| Archivo | Indicadores | Domingo 14 de julio, 2002 | Escríbanos |
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El poder de las cartas Pedro Oller y Diego SotoOller Abogados Aspectos legales del caso Hewlett Packard y Compaq Cuando Carly Fiorina, la oficial ejecutiva en jefe de Hewlett-Packard (HP), inició el tortuoso proceso de fusión de su compañía con Compaq, una adquisición que le costaría a la empresa más de US$22.000 millones, jamás imaginó que los principales obstáculos para el negocio vendrían de sus propias filas y no de la acera de enfrente. El negocio, que crea una de las empresas más grandes del mundo en tecnología de información y le permite a HP competir tête-à-tête con IBM en el sugerente mercado de servicios, es uno de los ejercicios recientes más interesantes en materia de gobierno corporativo. La parte legal, la que nos ocupa, data del 31 de agosto del 2001. En esta fecha, uno de los abogados más influyentes de Silicon Valley, Larry Sonsini, de Wilson, Sonsini, Goodrich & Rosati, explicó los términos y condiciones de la posible fusión con Compaq a directores de HP. Allí, Walter Hewlett (como en Hewlett-Packard) asegura que fue embaucado para votar por la fusión ya que Sonsini le habría asegurado que se requería unanimidad y que él, Hewlett, tendría injerencia sobre la administración a fin de que las condiciones particulares que le preocupaban fueran renegociadas previamente a la ejecución del contrato. Sin embargo, cuando el negocio se hizo público, Hewlett decidió asesorarse e iniciar una sangrienta batalla legal en la que no se escatimó ningún esfuerzo a fin de traerse abajo la misma fusión que había sido aprobada unánimemente por la Junta Directiva a la que pertenecía. Más aún, el cuadro se complicaba en cuanto Hewlett fungía además como director de dos fundaciones de su familia, que representan un 9,3% del capital social de HP. Por eso ?seguramente? decidió esperarse hasta el 6 de noviembre para informar a Fiorina, desde las oficinas de sus abogados, de la decisión que tanto él como la Fundación Hewlett (dueña de un 5,6% de las acciones de HP) habían tomado de oponerse públicamente a la fusión, algo que cumplió solo 30 minutos después de colgar el teléfono al enviar un comunicado de prensa a los principales periódicos de Estados Unidos. Hewlett había escogido para la guerra al bufete Cooley Godward de Silicon Valley y, como general de su ejército legal, al no menos influyente Stephen Neal, distinguido abogado litigante. Su estrategia era simple: lograr que en la Asamblea de Accionistas convocada para ratificar la compra de Compaq, los socios de HP respaldaran la posición de Hewlett de que la transacción era un pésimo negocio. El cómo Sin lugar a dudas, el cómo es la piedra angular de este análisis pues recae en una figura muy conocida en nuestro medio: las cartas poder. Al igual que en el seno de la asamblea de un club social, que constituye el medio más similar al de una gran compañía pública, los intereses sociales se polarizan en función del poder de convocatoria y concentración logrado por los diferentes grupos. La carta poder en nuestro medio, o proxy en inglés, carece de relevancia para un medio cargado de sociedades anónimas cuyos intereses son únicos, cuyas acciones están en las mismas manos y las contingencias o divergencias en cuanto al rumbo social se reservan al mínimo. En la medida en que las sociedades inicien un proceso de apertura y dejen su virtud monolítica, generalmente patriarcal que encierra un esquema legal y de negocios familiar y de pulpería, las cartas poder lograrán capitalizar valor y vigencia. Porque, cuando los intereses son plurales y no solo responden a la visión de uno, el congregar poder y así imponer criterios en el seno de una asamblea de accionistas resulta uno de los ejercicios más válidos dentro del gobierno social. Este es un tema que deberían haber previsto las sociedades inscritas en Bolsa, las sociedades que, si bien no son públicas, han abierto su capital más allá del socio único y las leyes e instituciones (léase Sugeval) que las regulan. Se hace necesario abogar por un régimen menos formalista para nuestras sociedades anónimas que fomente su desarrollo comercial. A modo de ejemplo, la Securities Exchange Comission prevé, en cuanto al tema, las siguientes condiciones:
El final de la historia de HP no es bueno para Walter Hewlett, por el momento. Si bien la Asamblea decidió aprobar la adquisición de Compaq, la batalla legal continuó en los tribunales de Delaware (donde la empresa está domiciliada). Hewlett sostuvo que la votación fue fraudulenta porque los ejecutivos de la compañía influyeron indebidamente en los accionistas, mediante información falseada y presión. El juez no compartió su opinión y, el pasado 1.° de mayo concluyó una sentencia en que desacredita las pruebas presentadas por Hewlett y ratifica la adquisición de Compaq y su consecuente fusión con HP.
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