| Archivo | Indicadores | Domingo 20 de abril, 2003 | Escríbanos |
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Entre Paréntesis | Lo que Pacheco apoyó Carlos Cordero PérezEl Financiero Cuando George Bush regresó de la reunión con Tony Blair y José María Aznar en las islas Azores, le pusieron una película en el avión para que se relajara. Pero no pudo. En el filme la CIA aparecía como la mala de la trama, persiguiendo a un humilde taxista. Bush no entendió la película porque la CIA no aparecía como la ?heroica? institución que es para él. Y es que el presidente de EE.UU. está acostumbrado a ver las cosas en blanco y negro. Esa visión maniquea de Bush es alimentada todos los días desde los ataques del 11 de setiembre del 2001, por sus propios asesores. Cada mañana, apenas desayuna, Bush recibe informes que relatan inminentes ataques terroristas y complots antiestadounidenses por parte de acérrimos enemigos esparcidos por todo el mundo. Esos informes han servido también para justificar las actuales medidas de seguridad que afectan tanto a los pasajeros como a los productos que llegan a EE.UU. El problema es que no podemos esperar mesura entre sus colaboradores. A Cheney, su vicepresidente, le gustan los libros bélicos porque según él la historia es el resultado de las guerras. No es de extrañar. Bush y Cheney vienen del salvaje oeste, donde las cosas se arreglaban a punta de pistola. Por eso tampoco extraña que se vean a sí mismos como salvadores del mundo y hayan emprendido una cruzada guerrera en el ámbito internacional. Sin embargo, ideología y personalidades aparte, las claves concretas de la guerra en Irak se ven ahora que se van distribuyendo y firmando los contratos para empresas de construcción que levantarán las ciudades y carreteras destruidas, así como a las encargadas de reparar los pozos petroleros. Las firmas dominantes son de EE.UU. y de algunas de ellas vienen de Bush y Cheney. Las ?casualidades? son todavía mayores. Las atrocidades de las que se acusa a los militares iraquíes las cometieron en la época que fueron armados y apoyados nada más que por el mismo EE.UU. en la guerra contra Irán. Y en el caso de las atrocidades contra los kurdos por parte de Sadam Hussein, fueron consentidas con tal de que un triunfo sobre el ejército iraquí ?tras la primera guerra del Golfo que también fue por petróleo- no fuera a motivar a otros pueblos cuyos territorios se encuentran segregados entre varios países, como en el caso de los kurdos, que está repartido entre Siria, Turquía e Irak. Cuando el presidente Abel Pacheco apoyó la coalición, no solo cometió el exabrupto de justificar las muertes de niños iraquíes. Apoyó también la forma de pensar y hacer de los actuales gobernantes estadounidenses. |
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