| Archivo | Indicadores | Domingo 27 de abril, 2003 | Escríbanos |
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Un nuevo campanazo El FinancieroAtender el problema fiscal no requiere diagnósticos sino sacar del letargo a quienes no acaban de ver la urgencia de resolverlo. La revisión de las perspectivas de la clasificación de riesgo de Costa Rica por parte de Standard & Poor´s debe llamarnos, una vez más, a reflexionar sobre la necesidad imperiosa de adoptar políticas que corrijan nuestra frágil estabilidad económica. Esta compañía clasificadora bajó dichas perspectivas de ?estables? a ?negativas?, aun cuando mantuvo el nivel de riesgo inalterado. El cambio refleja, según argumenta Standard & Poor´s, una mayor vulnerabilidad de la economía costarricense como resultado de la situación fiscal y la mayor exposición del sistema bancario a riesgos cambiarios por su alto nivel de dolarización. Hace apenas un mes, el Fondo Monetario Internacional también nos señalaba estas vulnerabilidades macroeconómicas. Compartimos el criterio de que la estabilidad y el crecimiento de la economía son vulnerables mientras el déficit fiscal sea cercano al 6% como lo fue en el 2002 o incluso al 3,6% estimado para el 2003. Debemos lograr la reducción permanente del déficit para evitar un mayor crecimiento de la deuda pública y presiones hacia arriba en las tasas de interés, así como para lograr reducir la inflación. En esta ocasión, queremos profundizar en la otra condición que señala Standard & Poor´s como factor de vulnerabilidad: la dolarización del sistema bancario y, particularmente, el aumento en la proporción de préstamos en dólares otorgados a deudores que no generan ingresos en esa moneda. Este proceso ha ocurrido, entre otras razones, porque a las personas y a las empresas les resulta mucho más barato endeudarse en dólares que en colones. Las posibles causas de esta situación fueron discutidas en ocasión de un seminario organizado el jueves 10 último por la Asociación Bancaria Costarricense . Algunas de ellas deben llamar nuestra atención. Primera, las tasas de interés en colones que pagan los bancos sobre los depósitos incorporan no sólo la devaluación esperada sino también un premio por el riesgo asociado a la inestabilidad económica. Segundo, la existencia de un margen de intermediación mayor en los préstamos en colones que en los denominados en dólares. Tercero, el alto grado de certeza de parte de los deudores respecto a la política de minidevaluaciones por parte del Banco Central. Una de las preocupaciones en relación con esta situación es la proporción de créditos en dólares otorgados a deudores que no generan ingresos en esa misma moneda. Esta proporción alcanza el 66% el caso de los bancos estatales y un 47% en los bancos privados. Esto refleja, además, que los bancos no están incorporando en sus estimaciones por pérdidas un componente asociado con la eventualidad de que una devaluación fuerte provoque dificultades de pago en este grupo de deudores. Lo anterior revela la necesidad de corregir los factores que inciden en el alto margen de intermediación y revisar la regulación bancaria. Las finanzas públicas aparecen como un área de acción importante para reducir las tasas de interés en colones y, por lo tanto, reducir la preferencia de los deudores por los préstamos en dólares. Por ello, las dos áreas de vulnerabilidad señaladas por Standard & Poor´s se pueden atender en buena medida enfrentando el problema fiscal. Lograr esto ya no requiere diagnósticos; requiere sacar del letargo a quienes no acaban de ver la urgencia de resolverlo. En los últimos meses, la comisión que analiza la reforma fiscal avanza a un paso lento y el tiempo para llegar a los acuerdos necesarios se va agotando. Esperamos que este campanazo no se pierda en el aire sino que inyecte nuevos bríos al proceso de discusión. |
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