentar los exámenes gubernamentales.

"La teoría de esos exámenes no se puede pasar a la práctica que nosotros tenemos. Los pedagogos hablan de una conexión entre padres de familia, niños, maestros y sociedad. Y aquí toda la responsabilidad es de nosotros", argumenta, al explicar que la mayoría de los padres no tienen recursos para vestir y alimentar a sus hijos, y que no pueden ayudarlos con las tareas por ser analfabetas.

Además, los nuevos libros de texto remiten constantemente a sitios internet, algo incompatible en una escuela donde el Estado no paga la electricidad y no hay una sola computadora, subraya.

Desde hace meses, los maestros disidentes encabezan marchas y bloqueos carreteros, que se recrudecieron a raíz del reciente encarcelamiento de algunos líderes y alcanzaron un punto álgido el 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca, con un confuso enfrentamiento con policías que dejó ocho muertos.

La polémica reforma impulsa el proyecto "Escuelas al 100", que presume ser la mayor inversión en infraestructura educativa, con unos 2,7 millones de dólares.

Ilusionada, Bautista pidió aulas de concreto para su escuela, pero desistió cuando supo que el gobierno las cobraría.

"Nos piden una hipoteca que los papás van a tener que pagar", explicó, al asegurar que pensará "dos veces" antes de pedir al gobierno que mejore las condiciones de sus enclenques aulas.

"Cuando el viento sopla, trae mareas de un aire fétido por el basurero de enfrente; en invierno, las manos nos tiemblan en los salones de lámina y no podemos ni escribir; en verano se siente el bochorno horrible y en época de lluvia se inundan de lodo", relata.

En el patio, Felipa enfunda de nuevo su mochila antes de iniciar la caminata de regreso a casa.

"Hoy aprendí las fases de la Luna. Ahora voy a ayudar a mi mamá", dice sonriente, mientras se aleja arrastrando sus zapatitos negros sobre el lodo.

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