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Ventana Digital |

Desafío cibernético

Edwin Aguilar Sánchez
Consultor Internacional
Edwin Aguilar

Tales son los beneficios de Internet, que se considera un invento de mayor impacto cultural que la imprenta, la radio, el teléfono, la TV o el cine. Especialmente beneficiosa para la educación y la investigación. Pero he aquí, en la formación de la juventud, que Internet nos plantea un desafío a los educadores. Es un gran desafío por su naturaleza, que es la misma de la nueva economía: la fuente del valor está en el conocimiento.

Cuando un profesor deja a sus estudiantes un tema de investigación, se persigue que sea un ejercicio intelectual que alimente sus cerebros de ideas nuevas, y que valiosos conocimientos se alojen en su memoria. Pero si no se toman medidas de evaluación adecuadas, con Internet, un creciente número de ejercicios de investigación se está convirtiendo en una perversa práctica de plagio.

El caso típico es el de un internauta que, con buscador en mouse, provoca una avalancha de información sobre el tema investigado. Selecciona (sin leerlo), baja, traduce automáticamente en línea (si es el caso), formatea, quita nombres y referencias del autor, pone sus datos, imprime bonito, encuaderna, entrega y ¡listo!: la ?investigación? está hecha.

En este modelo, el conocimiento nunca se da, como acto de innovación conceptual, como aprendizaje, pues la información pasa por el cerebro. Todo viene directamente de un servidor en Internet, baja a la memoria de una PC, sigue directo a la impresora y duerme en un fólder o empaste de hojas a todo color. El profesor será, posiblemente, el único cerebro que conozca dicho conocimiento.

Así, con ese modelo se aprende otra cosa, como parte integrante de ese currículum oculto de nuestra enseñanza que, sin querer, transmite esos otros valores.

Esta odiosa práctica está desnaturalizando los ejercicios de investigación escolar, está pervirtiendo el concepto de investigación y está fomentando la comisión impune de plagios. Todo lo cual es tremendamente poco formativo. Debemos combatirlo con fuerza ahora que el problema está empezando, pues formar es fácil, si se compara con lo que cuesta reeducar para eliminar una mala formación.

Este desafío nos exige aprovechar al máximo el valor de Internet como herramienta de educación e investigación. Debemos enseñar a utilizarla en todo su potencial, y para ello debemos evaluar apropiadamente esos trabajos escolares, en todos los niveles. Porque no se trata solo de la escuela primaria y secundaria, sino principalmente de la universitaria.

Una apropiada evaluación implica que los cerebros internautas manifiesten de viva voz o con buena letra, los efectos intelectuales que les dejó el viaje cibernético.


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