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Un presidente entre brasas

Rodolfo González Ulloa
El Financiero

Guerra fría marcó administración Monge

Luis Alberto Monge ÁlvarezMonge Álvarez proclamó la neutralidad perpetua de nuestro país ante los conflictos bélicos internacionales.

Si se tratara de una película, un guionista de cine lo definiría como un punto de giro o cambio de dirección en la historia. A partir de la administración de Luis Alberto Monge Alvarez, Costa Rica transformó el modelo económico y consolidó el bipartidismo, dos hilos conductores que entretejen la trama del acontecer nacional en los últimos 20 años.

Digno del cine son también los acontecimientos que vivió dicho gobierno: guerra fría, presión del gobierno de Estados Unidos por utilizar el territorio costarricense para atacar militarmente al gobierno sandinista de Nicaragua, incursión de la guerrilla ?la contra? antisandinista en el país, denuncias de aeropuertos militares clandestinos en Guanacaste.

Además, expulsión de diplomáticos en Nicaragua y Costa Rica, la visita del Papa Juan Pablo II y del presidente estadounidense Ronald Reagan, ayuda económica abundante de Washington para el gobierno costarricense ?donaciones de US$175 millones al año, con un incremento de US$232,1 en 1985?, un atentado terrorista cuyas principales víctimas fueron periodistas, una polémica proclama de neutralidad perpetua y hasta un escándalo de corrupción en la administración pública: el millonario desfalco del Fondo Nacional de Emergencias.

En medio de ese contexto, la administración Monge implementó el primer Plan de Ajuste Estructural (PAE) y fortaleció la promoción de exportaciones. Estas dos medidas, entre otras, abrieron una senda económica para transitar luego hacia la apertura comercial.

Sin embargo, en 1982, lejos estaba la administración de diseñar un plan de largo plazo que previera todos sus resultados. El economista y expresidente del Banco Central, Eduardo Lizano, en su libro Ajuste y Crecimiento de la Economía de Costa Rica, reconoce que se actuaba sin pausas, pues la crisis económica requería medidas urgentes. ?Había que reestablecer cuanto antes la estabilidad macroeconómica, detener la inflación, controlar la devaluación, disminuir el déficit fiscal, paliar los efectos sociales de la crisis y reestablecer las relaciones financieras internacionales?, dice Lizano.

Ajuste y costo social

En mayo de 1982, el economista Claudio González Vega publicó en La Nación un artículo titulado ?El costo social de la crisis?, donde advertía que la inflación y el desempleo se incrementarían si no se tomaban medidas urgentes. (En 1981 la inflación era de 65,04% y se incrementó a 81,65% en 1982. La tasa de desempleo abierto era de 8,8 en 1981 y subió a 9,4 en 1982.) Por medidas urgentes González entendía una drástica reducción del tamaño del sector público que permitiera canalizar recursos al sector privado para reactivar la producción y generar empleos.

Para González, la administración Carazo Odio (1978-1982) había agudizado la crisis al negarse a tomar esta medida, en una época en la que era más que evidente el desgaste del modelo de sustitución de importaciones, la pérdida del poder de compra de las exportaciones locales y el colapso del Mercado Común Centroamericano.

?La elección no es entre tener costos sociales y no tenerlos, la elección es entre permitir el ajuste estructural y la estabilización financiera con costos sociales menores o hacer demasiado poco o no hacer nada y prolongar la crisis para poner a prueba nuestro sistema político?, decía González.

Pacto político

En medio de tales condiciones, Luis Alberto Monge contó con dos ventajas políticas que le permitieron maniobrar con mayor libertad que su atencesor. La primera, la abrumadora mayoría en el Congreso: tenía 38 diputados liberacionistas. La segunda ventaja fue contar con una relación favorable con el líder de la oposición, Rafael Angel Calderón Fournier.

Según el politólogo Alberto Salom, Monge facilitó a Calderón las reformas electorales que le permitieron consolidar a la Unidad Social Cristiana como partido político y ya no como coalición. A cambio, la fracción de Calderón apoyó las medidas de reactivación propuestas por el gobierno. A partir de ese momento el bipartidismo se consolidó en Costa Rica.

Lecciones de la historia

Para el historiador Iván Molina el giro que toma Costa Rica a partir del gobierno de Monge se asemeja al ocurrido a mediados del siglo XIX con la introducción del café en la economía nacional.

?Por primera vez en 150 años, el país deja de depender de café y el banano para diversificarse paulatinamente hacia los productos no tradicionales, el turismo y la alta tecnología?, señaló Molina.

Sin embargo, añade que el período corresponde a una ?época tenebrosa? en el gobierno de Costa Rica, por la influencia de agentes externos en la seguridad nacional. A pesar de esto, reconoce que el gobierno de Monge pudo superar la presión de militarizar el país por medio de la proclama de neutralidad.

Al consultarle sobre la contradicción entre dicha proclama y las denuncias de operaciones clandestinas de ?La Contra? en Costa Rica, Molina respondió que el gobierno se debatía entre la presión costarricense popular y las solicitudes estadounidenses, así como por las tensiones que se vivían en la frontera norte? tráfico de armas, drogas, establecimiento de campamentos y pistas que años después aprovechó el narcotráfico internacional para utilizar a Costa Rica como puente para sus negocios.

A pesar de las contradicciones, y un desfalco en el que se vieron implicados algunos funcionarios de gobierno, al dejar la Presidencia, Luis Alberto Monge mantuvo un importante capital político y simpatías en la población. El expresidente las atribuye a que la gente entendió que él no tenía nada que ver con los desfalcos, pero el sociólogo Francisco Escobar lo atribuye a que la población percibió a Monge como un salvador, que en medio de la crisis, tenía que tomar medidas impopulares.

De todo este período, Luis Alberto Monge rescata una lección aplicable al presente: No hay otra forma de gobernar que no sea la de establecer planos de coincidencia entre partidos y sectores.

?Este es un ejercicio que permite mantener la competencia ideológica, programática y electoral entre los partidos sin dejar de enfrentar los problemas internos y externos.

?Ahora ningún partido recibe un mandato sólido, como para poder incrementar por sí solo las medidas necesarias en el campo fiscal, la lucha contra la pobreza, especialmente desde las últimas dos administraciones?, dijo Monge.


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