| Archivo | Indicadores | Domingo 27 de abril, 2003 | Escríbanos |
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¿Predominantes u omnipotentes? Constantino UrcuyoPAra El Financiero
El resultado de la guerra en Irak ha sido la afirmación de la predominancia norteamericana. Las ambiciones de contrarrestar el poderío norteamericano fueron efímeras. Terminada la discusión en las Naciones Unidas se impuso la abrumadora fuerza de los soldados. Las ambiciones de Rumsfeld y sus muchachos para rediseñar el mapa del Medio Oriente tienen sus límites. El primero es la guerra en sí, todavía está por verse si su fin será fácil o concluirán empantanados en una guerra urbana que haría subir los costos de la decisión. Aunque el resultado militar fuese más favorable que el actual, (guerra corta, bajas reducidas) el costo político será alto. Emprender una guerra contra la opinión de países amigos, a contrapelo de un sector importante de la opinión pública mundial y fuera del marco de las Naciones Unidas , resta legitimidad al accionar internacional de los Estados Unidos en futuros conflictos. El esfuerzo para rehabilitar la imagen internacional de los Estados Unidos tendrá que ser intenso para recuperar posiciones. La reconstrucción de Irak es el otro gran tema que muestra los límites del poder hegemónico. ¿Podrán los norteamericanos emprender esta tarea solos? ¿Es posible mantener una ocupación en un país de veinticuatro millones de habitantes sin sufrir desgaste político militar? ¿Qué pasará con las deudas del Estado iraquí con otros países como Rusia o Francia? ¿Respetará el nuevo gobierno los contratos y deudas de la explotación petrolera? ¿No es todo esto motivo de nuevas fricciones que reducen el margen de maniobra diplomático de los norteamericanos? La brecha abierta en las relaciones transatlánticas será difícil de cerrar, no solo por la animosidad creada entre los actores, sino también por las divisiones internas de los europeos, estimuladas por los Estados Unidos. La fractura entre la vieja y la nueva Europa gravitará algún tiempo, haciendo difícil el restablecimiento de las relaciones anteriores. Desde el punto doméstico, Bush a ha logrado mantener su popularidad y el apoyo de la ciudadanía a la guerra. Lo anterior constituye una fortaleza, pero la persistente debilidad de la economía norteamericana podría afectar la victoria, si la gente termina pensando que lo importante son sus condiciones de vida, como le pasó al primer Bush, luego de la primera guerra del Golfo en 1991. Finalización o continuación de la guerra, divisiones con Europa, pérdida de legitimidad política internacional, continuación de los conflictos en el Medio Oriente, aparición de nuevos conflictos (Corea del Norte o Irán), ponen en evidencia que el predominio norteamericano tiene límites, que predominancia no es sinónimo de omnipotencia. |
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